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“Muralla de hombres armados, vehículos aterradores toscos y poderosos que escupen gases con o sin pimienta, agua a presión, perdigones que matan……… Que débiles son, sutiles como un pétalo, blandos como la niebla, inocuos como la brisa o silentes como la obscuridad”

La muralla de acrílico avanza, la imponencia de la formación impresiona y el ruido de las botas retumba en el ambiente. A la distancia un arcoíris de colores se agita de un lado al otro, cantos y consignas se oponen al retumbar de las botas, el orgullo y coraje de defensores de la libertad enfrentan al muro transparente que deja ver a guerreros que nunca han guerreado, pero que enfrentan ideas con la fortaleza que las armas representan y quienes trajeados como en cualquier película de ciencia-ficción, enfrentan a sus compatriotas y parecieran decir: aquí viene el “coco”

Pero a ¿A quién defienden los soldados, hermanos de la patria? A sus “altos jefes” que nadan en privilegios y fortunas producto de la corrupción, encumbrados allí precisamente para defender sin principios, a los dueños del poder. Los corrompieron y los convirtieron en lacayos obedientes. Ellos sí disfrutan de los más altos privilegios y riquezas, mientras que el humilde soldado que enfrenta al ejército arco iris, solo carga el peso de sus atuendos, armas y bombas, le llenan su mente con odio, resentimiento y miedo a ser reprendidos y castigados, pero. ¿Quién es el delincuente? ¿Los que han estafado al país o el que porta una bandera, él que tiene estampada la cara de un preso emblemático en su pecho o porta una gorra tricolor, ambos símbolos de libertad? O son los que se robaron y estafaron las arcas nacionales, expropiaron y destruyeron la producción nacional, lesionaron los principios morales de una sociedad que ahora se debate entre inseguridad y pobreza extrema

“Nuestra esperanza se cambió al grito, al puño en alto, a la bandera elevada por encima de nuestras cabezas y al paso sostenido que va no solo a enfrentar y sobrepasar la barrera de acrílico, terror y gases intoxicantes, sino a la construcción de un nuevo país, a una mejor Venezuela”

Murallón de hombres armados, vehículos aterradores toscos y poderosos que escupen gases con o sin pimienta, agua a presión, perdigones que matan……… Que débiles son, sutiles como un pétalo, blandos como la niebla, inocuos como la brisa o silentes como la obscuridad. Así son las aparentes fortalezas de los que empuñan un arma ante las ideas y principios morales de una sociedad que gime, sufre y lucha por estar convencida de su verdad, que es la verdad de todos los humanos que simplemente claman por su dignidad, la cual no será pisoteada con una bota o acallada con un cañón

Nuestra esperanza se cambió al grito, al puño en alto, a la bandera elevada por encima de nuestras cabezas y al paso sostenido que va no solo a enfrentar y sobrepasar la barrera de acrílico, terror y gases intoxicantes, sino a la construcción de un nuevo país, a una mejor Venezuela, y sobre todo a honrar a nuestros hermanos que han sido asesinados en las calles por una fuerzas militares que hoy defienden al egoísmo, cobijan a colectivos armados y desalmados, que parecen obedecer directrices del nuevo imperio cubano. Hermanos militares, no se olviden que nacimos en la misma tierra y moriremos en ella.

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