MAR DE LETRAS

Una mirada al mundo de la literatura, con sus obras, autores y anécdotas, desde una perspectiva cercana y fresca

Nuestro fraudulento viaje a Ítaca

En esos espacios, cada quien construye su fraudulenta vuelta a Ítaca. Todo el mundo alega librar luchas incomprensiblemente duras

ítaca odiseo
Generado por IA

Es curioso, pero vivimos en una sociedad de Odiseos virtuales. Para darse cuenta de ello basta con sobrevolar un rato aquellas redes sociales en las que prima la imagen y en las que nos esforzamos en convertirnos en un producto y vendernos a los demás.

En esos espacios, cada quien construye su fraudulenta vuelta a Ítaca. Todo el mundo alega librar luchas incomprensiblemente duras, con el factor común de haber salido “de abajo” y de haberse sobrepuesto heroicamente a la adversidad. Una visión que podríamos catalogar de ingenua los lleva a pensar que ellos son los protagonistas de la vida misma; que el universo —esa mole inabarcable de más de 13 mil 700 millones de años de antigüedad— tiene un plan preparado para ellos, para que puedan cegar al Polifemo que representa la envidia de los demás y que sus vidas sean narradas por el resto de la eternidad.

Nadie asume su rol de simple mortal, nadie quiere ser el civil intrascendente que construye una historia de pequeños triunfos que no tienen el deber de servir de inspiración a los Homeros del futuro. Y el gran problema de ello, es que estas odiseas públicas no son más que una fachada rodeada de andamiajes aparatosos, que en realidad no tiene nada detrás. Nuestras vidas —por supuesto, me incluyo entre los no ungidos— tienen más similitudes que diferencias: dificultades vivimos todos y el intentar vencerlas no es una excepción, sino la regla.

Con esto no quiero decir que uno no tiene derecho a celebrar sus logros en público, para nada. Pero el hecho de comerciar nuestras existencias como un ejemplo de heroicidad no es más que una fuga de vanidad…

De hecho, la característica principal de estos viajes es que nunca se llega a Ítaca: no acaban jamás. Siempre estarán Escila y Caribdis un poco más adelante, en forma de “los que no me quieren ver llegar lejos” o “aquellos que no creen en mí”.

La forma en la que consumimos la vida —sí, la consumimos porque la tratamos como un producto—, tampoco favorece una visión realista de nuestro andar por el mundo. Hemos sido criados con modelos heroicos, con valientes guerreros que dan su vida por los demás. Nuestro Dios, incluso, es una muestra de esa inmolación altruista, a la que uno tiene el deber de aspirar. Hasta Bolívar —no puedo dejar de pensar en La herencia de la tribu de Ana Teresa Torres— ha contribuido a fomentar la idea de que los simples mortales serán olvidados por la historia.

Y quizás así sea y nuestros nombres no sean recitados de memoria dentro de miles de años, pero tampoco creo que ese sea el objetivo de la vida. Lo que sí es cierto es que esas dos fotos de Instagram “en contra de los envidiosos” tampoco podrán salvar a nadie del implacable paso del tiempo.

Únete a nuestros canales en Telegram y Whatsapp. También puedes hacer de El Carabobeño tu fuente en Google Noticias.

Espacio útil

Nuestro fraudulento viaje a Ítaca

ítaca odiseo
Generado por IA
[code_snippet id=10 php format]