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Antes de la caída del muro de Berlín (noviembre 1989), había en el mundo 32 países a conducción comunista y en los 32 países había pobreza, subdesarrollo, miseria. Y por más que los empedernidos defensores de la ideología marxista trataran de buscarles justificaciones y excusas echándole la culpa a gobernantes incapaces, al imperialismo yankee o al embargo americano, la pobreza y la miseria de esos países ha sido una constatación irrefutable de que el “sistema” no sirve, de que los proyectos de realización política y económica del marxismo han rotundamente fracasado, en fín, de que los conceptos de Marx y de Engel ya no puede ser usados como argumentos válidos para solucionar los problemas del mundo. Setenta años de historia, desde la Rusia de Lenín y de Stalin hasta la Cuba castrista, han demostrado la ineficacia del marxismo para producir riqueza y lograr benestar.

Definitivamente entonces “el comunismo ha muerto”. Sin embargo en el mundo entero todavía hay millones de personas que, aún refutando abiertamente el apodo de comunista y ostentando falsamente una actitud democrática y liberal, siguen interpretando las relaciones sociales solamente a través de la lucha de clase, siguen considerando el capitalismo y el libre mercado como una forma de aprovechamiento y de explotación del hombre, tienen un rechazo natural hacia la propiedad privada  –  acuérdense de  Hugo Chávez cuando decía  que “ser rico es malo”   –   en otras palabras siguen siendo comunistas!

Y así esos comunistas disfrazados de seudo demócratas, están en  paciente espera del desarrollo de los acontecimientos para ofrecer a esa masa descontenta, utópicas igualdades, sobre la base de un programa marxista en el cual pero la palabra “marxismo” nunca aparece. Y no aparece por la sencilla razón de que esa palabra es sinónimo de fracaso, porque eso podría perjudicar las relaciones con países tradicionalmente democráticos, porque se tiene miedo de auyentar a los inversionistas como si esos señores fueran unos pobres desprevenidos que se fijan solamente en las apariencias y no en la substancia. Todo el mundo recuerda como el dictador cubano, Fidel Castro, a los seis meses de haber entrado en La Habana, dijo: Los imperialistas americanos, para comprometer nuestra gloriosa revolución dicen que somos comunistas: Mentira, mil veces mentira, solamente mentira!

Sin embargo, aunque parezca una paradoja, esta situación  ahora es más peligrosa y al mismo tiempo más fuerte que antes. Es más peligrosa porque, habiendo perdido la dignidad y el pundonor de presentarse como representantes de un partido político transparente e identificado con la izquierda proletaria comunista, opera de una forma subdola y falsa y es más fuerte  porque ahora gozan del apoyo activo, aunque a mi manera de ver realmente incomprensible, de una parte del clero. Por lo que concierne Venezuela, con distintos parámetros pero con los mismos resultados, estamos viviendo una situación similar. En efecto, tanto nuestro presidente como el fallecido Chávez, en repetidas oportunidades han declardo publicamente que ellos no son ni nunca han sido comunistas, a pesar de que el mismo Chávez ha militado en la “juventud comunista, célula Che Guevara”. Sin embargo sus ideas, en lo que a planificación económica se refiere, demuestran todo lo contrario. Esta, mis queridos amigos, es la irreversibile mentalidad comunista que, una vez asimilada es dificil desarraigar. Es por eso que sostengo que “el comunismo ha muerto, más los comunistas no”.

Desde Italia

 




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