Pasa y pasa, rápido, repetitivo, el nuevo tiempo de este mes de enero, sin que frenemos o impulsemos nuestras intenciones de inventar, mejorar y vivir los cambios, las novedades; ¿pero fue posible un mes atrás creer que habría novedades apreciables en este nuevo enero del año 2022? … ¿Cambiamos? ¿Cree usted que hay cambios razonables?

Los humanos nos apegamos fácilmente a lo que se repite, a las actividades rutinarias. Es razonable que sea así, porque somos (¡óiganlo muy bien!) “animales” de costumbres; y como afirma un viejo y acostumbrado dicho, “más vale una cosa mala conocida, que todas las nuevas posibles por conocer”, aunque nos las regalen todas. Y esto afecta en directo al “nuevo” mes de enero y al supuesto nuevo año 2022.

¿Cómo se comportarán quienes dicen, pitan y repiten que “mes y año nuevo, significa vida y ánimo nuevo”? Mientras un mes especifico, como enero, lo hayamos conocido durante varios años anteriores, en sus inseguridades, en sus riesgos, en la pesadez de la conducta de la gente, y en los planes elaborados y no cumplidos, mucho más podríamos saber por qué hacemos lo que en este enero de 2022 hacemos, y por qué las tendencias a hacer lo que nos queda por hacer, ¡se harán en repetición!

¡Son nada fácil de entender y explicar estas expresiones traídas acá, pero no tanto, como para decir que a la gente lo que más le gusta de enero sea un supuesto (dudoso) espíritu de optimismo! ¿No sería mejor hablar de “bonche” o “bochinche”?

¡Comencemos por hacernos una auto exploración seria, aunque no fácil! ¡Seguro que estará cargada de prejuicios, complejos, temores y miedos; con tantas mentiras o más a las que nos hayamos mentido en mucho tiempo!

Los animales subhumanos tienen menos rutinas, por necesitarlas menos en sobrevivencia. Un ejemplo de rutina es la idea que tenemos sobre el tiempo, sobre sus usos, aplicaciones, características y técnicas de su manejo eficaz. Tiempo y temporalidad son conceptos difíciles, aun cuando los manejemos como cosa sencilla, como elementos de intercambio, y criterios de referencia. La idea de tiempo está presente en cualquier civilización, aun en sus formas más ingenuas actuales.

Los pueblos primitivos tenían una visión simple del tiempo. Diferenciaron día y noche, y por necesidad y práctica desarrollaron cronómetros. Pocos escaparon a los insistentes simplismos del pensamiento y las asociaciones sobre el manejo del tiempo, como creer que el tiempo puede “estirarse” o “ahorrarse”. ¡Aunque tal vez pueda comprarse o venderse!

Todas estas costumbres, enseñanzas y tradiciones, crearon la costumbre de dividir nuestra vida en los “antes”, los “durante”, y los “después”. También aprendimos a distorsionar, ocultar, evadir, dejar de hacer, y a olvidar lo que dejábamos de hacer, como cosas que ocurren en “pedazos”, de la dimensión tiempo. Lo vigoroso del hoy presente; el valor relativo de lo pasado o viejo (casi siempre desechable), lo que llega a su fin y queda en la dimensión de los recuerdos: ¡El pasado, el presente, el futuro (que aún no existe), y sus problemas para meditar! ¿Y qué hay de enero? ¿El mes de la flojera?

Hay siempre, presente, una relatividad en el tiempo vivido. La celebración de fechas, cumpleaños, años nuevos, graduaciones, momentos que demarcan inicios, transcurrir o conclusiones, aunque las cargas puedan diferir en el goce, hasta la tristeza deprimente de malos momentos.

No todo lo nuevo es novedad. Celebrar cada 1 de enero, puede ser rutina de lo nada nuevo. Debemos verlo como continuidad indivisible de un evento (tiempo), que por conveniencia “partimos” en artificiales segmentos.

Los agotadores problemas nacionales, las propuestas de los políticos, los desastres naturales y los miedos de la gente, continúan el 1 de enero de cada nuevo año. Todo sigue igual. Así mismo, las crisis sociales, los “bajones” de la economía, las bodas y divorcios, los nacimientos y muertes, eventos repetitivos, de actualización constante; los veremos después quizás igualitos o con presencia renovada.

Sólo que el tiempo se nos presenta ahora, no sobre un reloj de brazo. Lo llevamos en el iPhone o en cualquier celular. El tiempo se nos aparece ahora en toque suave, y con la super exactitud horaria, que nunca creímos pudiese existir.

¡Celebremos los acontecimientos positivos que se “repiten”, pero sin anclarnos a ellos, porque no son eternos; porque son, y dejan de ser, ¡a diario! Anclarnos en algunos hechos puede hacernos daños, físicos como emocionales, y hasta hacernos llorar, aunque sea farsa, aunque no salgan lágrimas, que nos apartan de las verdaderas del momento.

Por eso, después de cada éxito de vida o vivida cada celebración, ¡volvamos seguros hacia la realidad! ¡Así podremos dominar las emociones y entrar en contacto con el mundo real! ¡Y lo mismo nos ocurre con la llegada de cada nuevo mes de enero o de los siguientes! ¡El “show” lo inventamos, aunque sea inconsciente, sin quererlo!

¡El tiempo estará siempre, desde que lo inventamos sin ver consecuencias!

Hernani Zambrano Giménez, PhD

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