Foto: Archivo
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No llores papá. Yo voy a ganar un Mundial para ti”, le dijo el pequeño Edson Arantes a su padre al verlo destruido por la derrota de la selección de fútbol de Brasil contra Uruguay en 1950, en el histórico Maracanazo. Ocho años después, el joven que aún no llegaba a la mayoría de edad hizo su ascenso al trono del balompié para no abandonarlo jamás. Pelé cumplió su promesa.

La Copa del Mundo de 1958 no solo coronó a Brasil por primera vez en el lugar de mayor prestigio del deporte universal, sino también lo hizo con el para aquel entonces muchacho de apenas 17 años, quien con seis goles fue la máxima figura y revelación de la “canarinha” en el certamen que se definió un 28 de junio contra la selección anfitriona de Suecia por un contundente 5-2.

Pero más allá del título, que además significó el primero para un país fuera de su continente, aseguran los que saben que durante esa justa en el país nórdico se revolucionó el juego para siempre. Ese “Scratch” con nombres escritos en letras de oro como Garrincha, Vava, Zagallo y Nilton Santos como acompañantes de Pelé marcó un antes y un después en la forma de practicar el fútbol. El “Jogo Bonito” comenzó a deslumbrar al mundo.

Garrincha y Pelé nunca perdieron un juego mientras jugaron juntos con Brasil/ Foto: Archivo

No fue sencillo para el conjunto dirigido por el mítico Vicente Feola, antes tuvieron que atravesar los sinsabores del descalabro inolvidable en el 50, con su gente, al igual que en el 54 en Suiza donde se quedaron en cuartos de final. La frustración acumulada de una generación fracasada se unió con la ambición de la sangre nueva.

Antes del comienzo del torneo, referentes del equipo como el capitán  Bellini o el lateral izquierdo Nilton Santos, quien es considerado el pionero de lo que hoy se conoce como carrilero, una posición con vocación ofensiva que parte desde la retaguardia del campo, le mencionaron a Feola la necesidad de reforzar con piernas jóvenes al plantel. Fue así como ingresaron en la lista Pelé y Garrincha. Lo demás es historia.

EL TRAYECTO

Brasil quedó enmarcada en el Grupo D del Mundial junto a la Unión Soviética, Inglaterra y Austria. Los sudamericanos lograron concluir como líderes luego de ganar dos encuentros y empatar uno, aunque hubo un momento decisivo luego del segundo juego contra los ingleses, quienes llegaron a la justa golpeados por la tragedia del año anterior, cuando varios jugadores de la selección murieron en un accidente aéreo que involucró a la plantilla del Manchester United.

El partido contra ese equipo británico liderado por Bobby Charlton, uno de los sobrevivientes del siniestro, terminó igualado sin goles, y a pesar de que el debut resultó ganador para los brasileños contra los austriacos por 3-0, algo en el estilo de juego no terminaba de convencer ni a los aficionados ni a los propios jugadores, quienes observaban a Pelé y Garrincha sin mayores oportunidades en el banco. Santos tomó la iniciativa y habló con el estratega Feola “Si no juegan ellos, no lo hacemos nosotros”. La respuesta, lejos de quebrar al técnico, significó un acto aún más comprometedor: “Haré lo que ustedes pidan, porque si ganan o pierden serán los únicos responsables”.

Vicente Feola (al medio) dirigió a los brasileños en la gesta/ Foto: Archivo

Los jóvenes maravilla disputaron sus primeros minutos como titulares en el compromiso de cierre del grupo contra la URSS. Lev Yashin, considerado el mejor arquero de la época, vio por primera vez la gambeta endemoniada de Garrincha por las bandas, la habilidad despampanante de Pelé y los goles de Vavá, que definieron el 2-0 y el liderato.

En cuartos de final comenzó el protagonismo absoluto de “O Rei”. Marcó el único tanto del juego contra Gales, que a su vez lo consagró como el futbolista de menor edad en anotar en un certamen mundialista.

Contra Francia, el 10 realizó su propia exhibición futbolística. Los galos llegaban como favoritos para acceder a la final con Just Fontaine, que a la postre terminó como máximo goleador con 13 goles, hasta ahora una hazaña jamás igualada y Raymond Kopa, Balón de Oro de ese año, como principales cartas. Pero Pelé con tres goles tiró por el piso todo pronóstico previo y lideró la victoria 5-2 sobre los europeos.

 

Y llegó el partido definitorio. Los fantasmas del Maracaná comenzaron a rondar en Solna cuando apenas al cuarto minuto los suecos tomaron ventaja de la mano de Liedholm. Vavá, quien culminó con cinco dianas el campeonato, se encargó de darle vuelta, “El Lobo” Zagallo, el mismo que dirigió la máxima expresión de la alegría y el juego vistoso en un campo de fútbol durante México 70, y Pelé otra vez, por partida doble, sentenciaron otro 5-2, con una promesa de palabra finiquitada y otra que apenas daba sus primeras muestras de monarquía en las canchas, donde se convirtió en leyenda.

 

 




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