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Entre 1904 y 1908, cerca del 80 % del pueblo herero y el 50 % de los nama fueron exterminados en la actual Namibia por los colonos germanos, un crimen que Alemania no ha reconocido públicamente como genocidio y al que el Memorial del Holocausto en París dedica desde hoy una exposición inédita.

A través de una rica muestra de archivos, fotografías y dibujos, acompañados de un ciclo de proyecciones y conferencias, aborda, hasta el próximo 12 de marzo, un evento desconocido para el gran público.

Un evento que, según se interpreta, llegó casi anunciado: las ideas de supremacía racial con las que en 1889 desembarcaron las primeras tropas alemanas en la colonia del suroeste africano fueron el presagio de la masacre que sufrirían 65.000 herero y 10.000 nama.

Tras haber dedicado sendas exposiciones al genocidio armenio y al tutsi, y de haberse adentrado en lo sucedido en Namibia en una breve exposición centrada en los genocidios del siglo XX, esta nueva exhibición del Museo del Holocausto se propone un enfoque más completo sobre lo sucedido.

Los abusos sexuales y asesinatos, según explica la comisaria científica de la muestra e investigadora de la Universidad de Leiden (Holanda), Leonor Faber-Jonker, se sucedieron con impunidad a pesar de los esfuerzos del jefe herero, Samuel Maharero, por consolidar una alianza con los alemanes.

En la metrópoli se crearon zoos humanos y en la colonia “se les obligó, como si fueran perros, a llevar chapas que indicaban las zonas de las que no podían salir”, añadió la experta.

En respuesta a aquellos crímenes hubo una revuelta en 1904, que fue brutalmente reprimida por las fuerzas del Segundo Reich y que solo consiguió trasladar a la metrópoli una imagen de indígenas violentos.

La orden escrita de “destrucción” de hombres, mujeres y niños herero sin distinción, emitida por el general Lothar von Trotha, es uno de los documentos que pueden verse en este recorrido histórico, que refleja que los nama, que empuñaron las armas después de los herero, no corrieron mejor suerte.

Entre estos últimos, muchos sucumbieron al trabajo forzado, las epidemias y la hambruna de los centros de concentración, que se edificaron sin pretensiones genocidas y se convirtieron en fuente esencial de mano de obra para el país.

Para la comisaria general del museo, Sophie Nagiscarde, no hay un vínculo entre el holocausto nazi y la masacre en Namibia, aunque esta última representara “un caldo de cultivo” para el primero por su fuerte noción racial.

Ambas expertas atribuyen el olvido en el que se ha mantenido tantos años al curso posterior de la historia.

Cuando el Gobierno británico reconquistó la colonia durante la Segunda Guerra Mundial encargó un informe, el llamado “Blue Book”, que recogió decenas de testimonios sobre esas atrocidades.

Sin embargo, el texto fue prohibido en 1926 en nombre de la “unidad blanca” aunque, según Nagiscarde, también porque Alemania amenazó con desvelar lo que ocurría en las colonias británicas.

Después de 1945, la supresión del régimen del apartheid en Namibia ahogó todo debate político sobre los crímenes, calificados como uno de los primeros casos de genocidio del siglo XX en el informe Whitaker de la ONU (1985).

También la posterior lucha por la independencia del país, alcanzada en 1990, eclipsó el episodio, y el Gobierno namibio guardó silencio hasta la devolución en 2011 por parte de Alemania de 20 de los cráneos de las víctimas enviados a ese país para realizar estudios antropológicos.

El Museo, que aporta fotografías de los soldados alemanes o de mujeres nativas que “colmaban las fantasías masculinas de los colonos”, recuerda que las autoridades alemanas han manifestado su arrepentimiento, aunque nunca han mencionado la palabra “genocidio”. EFE

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