Donald Trump, presidente de Estados Unidos (Foto Archivo)
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De acuerdo con los funcionarios de la Casa Blanca, el presidente Trump -un hombre cuya vida ha sido definida por el poder de la imagen y la televisión- tuvo una respuesta inmediata y visceral a las imágenes, pidiendo más información y opciones.

“Cruzó muchas líneas para mí”, dijo Trump sobre ese episodio en una conferencia de prensa al día siguiente. “Cuando matas a niños inocentes, bebés inocentes con un gas químico tan letal, eso cruza muchas, muchas líneas, más allá de una línea roja”.

Tengo una responsabilidad

Antes de ese momento, Trump había criticado el aventurerismo militar de sus predecesores en Medio Oriente, argumentando que era hora de pasar de las guerras en Irak y Afganistán a poner a “Estados Unidos primero”.

Trump había argumentado varias veces que las brutales acciones de Asad no eran realmente un problema de Estados Unidos y que el dictador sirio -y sus partidarios rusos- podrían incluso ser aliados en la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico.

Fue un giro completo. Ahora Trump quería una respuesta ante el ataque.

“Ahora tengo la responsabilidad, y tendré esa responsabilidad y la llevaré muy orgulloso”, dijo.

En 24 horas -una velocidad que sorprendió a los aliados e incluso a algunos dentro de la administración- militares y funcionarios de seguridad nacional habían presentado al presidente múltiples opciones.

La tarde del jueves, Trump ordenó lanzar una descarga de 59 misiles Tomahawk sobre la base aérea de Shayrat desde buques de la Armada de Estados Unidos en el Mediterráneo.

Era un despliegue abrumador de poder, pero menos arriesgado que volar sobre un área cubierta por el sistema de defensa antimisiles S-400 de Rusia y menos arriesgado que atacar el cuartel general militar sirio u objetivos del gobierno.

Desde el ambiente relajado de Mar-a-Lago, en Florida, donde se encontraba Trump, no había indicios de que el presidente hubiera ordenado un ataque que pudiera marcar su administración y alterar dramáticamente la dinámica geopolítica de Medio Oriente.

Trump, acostumbrado al liderazgo, se encontraba tan cómodo con su decisión que horas antes del ataque estaba haciendo chistes con el presidente chino Xi Jinping, que estaba hospedando en su resort en Florida.

Consecuencias inciertas 

Los altos funcionarios de la administración pintaron la decisión como una muestra de la fortaleza y resolución presidencial. ¿El mensaje? Hay un nuevo comandante a cargo.

Con Trump, no habría ninguna línea roja ignorada o deliberaciones durante meses para adoptar una acción, características de la administración de Barack Obama.

“Es decisivo, y no tengo ninguna duda de que él (Trump) quería ese contraste con la indecisión del presidente Obama sobre Siria”, dijo a la AFP Larry Sabato, director del Centro de Política de la Universidad de Virginia.

“Pero parte de esto también es preocupante, es un presidente que no sabe lo que no sabe, todos lo hemos visto”, añadió.

En medio de múltiples preguntas sobre la estrategia a largo plazo y la legalidad del ataque, los altos funcionarios de la administración han luchado para explicar la justificación más allá de la reacción de Trump.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, y el consejero de seguridad nacional, H.R. McMaster, presentaron el ataque como una respuesta específica a una violación específica de las normas sobre armas químicas, y también como una advertencia para el mundo en general de no meterse con Trump y Estados Unidos.

Al amanecer del viernes, desde Londres a Tokio, y de Teherán a Pyongyang, estaban tratando de averiguar si fue solo un ataque puntual o el disparo inicial de una nueva doctrina de Trump. La mayoría se inclinaba hacia la primera respuesta.

Incluso funcionarios de la Casa Blanca admitieron en privado que si bien el ataque a Siria puede repetirse, no es una posición necesariamente transferible a otras crisis.

Un ataque a Corea del Norte, admitió un funcionario bajo condición de anonimato, sería una acción mucho más fuerte.

Estados Unidos se está preparando para una respuesta de Asad o sus partidarios en Teherán a través de los milicianos de Hezbolá, pero la Casa Blanca admite que un ataque contra Pyongyang inducirá a una respuesta directa mucho más seria, dirigida a sus aliados Corea del Sur o Japón.

Lo que está claro del ataque es que Trump confía y actúa basado en sus propios instintos.

“Soy una persona muy instintiva, pero mi instinto resulta ser correcto”, comentó recientemente.

Sin embargo, Sabato dijo que “sólo hay un problema” con ese enfoque.

“Es un ser humano y sus instintos son tan imperfectos como los de cualquier otro”, dijo.

 




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