El término economía -cuyo origen reside en la palabra griega oikonomein (oikos, casa, nomos orden). Otra acepción de Economía dice que es una palabra compuesta derivada de dos voces alemanas (eco: ambiente; nmein: administración). Es decir, significa “la administración del ambiente: lo interno y lo del entorno”). Arenas P.

Lo común de verse en el accionar del humano es la simpleza, la sencillez, lo breve, lo puntual. A veces, es lo conveniente, pero… en no pocas ocasiones no es  lo recomendable, pues el proceso comunicacional en los conjuntos humanos (grupos y equipos) reclama expresar debidamente el procedimiento a cumplir (por ejemplo: informar que debe hacerse una cola  por orden de llegada o detallar que tal máquina debe utilizarse de una manera específica y no de otra), lo cual pide un proceso mental que permita idear lo que se ha de decir de modo claro, inteligible y que no dé lugar a  dudas ni a errores y mucho menos a equivocaciones.

Por cierto, en el mundo organizacional: ¿hay diferencia entre un error y una equivocación? Claro que la hay y ésta ha de ser muy bien conocida e instrumentalizada para poderle sacar provecho en aras de las metas y del objetivo (propósito) de la organización de lo que se emprende.

Un “error” es hacer algo indebido (por ignorancia, descuido, hábito, falla, defecto) que puede subsanarse con la corrección del procedimiento y esto empieza en el acomodamiento de lo mental, pues allí -en la mente- es de donde parte todo el accionar del humano (excepción hecha de lo instintivo y automático no condicionado, pues lo condicionado –comolos reflejos condicionados, muy bien descritos por Iván Pavlov, fisiólogo ruso, 1849-1936–siempre es consecutivo a un entrenamiento de la psique).Quien comete un error puede arrepentirse y corregir luego de darse cuenta de que lo hecho no era lo correcto.

Si bien es cierto que entre el común de la gente se acoge que una “equivocación” es hacer involuntariamente algo mal (es decir: que se pensaba que estaba bien hecho y después se observa que no es así), en el léxico del ámbito organizacional se tiene admitido que es la denominación que se da al hecho de incurrir consciente y nuevamente en un mismo error luego de haberse hecho todo lo debido para evitar que quien incurrió en el traspié repitiera lo mal hecho, pero también se cataloga como tal cuando se cae en hacer o tomar una cosa por otra, en juzgar mal, en confundirse, en actuar de manera imprecisa, desacertada; en otras palabras: un pecado -casi: un delito- absolutamente por fuera de los límites establecidos y que genera “culpa” (falta más o menos grave por obrar mal y que causa un daño y genera el cargo por el cual se ha de responder y debe pagarse para resarcir lo causado, y se origina la condición de culpable, el personaje sobre quien cae la culpación por su culpabilidad), una condición que en lo organizacional es usualmente imperdonable, puesto que se percibe que quien se equivoca es la manzana podrida que puede podrir a las que están buenas y sanas.

Una de las causas de incurrir en error y/o en equivocación es una aplicación indebida de la economía psíquica, de la economía en el lenguaje usado para comunicar, y de la economía en el proceder actitudinal.

La economía psíquica se deriva de la confluencia de la economía libidinal (relativa a las pulsiones) y la economía pecuniaria (relativa al dinero). Como se sabe, Karl Marx hizo la crítica de la economía política (es decir, deconstruyó la economía pecuniaria en su articulación con los poderes que la instrumentan).

La economía del lenguaje se define como un proceso evolutivo enfocado a la minimización del esfuerzo invertido a la hora de hablar, escribir o expresarse en general.

Mientras que la economía del proceder actitudinal es la rama de la economía que busca comprender el raciocinio de las personas de una manera más “humana” para crear modelos económicos que se asemejen más a la realidad, entendiendo que las personas actúan de una u otra manera (no siempre racional) en base a diferentes “sesgos”.

¿Cuándo se cae en estas “economías”?

Cuando se toma el camino más fácil, el menos culebrero, cogiendo atajos en el pensar, en el hablar, en el escribir, y en el actuar. Usualmente, esto se ve cuando se asume lo tradicional, lo acostumbrado, el parapeto que se viene usando desde tiempo inmemorial: el de la comodidad de repetir lo que “nos ha traído hasta aquí y… estamos vivos”, pero… ¿en cuál forma de vida o en cuál clase se está? Acaso, ¿en la mejor o… en una que puede ser optimizada para que sea más productiva y provechosa? Hay que cuidarse de la riesgosísima “zona de confort”.

En esa zona no entra la duda metódica, no se invierte energía ni tiempo para analizar la realidad circunstancial en la cual se está y… puede estar condicionando estar en un oxímoron (avanzando hacia atrás; expresado de otro modo: es estar en estado estacionario, donde no es necesario retroceder para irse quedando atrás respecto del progreso exitoso de otros; es plantarse en una retaguardia inmóvil que cada vez se distancia más de la posición que debiera y debería ostentarse).

Es sumamente provechoso recordar que un oxímoron es una figura retórica que surge de la combinación, en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado diametralmente opuesto que origina un nuevo sentido y que puede ayudar a comprender mejor lo que se busca comunicar. Admitir esto en esta temática abre las puertas a formular una hipótesis que -para empezar- pide salirse del escenario nublado de las brumas que ocultan la realidad, pues el humano y todo lo que él ha generado debe caracterizarse por el movimiento de avance, de perfeccionamiento y por esto ha de investigarse cuál es la verdad que toca asumir y hallar la mejor solución, pues… es imprescindible eliminar la resistencia al cambio: ¡todo ha de cambiar y… ha de hacerlo perennemente hacia lo mejor, valiéndose de la mejor implementación de la economía provechosa en el pensar, en el comunicarse y en el actuar mediante la mejor administración del ambiente: lo interno y lo del entorno!

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