Domingo de palabras a meditar …

“Converso a diario con el hombre que siempre va conmigo. Quien habla solo, espera hablar a Dios un día”. Preciadas palabras, estas, del gran poeta y luchador español Antonio Machado. Se refería, creemos, a su conciencia. Sus palabras salieron airosas, desprendidas, desde lo más profundo de un ser que era perseguido. Hoy, podemos comprenderlas más, disfrutarlas en beneficio de la vida. ¡Un día como hoy, que no es un día cualquiera!

Hagamos que este día sea lleno de optimismo; pero cuidémonos, respiremos profundo, porque de equivocarnos podría resultar un día menos, si es que al deprimirnos nos entregamos al infortunio irresponsable. ¡Levantemos nuestra consciencia y no olvidemos que en cada ser humano está depositada una gran responsabilidad planetaria!

¡Este planeta azul, la Tierra, nuestro y único, ¡es amor diario! ¡Ha sido así, cuando queremos verlo así! Pero por todos lados, con un respirar angustiante, se habla de ecología agonizante; suenan hirientes las alarmas del planeta amenazado. ¡El amor que se nos quema! ¿Un amor que a la vista, y a diario, se nos hace cenizas, que se nos llena de escorias?

Las angustias sobre las que conversamos más cada día NO son una simple moda de los intelectuales gritones, agitadores y criticones; es la sentida amenaza de una muerte, real, de nuestra casa común y lugar de residencia. Es el ruido sumativo y las amenazas de los elementos de destrucción. Es el sonido de los retos que se le hace a la responsabilidad ciudadana y planetaria. ¡Una creciente preocupación moviliza nuestros sentimientos! ¡Busquemos compañía, y no salgamos disparados!

¿Estamos preparados para afrontar este reto? En lamento hiriente, se expresó Bob Hunter, ecologista y enamorado del planeta azul, cuando dijo: “¡Qué triste será cuando el último árbol sea cortado, cuando el último río desaparezca envenenado en lodo químico, y el último pez aparezca muerto en la soledad de una playa contaminada; descubriremos, entonces, el drama de saber que no podemos comernos el dinero que hemos amasado” ¡Descubriremos con pesar que somos ricos, sin capacidad de comprar felicidad o belleza! …

En la naturaleza amenazada todo se mide en magnitudes, en el vínculo espectacular del Ser. Hay lugar para sentir las cosas ínfimas y vivir los sentimientos infinitos. ¡Orientarnos hacia lo positivo es el único sentido de valor! Lo dijo Walt Whitman, el poeta grande adorador del yo y del nosotros, del vigor, del sudor y del ardor, para quien, en la construcción de lo Nuevo todo es sagrado y todo es importante, dijo que: “Una brizna de hierba no es inferior a la jornada sideral de las estrellas”.

Poeta vibrante, Whitman, con plena firmeza tambien dijo: “Yo sé que el pasado fue grande y que el futuro será grandioso; y que ambos se unen en el presente, y que donde estoy y estamos hoy está el centro de todos los días, de todas las razas”. Es el optimismo de Whitman!

¡En estos vigores de toda buena orientación está presente el rescate de nuestro planeta, de nuestro futuro, de todo lo que se espera de nuestra naturaleza, amenazada de muerte por nosotros! ¡La victima de nosotros! ¿Sera posible?

¡Hagamos un replanteamiento! ¡Hablemos en más claridad, aún! ¡Oigamos!

La naturaleza y la vida necesitan del complemento entre sus unidades, para manifestarse y continuar el viaje infinito hacia el futuro. Necesitan la armonía de sus esencias para crecer y perfeccionar sus bellezas. Sobre esta excelencia de lo natural y de la vida, Walt Whitman, el poeta, nos paseó en su narrativa, cuando dijo: “No torturo mi espíritu ni para defenderlo ni para que me comprendan. Yo sé que las leyes elementales jamás piden perdón (existen para ejecutarse). Por eso, existo tal cual soy. Si nadie en el mundo me ve, me siento contento; y si todos me ven, también estoy contento. Yo soy el poeta de la mujer, tanto como el poeta del hombre. Y digo que en la naturaleza es tan grande ser mujer como ser hombre, pero nada hay tan grande como ser la madre de los hombres.” Es la grandeza de todos los seres, en sus máximas y dignidades, en sus responsabilidades y en sus existencias.

¡Cada Ser humano es el centro, el principio y fin en su naturaleza! “Entre todas las gentes (escribió Whitman), me considero a mí mismo no más y no menos que un grano de cebada, y sea bueno o malo lo que diga de mí, lo será también lo que diga de la gente”.[…] Aspiro el aire, pero aun dejo bastante para los demás”.

¡De la totalidad venimos; hacia esa totalidad vamos! ¡Entendamos al planeta! ¡Cuidémosle! ¡Atendámosle! ¡Pero, tengamos un sumo cuidado y sabiduría, porque pensar ayuda, pero también destruye! Muchos siglos atrás, el Buda, ya anciano, maestro y visionario, pareció encontrarle armonía a la vida; leyó notas de musicalidad para la vida, y comentó que “toda persona sabia es aquélla que, dondequiera que fuese y dondequiera que estuviese, sepa escuchar la música (armonía) que sale de la vida, porque la vida es música”. ¡Cantémosle también a la vida, con la buena música!

Hernani Zambrano Giménez, PhD.

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