Existen muchas creencias respecto a este mal conocido también con el nombre de erisipela. La culebrilla se manifiesta como una erupción en la piel que se va extendiendo por el cuerpo. Es un herpes provocado por un virus. Hay quien dice que se le llama culebrilla porque es una sucesión lineal de ampollas de agua que se van extendiendo en forma serpenteante sobre la piel, acompañadas de dolor y fiebre.
Hay muchas maneras de tratar este mal, entre ellas aplicar sobre la afección el jugo extraído de las hojas de una planta llamada hierba mora, mezclado con sal. Existen personas que aseguran curar la culebrilla por medio de una oración y escribiendo en la piel con tinta los nombres de la sagrada familia junto a los cuales colocan una cruz. La operación es repetida al reverso del cuerpo, luego se reza un Credo, un Padre Nuestro y un Ave María. El procedimiento se repite tres veces al día durante tres días. Otro de los procedimientos curativos contra este mal consiste en golpear ligera y sucesivamente con hierba mora las partes en las que se manifiesta la afección.
Para la curación de la culebrilla hay quienes emplean un emplaste elaborado con aceite de coco, hierba mora y vinagre, estos ingredientes se licuan y se aplican sobre la zona afectada cubriéndolo con hojas de hierba mora durante una o dos horas, tras ello se retira el emplaste y se deja secar la piel antes de entrar en contacto con la ropa.
En la avenida 2 con callejón 1 de la localidad de Villa Bruzual en el municipio Turén, Bonifacio Pérez ha tratado a numerosos pacientes que padecen de culebrilla desde 1945. El procedimiento que realiza consiste en escribir un conjuro sobre hojas de la planta conocida localmente como yocoyoco, que es la misma de hierba mora, empleando para ello tinta y una pluma de ave. Con esta práctica desaparece el mal. Otra persona que también emplea este procedimiento es Héctor Florencio Alejos, quien vive en el caserío Las Marías Norte, perteneciente a la parroquia Canelones del municipio Turén. Practica la sanación del mal de la culebrilla desde los 16 años de edad, empleando hojas de yocoyoco, plumas de gallina y una oración. Procedimiento que realiza durante tres días consecutivos.
Emma Segovia, nacida el 14 de agosto de 1931 en Píritu, municipio Esteller, aprendió a curar la culebrilla en 1963 cuando trató de curar a su compadre que estaba padeciendo de ardor y fiebre a causa de la erupción a la altura de la cintura. Pensando en cómo ayudar a su compadre le dio un machetazo a un palo y rezó una oración, consiguió siete frutos de yocoyoco del que extrajo sus jugos en infusión y se lo dio a beber. Desde entonces ha sanado a numerosas personas como rezandera de culebrilla, como ella misma se define. En cada oportunidad realiza el mismo procedimiento.
Existen además otros procedimientos que tienen que ver con rezar la culebrilla, por ejemplo, frotar tres veces consecutivas el dorso de un sapo vivo contra la parte afectada del cuerpo al tiempo que se reza varias oraciones dedicadas a los santos San Pablo y San Cipriano y se realiza los siete ensalmes de la santísima Trinidad.
De acuerdo con los registro publicados en el Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano, Región Centro Occidental: PO. 03-12-14. Municipios Esteller, Santa Rosalía y Turén, estado Portuguesa, 2011, Culebrilla o erisipela, está declarada Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-05-2005. Redefinida en la categoría y subcategoría patrimonial, mediante el Sistema RPC-Venezuela, según Providencia Administrativa N° 025/13 del 02-08- 2013, publicada en la Gaceta Oficial N° 40.230 del 16-08-2013.
¡Preservemos y salvaguardemos la práctica y curación de la culebrilla o erisipela: Patrimonio Cultural de Venezuela!




