Comencemos por decir, radicalmente, que el fracaso no es lo contrario al éxito; pero la mediocridad humana, en cambio, es evidente que por mucho que lo es.  

Con la mayor fortaleza expresiva, empecemos por decir que sólo los que se atreven y se arriesgan, y tienen fracasos que no se buscan, porque tienen muy claro que no viven para fracasar, terminan potenciando muy grandes éxitos.

Las ventajas se aprenden y se fortalecen en el combate directo, sin evasivas, para derrotar los fracasos. Cuando no tenemos asumidas las ideas del fracaso se puede remontar mejor cualquier inoportuno y desequilibrante fracaso.

¡Nada valioso en la vida nos llegará fácil y sin esfuerzos; ya lo sabemos y así lo entendemos! ¡Eso bien lo saben, sin miedos acumulados, quienes no se aferran con miedos a los histerismos del temor al fracaso!

¡Pero, es abundante en plena calle la amenaza del miedo!

El temor al fracaso aumenta o baja según lo que se piense del fracaso, de nosotros mismos, y de cómo los duros resultados pueden afectarnos. Ejemplo de constancia, confianza y ausencia de temor al fracaso, se ve en el inventor del bombillo eléctrico, Thomas A. Edison, quien después de fallar cientos de veces, en mucho tiempo, con pérdidas, críticas, y hasta burlas, logró el uso eficiente para los focos de iluminación ciudadana.

Edison ignoró las críticas, sin afectarse. Siguió sus intentos, fortalecido porque pensaba que con cada fracaso descubría un menor obstáculo para lograr el éxito. Debemos atender lo que enseñan las lecciones sobre cada fracaso.

El temor por fracasar puede paralizarnos a los niveles más increíbles, pero nunca o muy poco, cuando hablemos sobre el fracaso y lo hagamos con soltura, sin temor y miedo, cuando damos la cara de “quien a quien”.

La parálisis que nos ocasione el fracaso puede llevarnos al temor desgarrador, y desorientarnos sumirnos en la inacción. ¡Que terrible esta situación! En cambio, el rechazo inmediato a caer en inacción eleva nuestra autoestima, y evita encerrarnos en el temor y miedo.

¡No dejemos atraparnos por esos miserables círculos viciosos, envolventes, de ese mal asfixiante que los acobardados llaman señor ‘fracaso’!

El fracaso no es lo contrario al éxito, ya lo hemos dicho; ¡pero la mediocridad sí que lo es y repetimos! El fracaso bien manejado puede ser parte esencial del éxito, como oportunidad para aprender y corregir.

¡Las únicas personas que no fracasan son, por supuesto, aquellos que nada hacen; que ni siquiera por flojera intentan no hacer! ¡Que se cansan de hacer nada! Los que creen saberse la pobre mentira de que si nada hacen, ¡ni ganan, ni pierden!, que inventan por los perdedores (¡que lo pierden todo!)

Veamos a todo fracaso, grande o pequeño, en su dimensión real: Como enseñanza para corregir, y así cambiar, y para lograr lo necesitado. Si fracasamos, evitemos convertirlo en temor. “Lo que siempre cuenta no es lo profundo que caímos, sino lo alto y muy seguro como rebotemos”.

¡No nos hagamos trampa: no escondamos los fracasos, para notarlos menos! No corramos las falsedades para más adelante. Nunca olvides que el fracaso es parte del éxito. Entendamos que superar cada fracaso, simplemente, es hacer los ajustes  necesarios para corregir el camino hacia el éxito.

Caer, alzarnos, volver a caer, son pasos que maduran voluntades. Los psicólogos hablan de aprender mediante el “ensayo y error”: fracasar y dejar huellas, que nos enseñan a reintentar. ¡Que nos impulsen a probar de nuevo!

“No fracasamos porque hayamos caído, sino porque hayamos permanecido caídos, y “echados” sumisos, empobrecidos con actitud imploradora y sumisa”. No fracasa quien pronto se pregunta cómo y cuándo comenzar de nuevo.

No ha fracasado, quien se pregunta cómo levantarse por sí mismo, para continuar. ¡El fracasado queda caído, “echado” y “frustrado”, sin levantarse! Hay fracaso al quedar paralizados, disminuidos, en el “suelo”, viendo al mundo desde abajo, sin idea de qué es lo que viene enseguida.

Hay optimismo, en grande, quienes tropezaron, quizás cayeron, y ya están de pie, listos, en acción, para continuar: ¡Ellos y ellas ganaron derecho a probar todas las oportunidades que el mundo nos ofrece!

Piensa en los fracasos como si fuesen una señal en tu camino, que te indica que necesitas tomar otra ruta. Revisa tú estilo de pensamiento, tus ideas y tus opiniones relacionadas con tu actitud ante la vida, porque podrían estar ahora equivocadas y ser la causa innecesarias de tu ansiedad, angustia o estrés.

Hernani Zambrano Giménez, PhD.

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