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Tres víctimas de un influyente párroco chileno que durante décadas abusó sexualmente de menores en una iglesia de Santiago aceptaron una invitación del Vaticano para visitar al papa Francisco a finales de este mes.

“Él (Francisco) nos ha pedido que vayamos a Roma antes que los obispos”, confirmó a medios locales el periodista Juan Carlos Cruz, que junto a James Hamilton y José Murillo han encabezado las denuncias de abusos contra el cura Fernando Karadima y de encubrimiento contra altas autoridades de la iglesia chilena.

Karadima, formador de medio centenar de sacerdotes, de los que cinco han llegado a ser obispos, fue condenado en 2011 por la Justicia canónica a una vida de reclusión y penitencia por los abusos cometidos.

Uno de los obispos formados por Karadima es Juan Barros, a quien las víctimas acusan de encubrir los abusos, que desde 2015 es el titular de la diócesis de Osorno, en el sur de Chile, donde parte de la comunidad lo rechaza.

En diversas entrevistas, Juan Carlos Cruz ha señalado que Barros “estaba a mi lado cuando Karadima me tocaba, me besaba” cuando a los 15 años asistía a la parroquia santiaguina de El Bosque, regentada por Karadima.

Según anunció este lunes la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el papa se reunirá con las víctimas el último fin de semana de abril en El Vaticano, semanas antes de su encuentro con los obispos de Chile, para tratar el informe sobre los testimonios que acusan a Juan Barros de haber encubierto los abusos cometidos por Karadima.

El papa hasta su visita a Chile descalificó y consideró “calumnias” las acusaciones contra Barros, que estuvo presente en los actos públicos de su agenda.

“El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia ¿Está claro?”, respondió Francisco a los periodistas que le preguntaron al respecto el 18 de enero en la ciudad de Iquique.

Sin embargo, ya en su viaje de regreso a Roma mostró algunas dudas y luego envió a Chile al arzobispo de Malta, Charles Scicluna, a recoger los testimonios de las víctimas.

El pasado 8 de abril, tras haber recibido el informe de Scicluna, Francisco envió a Chile una carta en la que convocó a los obispos locales a Roma y admitió que cometió “graves equivocaciones de valoración”, por haber recibido “información inexacta” de los hechos.

Asimismo, pidió “perdón a todos aquellos a los que ofendí”.

La reunión con los obispos será en la tercera semana de mayo y los prelados deben presentarle un plan de renovación, sin descartar, según ha dicho Santiago Silva, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, no descartan que el pontífice “pida a algunos que dejen su diócesis”.

Otros obispos formados por Karadima, además de Barros, están en el centro de atención, entre ellos Horacio Valenzuela, obispo de Talca, que al ser preguntado respondió que “por ahí no pasa la solución. Pasa por rezar junto al papa y ver lo que él nos dice”, aunque consideró que “me equivoqué al no darme cuenta de que pasaban cosas malas”.

Otro sospechoso es el obispo de Linares, Tomislav Koljatic, quien admitió que si no fue “lo suficientemente lúcido” para comprender lo que sucedía, “asumiré mi responsabilidad”.

Una incógnita que sigue abierta es quién desinformó al papa. Las víctimas de Karadima dirigen sus dardos al cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo emérito de Santiago; al actual titular de la archidiócesis, Ricardo Ezatti, y al nuncio apostólico en Chile, Ivo Scapolo.

“Tienen grandes redes de desinformación y maldad. Son muy maquiavélicos”, sostuvo respecto de ellos Juan Carlos Cruz, que aseguró creer en la sinceridad del papa, “pero quiero conversar con él, porque es increíble que no esté informado de lo que pasa en su Iglesia”. EFE




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