COMPARTE

En 2016, comer se convirtió en un lujo para más del 80 por ciento de la población venezolana. Y en 2017, los precios elevados de todos los alimentos siguen impidiendo que el plato se llene con comida balanceada o al menos de un pan para saciar el hambre de quien ni siquiera cuenta con un salario mensual ni con la cesta ticket, porque actualmente solo una unidad de ese producto cuesta entre 120 y 180 bolívares si es salado y dulce, un poco más caro, pero comerlo solo, en ninguna de su presentación alimenta, porque es únicamente carbohidrato. Los elevados precios de las proteínas, los granos, los cereales, los lácteos, las hortalizas y las verduras, así como las frutas y demás alimentos de la dieta diaria hace que la mayoría de los hogares de Venezuela los mantengan vacíos y que la desnutrición haya aumentado sus índices. Según Antonio Ecarri, presidente de la Fundación Arturo Uslar Pietri, actualmente hay 10 millones entre niños y jóvenes mal nutridos o en peligro de padecerla, mientras que 4 millones de jóvenes en edad escolar se encuentran excluidos del sistema educativo, porque con hambre no hay educación.

Cada día, los alimentos se hacen más inaccesibles para la gente de Venezuela. Ya no hay comida barata, ni siquiera la que viene en las bolsas y cajas de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) porque a pesar de que los encargados de importar esos alimentos lo hacen con los dólares preferenciales a 10 bolívares, pero los venden a un precio inaccesible para la gran parte de la población. Y el carnet de la patria no hará el milagro de dispensar dinero a los venezolanos para adquirir esas cajas y bolsas del Clap, ahora llenas con productos hechos en México, pero no de calidad y adquiridos en Colon, Panamá.

Los alimentos cada día tienden a aumentar su precio, por su escasez y porque lo que se consiguen son importados y no producidos en el país, como en otros tiempos, pues el aparato productivo fue destruido por las manos de los oficialistas desde que se implantaron en el poder y acabaron con fincas, empresas y fabricas productoras de alimentos, por medio de la expropiación, la confiscación y la nacionalización o el control constante de la economía nacional, a través de organismos creados para eso e integrados por hombres y mujeres totalmente adoctrinados e ideologizados a favor del socialismo, como la Superintendencia de Precios Justos, SUNDDE.

Según la Federación Nacional de Aviculcutura, Fenavi, en 2016 hubo una reducción del 55% de la producción de carne de pollo, por cuanto alcanzo sólo 564 mil toneladas, mientras que en 2015 se produjo más de un millón de toneladas de aves. La causa de esa situación son la escasez de alimentos balanceados para animales, vacunas, vitaminas y otros insumos requeridos para el mantenimiento de la producción en ese sector. Se presume que esta realidad se agudizara en 2017 por la falta de dólares y la caída estrepitosa de las importaciones. La producción de huevos también se redujo. De acuerdo con las cifras aportadas durante el último mes reportado, el despacho de cajas de 360 unidades apenas alcanzó los 411 mil 329 piezas, es decir, 69 por ciento de lo logrado en octubre 2015, mientras que en cajas de huevo, frente a las 15,7 millones vendidas durante el último mes de 2015.

En relación con el azúcar, su precio en el mercado debería marcarse en un mil 530, más barato que los cuatro mil 800 ó cinco bolívares que cuesta el kilo de este producto importado, pero no hay la producción necesaria para abastecer el mercado interno. Aunque se espera que la zafra alcance los cuatro millones de toneladas de caña, es insuficiente por cuanto solo reportara 250 mil millones de toneladas de azúcar, un poco más del 20 por ciento de las necesidades del país, estimadas en 1,2 millones de toneladas al año. Todo esto sucede porque el sector cañicultero ha vuelto a la década de los 60, desde que el gobierno se apoderó de la mayoría de las centrales azucareras del país

COMPARTE
Anais Caldera
Licenciada en Comunicación Social, LUZ, 1987. Magister en Ciencias Políticas, UCV, 1993, y un Magister en Gestión Pública Local, Universidad de Granada, España, 2008. Experta en Gestión Pública Local, Granada, España, 2007. Especialista en Educación Ambiental, URU, 2005.
Artículo anteriorTodo tiene un límite
Artículo siguienteEntre Quijotes y Sancho panzas



Estimado lector: El Diario El Carabobeño es defensor de los valores democráticos y de la comunicación libre y plural, por lo que los invitamos a emitir sus comentarios con respeto. No está permitida la publicación de mensajes violentos, ofensivos, difamatorios o que infrinjan lo estipulado en el artículo 27 de la Ley de Responsabilidad en Radio, TV y Medios Electrónicos. Nos reservamos el derecho a eliminar los mensajes que incumplan esta normativa y serán suprimidos del portal los contenidos que violen la Constitución y las leyes.