¿Sabemos, aunque fuese poco claro, quiénes somos, y hacia dónde vamos en nuestras vidas? ¿Aunque sean sólo esas dos orientaciones de nuestra existencia?

¡Una impresionante cantidad de personas, incluidos de todos los niveles de edad, de educación, y de formación laboral, presentan una abierta falla de conocimiento cuando les preguntamos cuáles son, tanto el propósito, como el significado de sus vidas. Algo así, como si se estuviese ante la situación del capitán de un barco que, a diario, sale a navegar y apenas sabe cuál es el nombre del puerto destino.

Quizás, no dudemos sobre el trabajo y la eficacia de ese navegante; pero, aparte de los riesgos y fallas a encontrar, ¿que podríamos pensar sobre su motivación, sobre su rendimiento intelectual y técnica, y sobre su afectación en riesgos de su salud física y mental?

La formación integral del ser humano es una acción permanente, con total trascendencia futura. Los expertos establecen conexión entre un claro sentido de futuro, la calidad de vida y la longevidad.

Sin embargo, con nuestro organismo recibimos mensajes que nos amenazan de enfermedad y muerte, y no nos movemos a cambiar los hábitos. Atrapados en nuestro ego, nos plantamos firmes, en una defensa férrea ante todo comentario, que no nos agrade. ¡Como si nos hiciéramos los sordos!

Derribar resistencias psíquicas es difícil, pero puede lograrse después de una experiencia emocional dolorosa; como lo que se ha visto en los pacientes con cáncer, que deben hacer grandes cambios en sus vidas para salir beneficiados.

La idea central es que los estímulos positivos, una vez que han sido asimilados, nos impulsan a luchar. El mensaje es que estar sano es nuestro gran motivador, y así la vida se vive más placentera.

Es necesario encontrar motivación, un propósito de vida, y un mensaje interior poderoso, que nos impulse a avanzar; que sea mucho más importante que el mantenido por mucho tiempo (si existió alguno).

No confundamos paciencia, conducta moderada y analítica, con resistencia rígida, cerrada y obtusa, sin que cambiemos (¡ya!) los hábitos que entorpecen la vida. Introducir la torpeza y los abusos en nuestras conductas, es como inyectar veneno en nuestras venas.

Uno de los secretos para encontrar los apetecidos momentos la denominada felicidad, es “aprender a dar, sin que esperemos recibir algo a cambio. Recordemos que la felicidad no es una meta o final que nos proponemos alcanzar, sino un trayecto que se disfruta mientras vivimos (gozamos) su realización.

Esos instantes de felicidad, que pocas veces creamos y recreamos, son caminos que se recorren en positivo, un andar que disfrutamos en presente y en circunstancias concretas.

Ese es un poderoso argumento para disfrutar de cada momento, como si en él se combinaran el pasado, el presente y el futuro de nuestras vidas. Recordemos que la felicidad no está en los años, meses, o semanas que vayamos acumulando, como en una lotería de la vida; no es el final de una sumatoria de nuestras acciones, ni el aprendizaje que venga en un librito de recetas.

¡Mucha gente que espera les llegue la felicidad, es cada vez más ansiosa, y se cargan de angustias, esperando esa felicidad, que ellos mismos buscan inventar, cada día y hora, sin considerar que sólo ellos pueden logarlo, si bajan y bajan los niveles de angustias y ansiedad, que han acumulado!

La felicidad sólo se la puede encontrar en presente, en cada momento. “Hoy es el mañana del ayer”.

Y volviendo al principio, le preguntamos, ahora:

¿Le da usted un significado y propósito a su Vida?

¡Si quiere soñar, hágalo; pero despierto!




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