Siempre ejercí mi derecho al sufragio. Mi primer voto lo deposité hace 30 años, en 1988, en las elecciones presidenciales que dieron ganador a Carlos Andrés Pérez.  Debo decir que fue emocionante acudir por primera vez al centro electoral y participar en unos comicios verdaderamente democráticos, donde no solamente se podía votar, sino lo más importante: se podía elegir con absoluta libertad.

Como demócrata a carta cabal, participé en los comicios que se llevaron a cabo cada cinco años, como lo establecía la constitución. Participé en los comicios de 1993 y luego en 1998 (hice campaña contra Hugo Chávez). En el año 2000 no acudí a las urnas de votación porque no estuve de acuerdo con la candidatura de Francisco Javier Arias Cárdenas. Siempre creí y así lo hice saber a través de declaraciones públicas y participaciones en programas de radio y televisión, que Arias Cárdenas era un lobo disfrazado de oveja, una quinta columna infiltrado por Hugo Chávez en las filas de la oposición y así quedó demostrado con el transcurrir de los años.

La primera vez que me abstuve de votar fue precisamente en el año 2000 y no me arrepiento de haberlo hecho. Todo lo contrario: estoy orgulloso de no haber dado mi apoyo a un farsante como Arias Cárdenas. Esa es la verdadera fuerza del voto. Uno vota por quién le da la gana. No se puede votar por cualquier hijo de su madre. Votar por cualquier pendejo es un error que se paga muy caro. Yo siempre he preferido elegir antes que votar.

Luego participé en la campaña electoral de 2006. Después en 2012. Y posteriormente en diciembre de 2015, cuando elegí, junto con decenas de miles de tachirenses, a los valientes y aguerridos  diputados que representan al Táchira en la Asamblea Nacional. Lástima que la AN no hizo lo que tenía que hacer en 2016. Es una pena que la AN haya desperdiciado el caudal de votos, la confianza y el mandato que le dieron los venezolanos para sacar a Maduro en 2016.

Es bueno recordar aquí que en 2005 nos quedamos con las ganas de participar en las elecciones porque los partidos políticos de oposición acordaron no acudir a las parlamentarias (el peor error cometido por las fuerzas opositoras venezolanas). Y en 2010 no pude ejercer mi derecho al sufragio porque Tibisay Lucena y María Iris Varela Rangel se pusieron de acuerdo para meterme en la cárcel, inhabilitarme políticamente, e impedirme no solamente participar como candidato unitario a la Asamblea Nacional por el circuito de San Cristóbal, sino también ejercer mi derecho como elector.

El 30 de julio de 2017 decidí no convalidar el mega fraude de las supuestas elecciones para la ilegal Asamblea Nacional Constituyente. En octubre de 2017 no convalidé el fraude cometido con las elecciones de gobernadores. Tampoco convalidé el fraude de las elecciones de alcaldes en diciembre de ese mismo año. Y ahora, este 20 de mayo de 2018, no voy a convalidar el mega fraude de los tramposos e ilegales comicios organizados por las reptoras del CNE y convocado por la ANC para perpetuar a Nicolás Maduro en el poder.

¿Por qué no voy a participar en el proceso ilegal y fraudulento del 20M? Por la sencilla razón de que el 20 de mayo no hay elecciones. Lo que hay es un circo, un show, un sainete, una pésima obra de teatro, una farsa, un montaje, una trampa, un crimen, un delito, organizado por el propio gobierno, y convalidado por dos o tres candidatos que no representan el verdadero sentir del país nacional, del cual no me haré cómplice.

Quien esto escribe, no sólo quiere votar, también quiere elegir. Y desde mi modesta óptica de ciudadano, común y corriente, el 20 de mayo de 2018 no hay ninguna posibilidad de elegir. Elegir significa escoger, seleccionar, y ambas cosas no se pueden hacer si uno no tiene libertad. En dictadura no hay libertad para elegir. En las tiranías no hay posibilidad para escoger. Elegir, en todo el sentido de la palabra, sólo es posible en democracia.

En las dictaduras se vota. En las democracias se elige. En Cuba se vota, pero no se elige. En Nicaragua se vota, pero no se elige. En Rusia se vota, pero no se elige.  En la Venezuela socialista, anti imperialista y bolivariana, se vota, pero no se elige. Si en Venezuela se pudiera elegir usted tendría la posibilidad de dar su voto por Henrique Capriles, Leopoldo López, María Corina Machado, Antonio Ledezma o Lorenzo Mendoza. Esa posibilidad no existe porque la dictadura nos la robó.

La dictadura quiere que usted vote, pero no quiere que usted elija. Quienes decidan convalidar el fraude y el crímen  que se cometerá en este país el venidero 20 de mayo de 2018, han de saber que ese día, estarán votando, pero no estarán eligiendo. Todo ha sido preparado, organizado y orquestado para que Nicolás Maduro continué siendo Presidente de la República. Es una mala película cuyo final ya sabemos.

Todos los candidatos que participarán en el circo del 20M tienen plena conciencia de lo que va a ocurrir ese día. Aquí no hay inocentes. La dictadura les propuso un plan ganar/ganar y ellos decidieron poner sus nombres y prestarse para lavar la cara del tirano. El plan de Maduro es muy simple: el CNE lo proclamará ganador con más de 10 millones de votos, una cifra que nunca jamás logró conseguir el padre de la revolución, Hugo Chávez. Pero como la meta de Maduro es enterrar a Chávez y todo lo que el chavismo representa, desde el 21 de mayo, el ex chofer del Metro de Caracas le dirá al país y al mundo que él es más arrecho que Chávez, más líder que Chávez, y que la mayor demostración de eso es que sacó muchos más votos que Chávez.

Henry Falcón perderá las elecciones el domingo. Al final cumplirá con el libreto: reconocerá el triunfo de Maduro y asegurará, como lo hizo el año pasado cuando perdió las elecciones para la gobernación de Lara, que en Venezuela hay un sistema electoral perfecto y que Maduro ganó en buena lid. El CNE otorgará a Falcón probablemente más votos que los que obtuvo Capriles en 2013, para que Falcón pueda auto proclamarse líder único de la oposición. Muerta la MUD, la única oposición que reconocerá Maduro será la de Falcón, así que la próxima Mesa de Diálogo contará con personajes designados por Falcón y su partido.

El pastor Javier Bertucci también sabe que va a perder el domingo. Bertucciya ha ganado mucho en esta elección. Pasó de ser un perfecto desconocido, al que sólo seguían los cristianos de Carabobo y sus alrededores, a ser un pastor con proyección nacional. Probablemente la Iglesia Evangélica de Bertucci comience a montar templos en todos y cada uno de los estados de Venezuela, lo cual le proporcionará millonarios ingresos producto del diezmo y otros donativos muy bondadosos que los fieles creyentes depositarán en sus arcas para que el grupo empresarial de Bertucci siga creciendo, no sólo en este país, sino también por toda América Latina.

Tengo mi conciencia tranquila. Sigo creyendo que la salida a la grave crisis que afecta a Venezuela no es electoral. No hay salida electoral con el actual CNE. No hay salida electoral con Tibisay Lucena y las otras reptoras. El domingo 20 de mayo lo que habrá es un nuevo atentado contra la democracia. Quienes quieran ser cómplices del fraude que salgan a votar. Quien esto escribe seguirá peleando, desde su humilde trinchera, para que algún día no muy lejano podamos elegir antes que votar. Lo tengo muy claro: quiero elegir, no quiero votar. Y en dictadura, se vota, pero no se elige.

 

San Cristóbal, 16 de mayo de 2018

 




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