El mayor brote de fiebre amarilla en Brasil en las últimas décadas, con más de 2.000 casos confirmados y 676 muertes entre diciembre de 2016 y marzo de 2018, se originó en primates no humanos en zonas boscosas y luego se contagió a las personas, según un estudio publicado hoy en la revista Science.

Para comprender cómo se dio este brote, el equipo liderado por Nuno Faría, de la Universidad de Oxford, analizó datos epidemiológicos, espaciales y genómicos de la región, y comparó una serie temporal de casos confirmados en personas y primates no humanos.

Los investigadores hallaron que los casos humanos quedaron por detrás de los de los primates en cuatro días y descubrieron que el riesgo de fiebre amarilla era mayor para las personas que residían o trabajaban en áreas boscosas, donde los mosquitos que generalmente pican a primates pueden morder y transmitir el virus a los humanos.

Los resultados fueron “sorprendentes”, apuntó Faría, quien explicó que en áreas próximas al origen del brote el 85 % de los casos fueron en hombres, con más probabilidades de viajar a través de zonas remotas de la selva que las mujeres.

Los investigadores también secuenciaron 62 genomas de fiebre amarilla de humanos infectados y primates de los estados brasileños más afectados, comparando estos genomas con los publicados anteriormente.

Los datos sugieren que el brote de 2017 fue probablemente causado por una cepa introducida desde una área endémica, posiblemente en la región del norte o centro-este de Brasil, más que por el resurgimiento de un linaje que había persistido en el área de Minas Gerais, como otros informes habían indicado.

Aunque la epidemia probablemente se inició en primates, la propagación del virus “parece haber sido ayudada por la actividad humana”, por ejemplo, por el transporte de mosquitos infectados en vehículos o por el comercio ilegal de primates, de acuerdo a los autores.

A pesar de que existe una vacuna efectiva contra la fiebre amarilla, el virus causa entre 29.000 y 60.000 muertes anualmente en América del Sur y África, las dos regiones más damnificadas por este tipo de enfermedad. EFE




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