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Sara Pacheco

“A la orden, a la orden”; “Nestea. Nestea, bien frío”, “Los brackets, los brackets, los brackets”. Entre el bullicio, el pánico y el calor, pasan los minutos lentamente en la calle 24 de Junio del centro de Valencia. Detrás de la estación del metro Lara, salida norte, está el epicentro del caos en la ciudad después ,claro está, de la avenida Sesquicentenaria luego de las seis de la tarde.

Las aguas servidas han creado más huecos. Son depósitos de malos olores. 

Al menos una vez a la semana, las cloacas se desbordan. Quienes descienden de la plaza Bolívar, por el bulevar Constitución, hacia la avenida Lara lo saben. Los pasos se cambian por saltos. Este es el momento donde muchas mujeres lamentan usar sandalias bajas. Quien tenga algún zapato dañado, llevará el resto del día un pedacito de la 24 de junio consigo.

En diciembre, especialmente, esta zona es un deleite para quien disfrute caminar o mejor dicho chocar con demás ciudadanos. La cantidad de vendedores ambulantes hacen que los valencianos rocen constantemente con fraternidad. Para sorpresa de caminantes novatos, ese aspecto ya no es un problema.

Un hombre ofrece brackets y a su vez productos regulados. La pista es, el paquete de papel higiénico debajo de su brazo.

Pese a sanciones, advertencia e incluso presencia policial, los buhoneros siguen ofreciendo tratamientos de ortodoncia y productos regulados. En la salida del metro, un hombre ofrecía “brackets de lujo”. Volteaba su cabeza 180 grados, nervioso, cada minuto. Pero no dejaba de ofrecer el producto. Con un rollo de papel higiénico bajo su brazo, dejaba claro que sus servicios se extienden a la venta de productos regulados. Pese a la actitud, siempre alerta, trabaja sin miedo. Con él, otros hombres vociferan sus servicios por varios puntos de la calle.

En 2014, el presidente Nicolás Maduro anunció el decreto que prohíbe la venta en comercios informales de medicinas y productos de primera necesidad. Las sanciones van desde decomiso de mercancía y venta inmediata a precio justo, hasta la privativa de libertad. Aun los buhoneros ofrecen productos de higiene como desodorantes.

Los huecos reemplazan las alcantarillas.

Pero, sin duda, lo más representativo actualmente de la calle 24 de Junio, es su fuerte hedor. Los problemas con la basura y el aseo urbano han llegado al lugar donde todo se consigue, todo pasa y todo puede esperarse.

Los huecos son pan de cada día. Ya no es sorpresa para nadie que una mañana la calle amanezca sin alguna alcantarilla, total, los desechos cubren las que quedan, “una raya más pa’ un tigre”, comentó una vendedora informal de la zona, quien aseguró que esta zona es invisible en el mapa.

La oscuridad toma  protagonismo al llegar la noche. Los faros no tienen bombillos.  

Los vehículos andan con cuidado por la irregularidad del terreno. Los peatones van alerta de carteristas o ladrones más osados. Los vendedores informales, preparados para la llegada de la autoridad matraquera en la espera de su cuota por dejarlos trabajar. Los trabajadores de comercios esperan la llegada de las cinco de la tarde para huir del desastre de la 24 de Junio.

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