El día de las tres madres

Me llama la atención es que, en casi toda América, donde también se celebra este Día de las Madres, se dice "Día de la Madre", no en plural, como casi siempre se ha hecho en Venezuela

El pasado domingo celebramos el Día de las Madres con una buena sopa de tortillas mexicana que me preparó César, mi hijo mayor y las obligadas videollamadas desde Madrid y Buenos Aires, donde se encuentran mis otros dos hijos: Juan Sebastián e Isa.

Esto trajo a mi memoria una cierta discusión que se presentó en mi casa, entre mis padres, Juan Correa y Magaly Feo, hace muchos años. Mientras mi mamá aseveraba que no debía celebrarse porque “las madres lo eran todos los días y eso era un invento del comercio”, mi papá trajo a colación que fue un homenaje creado en Valencia, nuestra ciudad, para honrar a las tres madres: la Virgen María, que es nuestra Madre del Cielo; la Madre Patria; y la madre del hombre.

Entonces mi padre, tal vez para que mi hermanito Miguel Ángel y yo viéramos la importancia del hecho, tomó el libro de su tío abuelo Francisco González Guinán, Tradiciones de mi pueblo, escrito en 1927, y buscó el capítulo que le dedica al Día de las Madres. En efecto, "el tío Panchito" contaba que el Dr. Jesús María Arcay Smith, el 24 de mayo de 1921, en su carácter de presidente de la Sociedad "Caridad y Concordia", inauguró solemnemente esta hermosa y moralizadora festividad.

Luego solicitó a la municipalidad que establecieran la celebración para el resto de las poblaciones del distrito, en conmemoración a los cien años de la Batalla de Carabobo, "en recuerdo y alabanza de las madres abnegadas y fuertes que dieron fruto heroico para conquistar, como en Carabobo, hace un siglo, glorias y libertades". La municipalidad, en respuesta, fijó como Día de las Madres el cuarto domingo de mayo. Al año siguiente, las madres ya tenían himno: letra del Dr. Luis Bouquet y música de Pedro Elías Gutiérrez. Sería hermoso rescatarlo, porque en aquella época era cantado por los alumnos de todos los colegios.

También consiguió el Dr. Jesús María Arcay Smith que ese día se repartiera entre los niños pobres la "Canastilla de Nuestra Señora de la Concordia", con ropa, calzado, útiles y juguetes. De igual manera, logró en 1925 que se erigiera una estatua en Italia, en mármol de Carrara, para las Tres Madres. Esa estatua estuvo mucho tiempo entre el Teatro Municipal y el edificio emblema de la Universidad de Carabobo. Ahora descansa en la Plaza de las Tres Madres, detrás de la Cruz Roja y del Centro Comercial La Galería. Muchos valencianos pasan frente a ella a diario sin saber su historia.

En aquel momento, la cabeza me dio vueltas. Yo era una niña de apenas ocho años y, de primeras, no entendí cómo Jesús María Arcay —a quien veía muy a menudo en la Universidad de Carabobo— hubiera podido hacer tantas cosas tantos años atrás. Trabajaba con mi papá en la recién fundada Escuela de Educación. Era un caballero alto y flaco, muy serio pero muy simpático, y se lo pregunté. Entonces mi papá nos aclaró que aquel era su padre, Jesús María Arcay Smith, y él era Jesús María Arcay Solá. Hoy en día también recuerdo a su esposa, doña Lilia Vizcarrondo de Arcay, un amor de persona. Ambos eran de comunión diaria.

Mis padres los querían mucho, tanto a él como a su esposa y a sus hijas. De hecho, Soledad, la segunda, fue siempre la primera en la Escuela de Educación, así decía mi papá. Fue la primera alumna en inscribirse; como su apellido era "Arcay", fue la primera de la lista, y como se graduó summa cum laude —porque fue la mejor alumna—, también ahí fue la primera. Definitivamente, Jesús María Arcay era para mí como un ídolo. Su catolicismo a ultranza, su honestidad, su cultura, su educación servían de modelo para cualquiera.

Tengo entendido que, cuando mi padre fundó la Escuela de Educación de la Universidad de Carabobo, en 1961, necesitaba un gerente honesto. Jesús María Arcay acababa de dejar su cargo como Secretario Administrativo del Concejo Municipal por razones estrictamente políticas, y mi padre lo contrató para gerenciar la nueva escuela. Fue todo un éxito.

Cuando iba a escribir este artículo para dedicárselo a Jesús María Arcay Smith, me encuentro con un texto hermosísimo de Francisco Jesús Velásquez Arcay, bisnieto del Dr. Arcay Smith, nieto de Arcay Solá e hijo de Soledad, dedicado a su madre, un Día de las Madres que, casualmente, Toby, mi hermano menor, llevó a sus redes el domingo pasado.

Mi mamá no cambió su concepto sobre ese día y jamás aceptó que le compráramos regalos ni le hiciéramos atenciones… hasta el día mágico en que, recién casada, mencioné que le haríamos un regalo a mi suegra, que sí creía en el Día de la Madre. Sus ojos se alumbraron y dijo: "Fíjate, desde hoy acepto regalos por el Día de la Madre, porque en un matrimonio las cosas se hacen por igual. Si le van a comprar algo a tu suegra, lo lógico es que a mí también me compren uno".

Lo que sí me llama la atención es que, en casi toda América, donde también se celebra este Día de las Madres, se dice "Día de la Madre", no en plural, como casi siempre se ha hecho en Venezuela. Y creo entender que se debe a que nosotros honramos a las tres madres sugeridas por el Dr. Jesús María Arcay Smith: la Madre de Dios, la Madre Patria y la madre del hombre.

Feliz Día de las Madres, aunque ya hayan pasado varios días. Pero como decía mi madre, el día de las madres es todos los días. Y en Valencia, también es un día para recordar a aquel doctor que, hace más de un siglo, nos enseñó a honrarlas con nombre propio.

anamariacorrea@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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El día de las tres madres

Anamaría Correa
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