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Observar cuando alguien de mal aspecto se sube ya es costumbre. La paranoia entre los pasajeros abunda. Dos hombres que intentaron robar, fueron lanzados desde una camioneta de pasajeros en marcha el 15 de febrero. El hecho ocurrió en el distribuidor de La Florida de Valencia.

Justo a las 5:00 a.m. arranca la jornada laboral para los conductores de las unidades de pasajeros Valencia-Tocuyito. Una Encava de color blanco se detuvo en la parada principal del puente Santa Rosa. El colector llamó a los pasajeros: “¡Tocuyito, Pocaterra!”. Los usuarios, uno a uno, fueron abordando. Pensamientos van y vienen. “¿Este tiene cara de qué va a robar?, ¿dónde me escondo el teléfono?, ¿eso sera una pistola?, ¿por qué tuve que cobrar la pensión hoy?, ¡es quincena y los ladrones andan sueltos!”. A los usuarios se les pasó por alto la presencia de dos hombres: Josè Gregorio Vásquez, de 24 años y Luis Quintero (33). Tenían malas intenciones.

Un testigo, que prefirió no identificarse, relató como 20 minutos se convirtieron en los más largos de su vida. El joven de 24 años se detuvo en la puerta trasera, junto a el hombre de 33 años. Ambos, al pasar por el puente El Ahorcado, mencionaron aquella frase que para muchos venezolanos ya se ha hecho familiar: “¡Esto es un atraco!”. Los pasajeros fueron revisados uno a uno para despojarlos de sus objetos de valor. “¿Otra vez me van a robar?” refutó uno. “¡No tengo nada!” exclamaba otro. En el aire se sentía impotencia, molestia y rabia.

Un señor dio el primer paso. Se le enfrentó a Quintero y lo amarró con su propia correa. Las demás personas se unieron. Vázquez recibió múltiples golpes por una multitud cansada de tantos actos delictivos. Su cómplice no se salvó. Recibió la misma dosis de golpes. A medida que pasaban los minutos, la camioneta continuó su marcha. El desvío del camino fue la opción de estos pasajeros. “¡Lanzarlos desde el puente!” gritó uno. Al pasar la última curva en el distribuidor de La Florida, ambos hombres fueron lanzados a más de seis metros de altura.

José Gregorio Vásquez (24) murió en el lugar debido a la aparatosa caída. Tuvo fractura craneoencefálica y su clavícula se desvió al golpearse contra el pavimento. La maleza no sirvió para amortiguar. El hombre de 33 años sufrió daños generales en su cuerpo. La multitud, al observar que uno de ellos seguía con vida, bajó de inmediato a liquidarlo. Funcionarios resguardaron el lugar y evitaron un segundo ajusticiamiento. Quintero fue trasladado a la sala de emergencia de la Ciudad Hospitalaria Enrique Tejera (CHET). El resultado de su diagnóstico fue piernas, costillas y caderas fracturadas.

“Verdugos” piden clemencia

Con este caso suman 13 los hombres que han sido asesinados por una multitud en menos de tres meses en Carabobo. En el municipio Valencia se registraron dos decesos, en Carlos Arvelo y Libertador tres, en Guacara dos, en Diego Ibarra dos y en Naguanagua uno.

El 28 de noviembre del año pasado, en el sector Altos de Carabobo, municipio Libertador, habitantes con armas blancas y otros objetos contundentes acabaron con la vida de Ericson Pérez, Luis Alberto Rodríguez y Ernesto Rafael Pereira Salazar. Este trío habría robado en un autobús, y al tratar de esconderse en esta zona fueron reconocidos por sus residentes. La furia de una multitud se sació con sus vidas.

Y así se suman a esta lista: Jesús David Álvarez Gil (16), baleado este año en el sector los Chaguaramos del barrio El Socorro, municipio Valencia; Fernando Bruno, junto a otro hombre, habría cometido un acto delictivo en Los Naranjillos, municipio Guacara; Javier Eugenio Aguilar Hidalgo de 22 años y Juvenal Antonio de 28 años recibieron varios impactos de bala luego de ser golpeados repetidamente.

José Ramón Maicán Yanez (50) falleció a causa de un golpe hecho con un tronco que le propinaron los transeúntes de la concurrida “Calle del Hambre Mañongo”. Maicán trató de robar en un establecimiento comercial. Hay tres hombres más, aún sin identificar, en la morgue de la Ciudad Hospitalaria Enrique Tejera (CHET).

La causa es la impunidad. La falta de autoridad ante actos delictivos han hecho que la justicia sea tomada en sus manos por la gente, destacó el criminólogo Javier Gorriño. Los ciudadanos que observan al delincuente en libertad desestiman el trabajo policial. Los ajusticiamientos, según Gorriño, son para la ciudadanía acciones de defensa y resguardo propio y las hace públicas para evitar que otras personas tenga la necesidad repetir estos actos vandálicos en su zona.




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