MAR DE LETRAS

Una mirada al mundo de la literatura, con sus obras, autores y anécdotas, desde una perspectiva cercana y fresca

Todos criticamos, pero casi nadie tiene criterio

El dilema principal de nuestra visión sobre lo que es un "buen libro" es que en la mayoría de los casos valoramos lo que leemos en función de cuánto nos entretiene

criticar
Generado con IA

Al internarse en el ecosistema literario actual, interconectado gracias a la magia de internet, no bastan sino unos pocos segundos para encontrar valoraciones negativas de cualquier cosa que se haya escrito alguna vez. Las opiniones abundan, en muchos casos sujetas a consideraciones descabelladas. Yo he llegado a escuchar que los libros de cierto premio nobel están "mal estructurados", por ejemplo.

La libertad de expresión no es un problema, por supuesto. No me dispongo a escribir un tratado en contra de lo que piensa la gente que consume literatura, tomando en cuenta que el hecho de mantener este hábito en pleno siglo XXI ya es meritorio de por sí. Sin embargo, esto no quiere decir que hacerse preguntas incómodas sobre cómo vivimos la cultura no sea necesario.

El dilema principal de nuestra visión sobre lo que es un "buen libro" es que en la mayoría de los casos valoramos lo que leemos en función de cuánto nos entretiene. La evolución del ocio y la omnipresencia de las redes nos han llevado a creer que todo aquello en lo que invertimos nuestro tiempo debe ser "divertido", término que en realidad funciona como una máscara para ocultar un concepto más profundo: la hiperestimulación.

Bajo este lente, por ejemplo, Crespúsculo es un mejor libro que Madame Bovary. Un entendido en el tema encontraría ofensiva siquiera la comparación, pero esa es la manera en que no pocas personas conciben la escritura.

El problema no es leer Crepúsculo, El alquimista, A través de mi ventana o cualquier texto que escape del canon literario, el problema es considerar que los gustos personales son aplicables a la forma en la que se entiende todo el arte. Ahí es cuando los lectores queremos ejercer de críticos y terminamos varados en un arrecife rocoso que en realidad no comprendemos del todo.

De hecho, voy a ir más lejos. Creo que lo conflictivo ni siquiera es valorar positivamente aquello que nos agrada, sino intentar desprestigiar a los autores que no entendemos —entiéndase que me refiero a aquellos que no escatiman en recursos y complejidad para engendrar una obra que perdure en el tiempo, sin que les importe no llegar a ser considerados bestsellers nunca—. Y sí, no es que no nos gusten, es que no comprendemos lo que escriben, y eso está bien; quizás porque no sea el momento de enfrentarnos a ese escritor, o porque no se alinea con aquello que nos interesa.

El año pasado, por ejemplo, intenté leer El innombrable de Samuel Beckett. Cualquiera que se haya internado en ese libro sabe lo difícil que es leerlo. Confieso que no lo pude terminar. ¿Eso convierte a Beckett en un mal literato? Díganselo a la Academia Sueca, que le dio el Nobel en 1969.

En fin, tengo la firme convicción de que el único remedio ante las críticas infundadas es la modestia intelectual. No se puede pretender dictar una sentencia sobre un libro sin siquiera haber recorrido someramente alguna definición de lo que es la literatura, y mucha gente lo hace. A veces lo mejor es ser crítico en casa o con amigos, pero si se tiene la intención de hacerlo públicamente, lo idóneo es estudiar este oficio. Aprender más y hablar menos.

Únete a nuestros canales en Telegram y Whatsapp. También puedes hacer de El Carabobeño tu fuente en Google Noticias.

Espacio útil

Todos criticamos, pero casi nadie tiene criterio

criticar
Generado con IA
[code_snippet id=10 php format]