Empresario de profesión y político por vocación, Nayib Bukele es la esperanza de miles de salvadoreños, quienes confían en que el nuevo presidente sea el remedio a todos los males del país, como la corrupción o la delincuencia, problemas que promete erradicar en los próximos 5 años.

El mandatario, que llega al Gobierno con 37 años, se convierte en el presidente más joven de la nación centroamericana en democracia y durante su mandato pretende llevar al país a la “cuarta revolución industrial”.

Bukele, quien se movió entre la izquierda y la derecha para cumplir su aspiración de llegar al poder, sustituye en el Ejecutivo al excomandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén, el presidente más longevo de la historia reciente salvadoreña y el peor evaluado por la población.

El empresario, con raíces palestinas, coronó su carrera política el 3 de febrero pasado al ganar las elecciones presidenciales en primera vuelta con el 53,1 % de los votos de la mano de la derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), partido que lo acogió cuando estuvo cerca de quedarse sin posibilidades de competir.

Con esta elección, los salvadoreños decidieron poner fin al bipartidismo que mantuvieron en el Gobierno por tres décadas la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que expulsó a Bukele en 2017.

Arena, fundada por el principal señalado de ordenar el asesinato de san Óscar Arnulfo Romero, el mayor Roberto D’Aubuisson, gobernó entre 1989 y 2009, en junio de este último año llegó al poder el FMLN.

Bukele canalizó a su favor el repudió de los salvadoreños contra estos partidos y señaló constantemente desde su cuenta de Twitter, su plataforma predilecta, los casos de corrupción relacionados con sus gobiernos.

Desterrar este mal de la administración pública se convirtió en un punto de honor en su agenda, al grado de prometer la creación de una comisión internacional contra la impunidad.

También se comprometió a reducir homicidios, cuyos índices colocan a El Salvador como uno de los países más violentos de mundo, a cifras no vistas al menos desde que el país tiene registros fiables de las muertes violentas (1999).

Para alcanzar acuerdos que pongan solución a los graves problemas del país, el mandatario tendrá que buscar la gobernabilidad en el Parlamento, donde tiene asegurados tan solo 11 votos -10 de GANA y uno de Cambio Democrático (CD)- de los 84 diputados que conforman el hemiciclo, dominado por Arena, con 37, y FMLN, con 23.

El presidente electo comenzó su camino en la política como alcalde del pequeño municipio de Nuevo Cuscatlán (suroeste).

Su gestión pasó desapercibida y no buscó la reelección, ya que el FMLN lo propuso para la Alcaldía de San Salvador, que logró tras ganar las municipales de 2015 en coalición con el Partido Salvadoreño Progresista (PSP).

Pese a su buena racha política y al aumento de su popularidad, Bukele y los dirigentes del partido izquierdista tenían diferencias que nunca trataron de ocultar, lo que, finalmente, desembocó en octubre de 2017 en su expulsión del FMLN.

Frustradas sus aspiraciones presidenciales con el FMLN, buscó un hueco en el CD para presentarse bajo su bandera, pero el partido fue cancelado tras no alcanzar al menos 50.000 votos válidos en las legislativas de 2015 tras fallo tardío de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Supremo Electoral (TSE).

En el último minuto, Bukele optó por la única posibilidad que le quedaba: tratar de buscar la presidencia de la mano de GANA, partido surgido tras un cisma en Arena por la expulsión del expresidente Elías Antonio Saca, condenado en 2018 a 10 años de cárcel por corrupción.

Bukele, quien en 2016 aseguró que no buscaría la Presidencia del país con los partidos de derecha, dejó de lado su ideología política, según él de izquierda.

El exalcalde, nacido en San Salvador el 24 de julio de 1981, señaló en repetidas ocasiones, antes de alzarse con el triunfo, que si llegaba a la Presidencia gobernaría con independencia de GANA y, hasta la fecha, ningún miembro del partido ha sido colocado en puestos claves del Gobierno.

El 7 de marzo pasado, Bukele tuvo que disculparse con el exportavoz del Gobierno Eugenio Chicas por acusarlo de violar a una menor de edad y pactó el pago de 50.000 dólares para evitar una condena.

Por otra parte, el 28 del marzo fue absuelto del cargo de expresiones de violencia contra la mujer, en un juicio por haber insultado supuestamente a una exsíndico de la Alcaldía de la capital.




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