El estilo actitudinal del líder, ¿trae certidumbre? II

Estamos ante un cambio disruptivo determinante que tiene un único comparable: la revolución industrial, un concepto que describe el alcance y la estructura escalable de lo que está aconteciendo

Sin la credibilidad de los seguidores no hay influencia posible y sin influencia no existe liderazgo

rgmentores.org.com

 

En el final de la primera parte de la columna anterior Parte I, se quedó mencionando que Alan Turing se refería a la inteligencia artificial, eso que se percibe por muchos como algo nuevo. Lo que sí es nuevo es la IA-Generativa (IA-G) y los actuales líderes organizacionales han de mostrar un comportamiento actitudinal acorde con el avance de lo que se ha venido gestando desde hace más de 85 años: no mostrar una actitud acorde con el estado del arte actual de lo disponible para el apoyo del proceso de concepción, adopción e implementación de decisiones equivale a estar quién sabe en dónde: acaso, ¿en la era paleozoica, en la mesozoica o en la cenozoica organizacional o en cuál otra de la gestión de lo  conductual (actitudinal)? No debe haber renuencia que divorcie de la evolución; conviene la asimilación, la integración.

Ya se ha proclamado: liderazgo es influencia (una definición exacta y acertada de lo que es liderazgo), pues sin influencia (sin credibilidad) no existe liderazgo; por esto, en favor de ello: cada líder ha de mostrar y demostrar que está altitudinalmente en la onda del aggiornamento perenne, exhibiendo estar anímicamente a tono contando con las habilidades y destrezas para la guía de todo y de todos en la organización, haciendo gala de tener lo necesario para sembrar y cosechar certidumbre: esa sensación de seguridad  (certeza) de que lo que presagia se cumplirá, pues está convencido de ello porque sus palabras se basan en la mejor gestión actual del conocimiento y de todas las variables de la Matriz FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) gracias al aprovechamiento de la IA-G evitando la fragmentación del todo.

En las organizaciones actuales es imprescindible que sus líderes sean precisos en su comunicación, sin ambigüedades para poder conducir exitosamente el proceso de concepción y adopción de decisiones asertivas respondiendo a la meta de la practicidad metodológica que siempre ha de estar muy bien definida, lo cual pide nitidez en la definición de los abstractos (conceptos que dan base al proceso) y luego a la definición de los hechos prácticos (lo que se debe hacer en pro del logro de mantener la salud organizacional o de recuperarla cuando está perdida).

Todo esto pide la definición de los distintos tipos de interoperabilidad sintáctica y técnica (la praxis del clima organizacional encaminada a mantener un ambiente sano y saludable y a recuperarla cuando está perdida) para que se exista eficacia en la operatividad de la organización, en consecuencia, en la gestión organizativa de los diversos niveles existentes dentro de un contexto muy complejo (VICA) que exige el establecimiento y cumplimiento de toda una serie de normas administrativas y profesionales: ¿viejas, nuevas, mixtas?

Todo lo precedente sirve en bandeja de plata que se debe tener una terminología de significados precisos (en todos los diferentes tipos de comunicación informativa que debe fluir en el magma organizacional), El propósito de la precisión en la terminología es representar los conceptos para que su utilización se haga sin ambigüedad. La terminología no trabaja con palabras aisladas, sino con conceptos y relaciones entre ellos y proporcionan dos tipos de servicio: 1- terminologías de referencia, para que diferentes operadores (ejecutivos, administrativos, profesionales, técnicos, etc.) puedan referirse a recursos comunes y 2- terminologías de interfaz (con sus normas de comunicación muy bien fundadas), que facilitan que esos usuarios operacionales puedan elegir la representación de los conceptos.

Todo esto conforma lo que se conoce como “terminología jerarquizada” que ha de tener descritos sus principales ejes (expresados mediante clasificaciones, tesauros, y ontologías) y establecidas sus relaciones para que pueda darse la interoperabilidad entre todos los personajes de ese escenario intrincado de subconjuntos y sus sub-sistemas arquetípicos en favor del aprovechamiento ventajosos de las fortalezas y la reducción estratégica de las debilidades mediante el modelamiento informativo del conocimiento que se gestiona por medio de arquetipos referenciales de los reglamentos y de las normas establecidas para el tratamiento descriptivo específico de algunas circunstancias y de algunos conflictos o problemas por el nivel jerárquico (intra y extraorganizacional) competente para ello y terminan hablando sobre las posibilidades de procedimientos anidados para la representación de los conceptos más complejos que se dan entre las personas, los personajes, las funciones (misiones: tareas), concepciones abstractas (intereses, motivaciones) y más a lo largo de las operaciones organizacionales.

Sí, el mundo organizacional formal actual no es algo fácil: de aquí que se tenga la necesidad de tratar estos aspectos para sembrar las bases del soporte conceptual y anímico que garantice la continuidad operacional segura dentro de los conceptos que se usen con el mismo significado por todos los actores: algo de suma importancia que está adquiriendo y adoptada unificadamente en esta nueva etapa de la evolución de las revoluciones complejas, abstractas y prácticas de la humanidad: estamos ante un cambio disruptivo determinante que tiene un único comparable: la revolución industrial (proceso histórico en el que los cambios en las formas de producción generaron una transformación  económica, social y tecnológica profunda de la actividad humana), un concepto que describe el alcance y la estructura escalable de lo que está aconteciendo y que implica actores, temas, conceptos nucleares, tiempo, procesos, decisiones, conocimiento, la actividad, las reglas de negocio, los requisitos de responsabilidad, la operatividad, las responsabilidades propiamente dichas y el manejo del todo ante la necesidad de actuar sobre los sistemas existentes y/o sobre desarrollos nuevos, la asimilación de lo actual que ya viene gritando la inteligencia artificial generativa sobre los dominios específicos y la modelización de una organización genérica, lo cual pide colaboración (el acto y la resultante de colaborar: laborar en conjunto, de operar en conjunción: cooperar) -que no es ayudar ni auxiliar- con el objeto de alcanzar logros mutuamente acordados relativos a la misión y al propósito (objetivo) de cada emprendimiento.

Esta definición implica un acuerdo en todo lo conceptual y lo operacional organizacional (genérico y específico) en pro del crecimiento y desarrollo necesario actual donde está empezando a cumplirse nuevamente -y con sumo peso- la propuesta de Carlos Darwin: ¡”Sólo los mejores adaptados sobrevivirán”!, pues la sostenibilidad está en riesgo.

El gran reto del liderazgo actual que le pide a éste ser previsible, predecible y comprensible en una era de cambio global imprevisible e impredecible, pero que debe ser comprendido en la consideración de las tendencias organizativas que promueven los cambios de los sistemas: reclamando el empoderamiento de todos para identificar la medición de los resultados en las etapas del proceso metamórfico que se está presenciando, considerando los incentivos para la concreción de los objetivos comunes.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Chichí Páez
Chichí Páez
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