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Luis Alejandro Borrero || [email protected]

Aún hay quienes pagan prisión injusta por los hechos del 11 de abril de 2002. Lázaro Forero, Henry Vivas e Iván Simonovis puede que sean los más mediáticos. Pero hay cinco oficiales de la Policía Metropolitana (PM) cuyos nombres merecen ser leídos a diario. Son el recordatorio de la fractura de poderes y el capricho del sistema de justicia, que primero pide permiso al gobernante antes de actuar, lamentó el abogado José Luis Tamayo. 

Marco Hurtado (comisario), Héctor Rovaín (inspector), Arube José Salazar (cabo primero), Luis Molina (distinguido) y Erasmo Bolívar (agente) permanecen en la cárcel militar de Ramo Verde. Allí batallan contra la injusticia, la cotidianidad, pero más aún: contra el olvido. Ellos también merecen beneficios. 

Arube y Hurtado prácticamente han cumplido la pena. Tienen 17 años de condena, de los que han cumplido 12 años y tres meses. Pero ambos han redimido pena, por cada dos días de trabajo y estudio realizados en prisión, se resta un día del castigo, expuso Tamayo. “Y aún así la juez, insólitamente no les otorga la libertad. Hemos hecho lo posible e imposible”. 

Molina, Bolívar y Rovaín, condenados a 30 años, tienen derecho a gozar de una medida alternativa de cumplimiento de pena, al concluir un cuarto de la misma -siete años y medio-. “La juez está violando la Constitución al negar justicia. Desgraciadamente yo atribuyo a que no le han dado permiso”. 

El estado de salud es delicado. Bolívar sufre de un desprendimiento de un tejido en su ojo, por lo que fue trasladado a emergencias hace menos de tres días: casi quedaba ciego. Arube hasta ha vomitado sangre con episodios cardiacos y ha tenido que ser atendido de urgencia. “Es exasperante su situación”. 

Todos los esfuerzos parecen haber sido en vano. Desde la emisión de la sentencia, Tamayo recordó que han acudido más de una decena de veces a la corte de apelaciones del Tribunal 1º de Ejecución en Aragua, a cargo de Ada Marina Armas. Allí han pedido amparo a través de recursos sin obtener respuesta. “La indolencia raya en lo insólito. Pareciera que sí se mueren, que se mueran”.  

El resto de los condenados ya no está en prisión. Julio Rodríguez (sargento primero) está en libertad por una medida humanitaria, luego que un severo cáncer afectara su próstata. Rafael Neazoa (sargento segundo) fue el único absuelto y Ramón Zapata (cabo segundo) fue liberado en marzo de 2009 luego de cumplir una condena de tres años.




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