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La gente está en la calle no sólo por razones políticas, sino por una cuestión de supervivencia: en Venezuela las grandes mayorías nacionales no tienen alimentos, ni medicinas y mueren a mengua en hospitales, por la terrible crisis causada por una política económica equivocada. En consecuencia, cuando hurgamos en la causa del hambre y el desabastecimiento, es cuando se pasa del estadio de la economía al de la política. Se convierte entonces en necesidad perentoria cambiar éste régimen que no rectifica, para que podamos transitar el camino de la solución económica de las carencias del pueblo con un nuevo gobierno que atienda a la lógica y al sentido común.

Ahora, ¿cómo vamos a cambiar al gobierno por la vía electoral, cuando éste quiere impedirlo a todo trance? ¿Será, entonces, por una vía distinta que nos quieren conducir? Sí, estamos ante una disyuntiva que no es fácil dilucidar a menos que tengamos una política coherente que nos alumbre el camino. Muchos, con razón, quieren salir ya, aquí y ahora, de este gobierno no importa cómo. Es comprensible esa actitud, porque todos queremos salir de esta pesadilla cuanto antes, pero no es realista.

Habría que preguntarse: ¿Alguien, en su sano juicio, tiene claro lo que va a acontecer si salimos de este régimen por vías distintas a las constitucionales? Me parece que vale la pena, en este momento del análisis, recordar a Prieto: “las elecciones (ni la política en general) son juegos de dados…”, así que lanzar dados al tapete para ver qué sale, es un riesgo irracional tan grande que no tiene respuesta cierta. Un golpe de estado llevaría al país a una incertidumbre mayor. A menos que alguna señora o señor que lo promueva me garantice, aunque dudo lo pueda hacer, que ella o él sería investido como nuevo Presidente interino. Ah, y que me diga por cuánto tiempo, porque Maduro tiene fecha fija de salida, el que venga…no lo sé.

Es obvio que la aspiración de todo el país se parece a lo que propuso, siendo Presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup para salir de una vez por todas de esta terrible crisis: que el Presidente renuncie, los diputados a la Asamblea Nacional hagan lo propio (aunque tienen solo poco más de un año en unas funciones, para las que fueron electos por cinco años) y se produzca la mega elección que todos estamos esperando para que sea el soberano, a través del voto, quien resuelva esta terrible crisis que nos agobia a todos por igual, excepción hecha de los enchufados del régimen of course.

He visto con preocupación altisonantes declaraciones, de algunas señoras y señores, que califican como “traición a la patria” hablar de elecciones. ¿No será eso, precisamente, lo que nos quiere vender el gobierno y sus aliados nacionales e internacionales? Si calara esa conseja en la opinión y pasamos del llamado de elecciones al de la abstención, será música al oído de un gobierno acorralado por la gente en la calle y una traición a una OEA, en camino de aplicar la Carta Democrática a un gobierno forajido que se niega a realizar esas elecciones.

Luego del glamoroso triunfo de las parlamentarias solo debemos seguir acumulando fuerzas para ganar las gobernaciones y Alcaldías que podamos, pues es continuar un camino de crecimiento y de victorias. ¿Le haremos el grandísimo favor al gobierno de no participar en elecciones regionales para entregar todas esas gobernaciones a quienes las tienen perdidas? Abstenernos sería el colmo de la estupidez.

Abstención o golpe, sin saber con quién y para qué, sería en definitiva lanzar dados después del cubileteo de jugadores no diestros sino novatos, lo que sería evidentemente peor que la advertencia de Prieto. Un avezado político del siglo XX venezolano, Alirio Ugarte Pelayo, dijo una vez que “la política es el arte de luchar por obtener lo justo posible y no lo utópico conveniente” y tenía toda la razón.

Así que señores jugadores novatos de la política: con AD no cuenten para el azar, porque nosotros luchamos por conseguir para nuestro pueblo lo justo posible, pues no cubileteamos con dados en el tapete de utópicas conveniencias. Desde el gobierno, por cierto, también deberían reflexionar sobre ese cubileteo de cerrar los caminos democráticos, pues jugar a esa aventura es abrirle la puerta a la anarquía y, en ese supuesto, ellos llevarían la peor parte. Pescuezo no retoña.

aecarrib@gmail.com

@EcarriB

 

 




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