Cami - Clorotipia - Luis Cabrera, 2021

Por: Luis Cabrera / @salteveneno

La actividad cultural está viviendo un buen momento después de un letargo impuesto por la pandemia. La agenda semanal está compuesta por conversatorios, exposiciones, tertulias, concursos, enmarcados en la hermosa diversidad de las disciplinas artísticas.

Son múltiples las iniciativas individuales o colectivas en impulsar este tipo de actividades, incluso superando la oferta institucional. Fenómeno estupendo, además de interesante. El ciudadano se ha convertido en un agente cada vez más activo: propone, organiza, agenda y realiza actividades culturales en su área de aporte.

Desde la demanda, la asistencia a estas convocatorias cumple con las expectativas. Hay un público sediento de contacto con las artes plásticas, de las discusiones sobre la historia de la ciudad, y de interactuar con los artistas.

Cada exposición nos permite tener una perspectiva del contexto en el que nos encontramos. El artista y su obra, de uno u otro modo se ven permeados por el contexto en el que se desenvuelven. Desde la temática hasta los materiales que utilizó a lo largo del proceso.

El investigador y curador de arte Félix Suazo, en un artículo escrito para el portal Arte al Día Internacional comparte sus reflexiones al respecto señalando lo siguiente:

“No es que las obras “ilustran” la realidad, sino que ellas condensan lo más significativo del acaecer, incluso cuando solo muestran superficies homogéneas, objetos recuperados, espacios vacíos o situaciones inquietantes. En cualquiera de sus manifestaciones posibles —figurativas, abstractas, instalatorias o performáticas— el arte es una suerte de hipervínculo simbólico, conectado al vasto hipertexto de lo real. Solo hay que “leer entre líneas” lo que las obras manifiestan.”

Esa invitación a leer entre líneas las obras, las propuestas, y discursos visuales, es extensiva no sólo a artistas, sino al público en general. Abandonar ese ejercicio desgastado y superficial de ir a ver algo “bonito”, en vez de ir a redescubrir desde la subjetividad lo que nos susurra la obra.

Ese susurro es el recurso que tiene el artista de fijar una posición frente a una situación, de plantear soluciones, de conectar con tu sensibilidad cognitiva y estética, o hacerte saber que algo está pasando y que quizás no te has dado cuenta.

La obra de arte no es un mero objeto decorativo. Suazo, plantea ese fenómeno comunicacional a través de la obra y su discurso: “De cierta manera, la obra de arte es una bitácora sensible del acontecer que no solo toca todo aquello que nos concierne como humanos, sino que también puede cambiar nuestra percepción de lo que sucede.”




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