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En una reciente intervención por cadena nacional, el señor Maduro señaló que está trabajando para que Venezuela tenga una nueva generación educada, culta, de alto nivel espiritual… Uno imagina que no tendría en mente a sus narco-sobrinos, capturados en flagrancia en Haití, y declarados culpables de tráfico de cocaína en Nueva York.

Pero sí los debería tener presentes, porque ellos, en gran medida, son representativos de lo que ha producido la llamada “revolución bolivarista”, en cuanto a nuevas generaciones se refiere. La depredación de los recursos nacionales ha sido tan masiva y tan descarada en el siglo XXI, que el pésimo ejemplo ha cundido entre los sucesores naturales de la jerarquía hegemónica.

Por cierto que ni el tío ni la tía han dicho ni pío sobre el caso de los narco-sobrinos, lo que contribuye con el referido pésimo ejemplo, y además deja mucho que pensar. Parece difícil que una operación tan compleja como la documentada en el juicio en Nueva York, pudiera realizarse con el desconocimiento absoluto de las “autoridades”. Máxime cuando los propios narco-sobrinos han confesado que se traficaba droga desde las dependencias aeroportuarias de la presidencia de la república.

Y lo pongo así en minúsculas, porque razones obvias. Los que más han sido golpeados en términos existenciales, por la hegemonía despótica y depredadora, son las nuevas generaciones de venezolanos. De los 25.000 homicidios que se perpetran en Venezuela, una buena parte de las víctimas son jóvenes, y también una buena parte de los victimarios.

Decenas de miles de jóvenes profesionales se han ido del país buscando la posibilidad de una vida digna en el exterior. Eso nunca había ocurrido en Venezuela. Nunca. Todo es consecuencia del desastre que encabeza Maduro, legado por su predecesor. Y por si fuera poco, la corrupción no conoce fronteras políticas entre los denominados “bolichicos” y los “boliburgueses”. A la hora de depredar, se unifican generacionalmente.

Con las grandes Universidades por el suelo, con la educación pública por el subsuelo, con el agravamiento brutal de la delincuencia juvenil, y con el aprovechamiento obsceno del poder por parte de los vástagos de la “revolución”, las palabras de Maduro, citadas inicialmente, parecen un chiste cruel. Parecen no, son.

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