Wendy Hawkinson y el primer festival de la canción "El Avila"

Wendy fue tecladista y directora musical, participó en numerosos festivales internacionales representando a Venezuela como arreglista y directora de orquesta

Hace unos días, mi amiga Carmen Rincón me envió un video en blanco y negro de Aldemaro Romero y su Onda Nueva interpretando “De Repente”. Allí se veía al maestro muy joven, y quienes cantaban no eran los habituales “Cuñaos”, sino un trío de hombres y otro de mujeres. De inmediato la reconocí: entre las cantantes estaba mi querida Wendy Hawkinson. ¡Qué alegría me dio verla!

La descripción del video detallaba que el trío masculino lo conformaban Frank Quintero, Cesar Berti y Alejandro García Ramón, y el femenino por Arlette Cedeño, Wendy Hawkinson y Elaiza Romero, hija de Elisa Soteldo y Aldemaro. Confieso que no logré reconocer a un joven Frank Quintero, solo a Wendy. Y de pronto, vino a mi mente un torrente de recuerdos y de música.

Conocí a Wendy en el Primer Festival de la Canción “El Ávila”, producido por Consucre, cuando la actriz Ivonne Attas era la Alcaldesa de Baruta o, al menos, quien mandaba en Consucre. Quien envió mi canción fue Chile Veloz, que para esa época era mi representante artístico. Esto fue en 1982.

Recuerdo cuando anunciaron por televisión los nombres de los clasificados. Justo en ese momento salía para una presentación del grupo de mi novio, Sergio Ramos, director de  “Somos Iguales”, en la Asociación de Ganaderos, donde alternarían con Carlos Mata, Guillermo Dávila y conmigo. Apenas me enteré de que había clasificado, muy feliz me fui a la presentación sin llamar antes a Chile para compartirle la noticia. Este olvido me costó un dolor muy profundo en mi representante, aunque afortunadamente no me abandonó.

Mi estadía en Caracas fue maravillosa. Me hospedé por varios días en casa de mi tía María Carlota Correa y conocí a muchísima gente. Eduardo Izcaray, hermano del maestro Felipe Izcaray (director de la Orquesta Juvenil de Valencia), también había clasificado como compositor con “El viejo mío”, una canción dedicada a su papá que interpretaría Víctor Jiménez. Raquelita Castaños participaba como compositora con “Cállate”, para Alberto Araujo; y, por supuesto, estaba El Pollo Sifontes, quien también clasificó como autor con “Mis Motivos”, que cantaría Mirna Ríos. Chile Veloz, que ya no estaba enfadado conmigo, presentaba “Entonces cuándo”, interpretada por una simpática señora llamada Anabella, a quien no conocía. Federico Gattorno y Pilar Romero competían con “Y todo sigue en su lugar”, a cargo de un encantador joven: Alberto Acuña. Gianna, hermana de Pimpi Santisteban (mi amiga del “Medio Evo”), cantaría “Nada” de Ángel Melo y Alberto Álvarez. Pablo Schneider clasificó con “Amándote”, interpretada por su esposa Doris Hernández. Y el maestro Luis Laguna participaba con “Amor cuánto le amo”, que cantaría Delia Flores. Esto por nombrar solo algunos.

Entre todos los directores (como Carlos Moreán, Vinicio Ludovic, Isaías Urbina, Aníbal Abreu, Cholo Ortiz) había una mujer: Wendy Hawkinson. Iba a dirigir “Sueño de ciudad”, con arreglos de su autoría y que coescribió con Elizabeth Rodríguez, la intérprete. Mi canción, “Pueblos”, tenía arreglos y estaba dirigida por Mauro Cremisini.

Ni la canción de Wendy ni la mía ganaron, pero al menos clasificamos para la final del segundo día. El primer lugar fue para Alberto Acuña, mi Chiqui, quien después se convertiría en un hermano de la vida para mí. El segundo puesto fue para “El viejo mío” y el tercero para “Niña dormida en el valle” de Félix Díaz, una belleza interpretada por Héctor Mendoza.

Mi tía María Carlota y mi primo Julio Martín Daza Correa organizaron una celebración en el salón de fiestas de su edificio, ese último día del festival, para festejar la maravillosa experiencia. Mi sorpresa fue mayúscula cuando llegaron Mickey Mata, Carlos Mata y Guillermo Dávila a “consolarme” pensando que estaría triste por no haber ganado. Al verme tan feliz, se sumaron de inmediato a la fiesta.

De aquel festival nacieron varias amistades perdurables, como la de Alberto Acuña con nosotros (que quizás cuente otro día) y, por supuesto, la de Wendy Hawkinson. Cuando Sergio y yo viajábamos a Caracas, siempre nos veíamos con ella en su casa de Los Chaguaramos o salíamos a comer. Wendy había regresado no hacía mucho de Boston, donde estudió en el Berklee College of Music; se especializó en Composición y se graduó cum laude con una Licenciatura en Música. Supe entonces que, siendo muy joven, había sido integrante de “Las Aves Tronadoras”, un grupo de rock femenino de los sesenta (creo que el único famoso de la época), que incluso llegó a grabar un disco de 45 RPM y a presentarse en televisión.

Años más tarde, Wendy fue tecladista y directora musical de Ricardo Montaner, Guillermo Dávila y Miguel Bosé. Participó en numerosos festivales internacionales representando a Venezuela como arreglista y directora de orquesta. Siempre se mantuvo activa: escribió musicales; compuso, arregló, produjo y publicó decenas de álbumes. Finalmente, se radicó en Orlando, Florida, donde escribió arreglos para orquesta sinfónica y de cuerdas, y culminó su carrera como Profesora de Sonido y Tecnología Musical en el Valencia College durante 20 años.

Wendy Hawkinson falleció en Florida el 19 de diciembre de 2022. Pero su música, sus arreglos y su legado no se han callado.

Anamaría Correa                                      

anamariacorrea@gmail.com 

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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