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(Foto: AFP)
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Nina Gabriella Bortolussi · @ninagabriella96

El 5 de julio de 1811, los sueños de independencia fueron cristalizados en un acta que proclamaba la emancipación absoluta de Venezuela del yugo español. Días de júbilo se vivieron en ese entonces. Una celebración espontánea encabezada por Francisco de Miranda y acompañada por la junta patriótica y el pueblo, recorrió las principales calles caraqueñas con consignas que festejaban la llegada de la libertad.

Pese a que el contexto histórico de ese entonces y el de ahora no es el mismo, para muchos, los venezolanos libran una batalla heroica similar. Devolverle al país la democracia y soberanía que consideran perdida es la razón para seguir en las calles hasta conquistar la libertad.

La valentía de los jóvenes que se enfrentan al gobierno de Nicolás Maduro sin importar una represión que puede apagar sus vidas, es comparada con la lucha de los próceres de la Independencia.

Un chaleco improvisado con las palabras “Yo soy libertador” lo portaba un joven de apenas 17 años. Su nombre era Neomar y su apellido Lander. Su irreverencia y la de quienes emprendieron hace tres meses una cruzada sin retorno por la liberación de Venezuela, siempre será recordada.

El historiador y académico de larga trayectoria, Guillermo Morón, sin embargo, no ve similitudes entre ambas luchas. “En el siglo antepasado, el país era una pequeña colonia dominada por la monarquía española, con un escenario diferente en cuanto a lo social y a lo económico. Muy pocos sabían leer o escribir, por lo que no tenían conocimiento pleno de lo que acontecía. Hoy Venezuela es una república soberana. No somos colonia de nadie y por ende no tenemos que independizarnos”.

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El ganador del Premio Nacional de Literatura en 1990 no cree en la dictadura cubana. Esa, asegura, pereció junto con Fidel, por lo que para él es una estupidez creer que Cuba domina a Venezuela. “Esa pequeña isla no tiene poder en ninguna parte del mundo”.

¿LOS MILITARES SE PONDRÀN DEL LADO DEL PUEBLO?

De manera reiterativa, dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática exhortan a los efectivos castrenses a colocarse del lado correcto de la historia. El pueblo respalda este llamado y el de una posible junta militar transicional.

El gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonski lo repite: “Un número importante de militares está en desacuerdo con el gobierno, razón por la muchos han sido arrestados”. Guillermo Morón no coincide. El no ve ninguna posibilidad de insurrección de los verdes y lo atribuye a la estabilidad política y económica alcanzada por este proyecto. El historiador, de 91 años, es un convencido de que Nicolás Maduro terminará su periodo presidencial y posteriormente huirá del país.

El miembro de la Academia Nacional de Historia considera que los soldados no deben inmiscuirse en los asuntos políticos de la nación, al menos que representen una amenaza para la misma. Sobre el futuro, visualiza que luego de la salida de Maduro del poder, el país decidirá su rumbo en las materias que le compete.

SIN MIEDO

El destino es incierto. Que la lucha de tantos muchachos que crecieron sin conocer un mandato distinto al de la “Revolución bonita” dará frutos o si Maduro culminará su mandato presidencial es difícil predecirlo hoy. Pero ellos siguen de pie, con la mirada puesta en el futuro, con la osadía que los caracteriza y con el único miedo de que les sea arrebatado el país que los vio nacer.

Estos chicos se hacen llamar La Resistencia. Un grupo de jóvenes con ímpetu inquebrantable encara a los cuerpos de seguridad del Estado y a las políticas gubernamentales de Nicolás Maduro. Ellos convalidan la frase de Simón Bolívar: “Cuando la tiranía se hace ley, la rebelión es un derecho”. Por eso protestan incasablemente y difunden con pasión sus razones.

Desde una de las barandas de la estación del metro en Santa Rosa y con las heridas visibles en su pierna ocasionadas por dos funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana que lo atropellaron con su moto, el joven, de unos 20 años, lo advirtió: “No podemos esperar la destrucción del país y seguir las directrices de los políticos, que responden solo a intereses personales”.

“Montoyita”, otro joven de la resistencia en Carabobo, también libra una batalla desde hace más de tres meses por la libertad de Venezuela. “No soy un delincuente como dice Maduro. Estudio en la universidad y he pensado abandonar la carrera, contra mi voluntad, para buscar el futuro que el gobierno bolivariano me niega”. Mientras tanto sigue luchando, con el miedo presente, pero sin bajar la guardia. Sigue pendiente de los policías, los guardias nacionales, de no ser fotografiado por los reporteros gráficos para que el Servicio de Inteligencia Nacional no los pueda identificar, entre muchas otras cosas.

Para el estudiante de 22 años la lucha debería ser de todos y no de unos pocos, porque el futuro de las próximas generaciones está en riesgo. “No es justo que nosotros y las futuras generaciones nos veamos sumergidos en la pobreza y en la miseria por malas decisiones gubernamentales”.

Estos muchachos no se conocen. Sus historias son distintas, pero los une el mismo sueño que no deja dormir a quienes se mantienen firmes en sus convicciones: La libertad de Venezuela, que ven amenazada por la Asamblea Nacional Constituyente que promueve el oficialismo, preocupación que comparten con la Sociedad Civil volcada a la calle, en marchas, plantones o cacerolazos, en defensa de los derechos.




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