La tragedia de los terremotos en Colinas de Pequiven

En Morón se registró la mayor cantidad de fallecidos por los terremotos, una de ellas fue Isabel Tortoza, quien murió por el desplome de su vivienda
Bajo los escombros de su vivienda falleció Isabel Tortoza (Foto: Dayrí Blanco)

El polvo fue lo primero que vio Luis Hernández. Una nube densa levantándose desde la casa de su compadre, Andrés Carreño, al otro lado de la calle en Colinas de Pequiven, Morón. No lo pensó. Corrió.

"Compadre, compadre", le gritó entre los escombros. Y del fondo llegó una voz. "Compadre, estoy aquí, ayúdeme, estoy bien." Luis le pidió que sacara la mano para ubicarlo. Andrés, como pudo, extendió los dedos entre los fragmentos de pared. Luis empezó a cavar. Llegaron más vecinos. Entre todos abrieron un hueco pequeño, lo justo para sacar a un hombre. Y lo sacaron.

Pero a Isabel Tortoza, la comadre, no pudieron sacarla a tiempo. La platabanda le cayó encima. Cuando llegaron los bomberos y lograron llegar hasta ella, ya no había signos vitales.

"Nunca había pasado algo así. Ni con inundaciones. Nunca, nunca, nunca. Aquí primera vez", dice Luis Hernández de 54 años y toda la vida viviendo en Colinas de Pequiven, con la mirada fija en el espacio donde una maquinaria recogía los escombros.

Sin su esposa y sin casa

Andrés Carreño sobrevivió. Pero su esposa y su vivienda no. Todo lo que tenía quedó bajo los escombros que los vecinos de Colinas de Pequiven removieron durante horas, con las manos primero, luego con maquinaria que llegó con apoyo de voluntarios de Valencia y Barquisimeto, que aparecieron sin que nadie los convocara.

"De funcionarios o gobierno nadie nos ha ayudado, solo voluntarios", señaló Luis, sin amargura especial, solo nombrando lo que vio y lo que no vio en los días que siguieron al terremoto.

Voluntarios retiraron los escombros de la vivienda donde falleció Isabel Tortoza (Foto: Dayrí Blanco)

"Me dijeron que desaloje. ¿Y para dónde voy?"

A pocos metros de donde Luis cuenta su historia, Gisela Márquez está desarmando su casa. Puertas, marcos, lo que se puede salvar. Tiene 67 años y desde 1983 vive en Morón, aunque nació en Caracas. "No soy morense, soy caraqueña, pero me duele este pueblo".

La historia de Gisela con el terremoto empezó antes de que llegara el temblor. Su perra ladraba y ladraba sin parar, con esa inquietud que los animales sienten antes que los humanos. Gisela salió al porche a ver qué pasaba. En ese momento llegó el ruido, y con el ruido, el movimiento. Caminó del porche hasta el portón. "Para mí fue una eternidad", dijo. "Una cosa es verlo en televisión y otra cosa es vivirlo."

Cuando el primer temblor pasó, la casa seguía en pie. Cuando llegó el segundo, la parte donde vivía su hijo menor con su esposa colapsó. Arriba vivía su hija con su nieta menor. Abajo era el espacio de Gisela. Todo en esa propiedad era un legado de 30 años, construido bloque a bloque para dejarle algo a los hijos. Entre los escombros quedó también el carro de su esposo, que murió hace un año. "Ese era el legado que mi esposo me dejó, estaba ahí guardado, y ahí quedó."

El vehículo del esposo de Gisela Márquez quedó entre los escombros (Foto: Dayrí Blanco)

Los bomberos le dijeron que debe desalojar. Que la estructura está en riesgo. Gisela los escuchó. Y después preguntó lo único que importa: "¿Y a dónde voy?"

Durmiendo en el porche porque no hay otro lugar

Nadie le ha respondido esa pregunta. Así que Gisela sigue en su casa, o en lo que quedó de ella. En las noches, limpia el porche, coloca los colchones y allí duerme con sus hijos, sus nietos y sus perros. No porque no entienda el peligro. Sino porque el peligro de quedarse sin techo también existe, y ese nadie lo está resolviendo.

"Es fácil que te digan tienes que irte, no puedes dormir en tu casa. Uno se queda mirando y dice: ¿y a dónde voy? ¿Para dónde voy con mis hijos, para dónde voy con mis perritos?".

Lo que más le pesa no es el miedo sino la edad. "Empezar de nuevo no es fácil", admitió. Pero enseguida agregó algo que suena a decisión tomada, no a consuelo vacío: "Voy a sacar de toda esa tierra, de toda esa ceniza, lo bueno para seguir luchando. Voy a construir otra vez."

Así quedó parte de la vivienda de Gisela Márquez (Foto: Dayrí Blanco)

La solidaridad de los venezolanos que llegaron a Morón, dijo, la ha sostenido. "Venezolanos bellos, hermosos que han venido y nos han traído muchas bendiciones. Nos han dado abrazos, nos han dado besos. El amor es lo que nos va a quitar todos estos recuerdos."

En Colinas de Pequiven, mientras Luis recuerda la mano de su compadre asomándose entre los escombros y Gisela desinstala puertas de lo que fue su casa, los voluntarios siguen llegando y el gobierno sigue sin aparecer. Y los terremotos, técnicamente, ya pasaron. Pero en estas calles de Morón, todavía no.

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Bajo los escombros de su vivienda falleció Isabel Tortoza (Foto: Dayrí Blanco)
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