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Cuando un presidente no entiende que bien administrar un país es saber gobernarlo para que progrese para que la salud de sus ciudadanos sea lo importante, no lo subalterno y no ser un payaso que demuestre sus condiciones de bailarín y que no sea su verborrea insulsa, su demagogia barata y mala lo que más le interese demostrar a sus gobernados, es porque piensa que una nación es sólo un conglomerado humano y no un circo y que él, el jefe del gobierno, es más bien un payaso, un gritón a ultranza que “regañe” a sus gobernados y ofenda y hasta encarcele a quienes piensen diferente a él.

Aunque el país cada día se hunda sin importarle que éste se arruine porque su economía, aun cuando cuente con los mayores y mejores recursos naturales no sirvan sino para regalarlos a otros. Que no sirvan de ejemplo para conducir al que gobierna sino en ejemplo para el mundo entero especialmente cuyos ciudadanos no eligieran en la creencia que era el mejor, no una marioneta de una dictadura que en sesenta años ha despojado a un territorio de su capital humano, pues la mayoría ha tenido que marcharse a otro lugar para vivir como persona, ni siquiera como un animal perdido en la selva de su ignorancia, y que para alimentarse debe transformarse en escatófago, o sea, que tenga que comer excremento y no lo que la constitución le ofrece y garantiza.

A eso hemos llegado los venezolanos cuando el régimen es nuestro enemigo, no nuestro protector, como la suprema ley le ordena y le obliga. Hoy nuestro signo monetario no vale un “ardite”, moneda de poco valor, al bolívar no lo quieren ni los mendigos, pues estos prefieren un pan o un kilo de cualquier grano antes que un “billete” sea el monto que fuera porque ha sido emitido sin garantía alguna. Hasta el propio Alfred Hitchcok se asombraría al ver como este país se hunde cada día sin esperanzas de que su situación mejore. El narcótico del “castrismo” ha envenenado, ha embriagado, al que ayer fue el modelo del progreso y la estabilidad.

Que sepan los capitostes de este régimen, acusado de narcotraficante, que esos miles de jóvenes que cada día salen a las calles de toda Venezuela, son los herederos de los héroes de los patriotas, del 19 de abril de 1810 que dijeron a la monarquía española, a la cabeza de Simón Bolívar ¡No los queremos! Hoy son los mismos que rechazan a una dictadura más de las que han envilecido al país, aquel ignorado país de los que se arrodillaban ante los Borbones cuyo rey Fernando VII, que una minoría llamaba “el deseado” como estos de aquí aún siguen y obedecen los Castro a quien realmente prefieren, no a Bolívar como ellos expresan que cual mendaces dicen “seguir” cuando a lo que realmente siguen son los bolívares de cuyos miles de millones han despojado al pueblo que ellos dicen defender. ¡No! No, el circo que el “chavismo” ha instalado en Venezuela, fracasó y a medida que transcurran los días ese fracaso aumenta, si así no fuera no estaría el pueblo muriendo, defendiendo el honor de Venezuela. Muertos nuestros jóvenes le están diciendo a los legatarios de Castro y Chávez ¡Váyanse muy lejos, no sigan destruyendo a Venezuela! ¡Basta! Ya la historia los condenó.

 

APOSTILLA

Venezuela es víctima de estupro. El diccionario de la RAE define la palabra estupro como aquel coito obtenido bajo engaño, dinero o la fuerza, éste es el caso de nuestro país donde un “tal Chávez” como buen comediante ofreció todo para engañar a la mayoría que para entonces creyera sus mentiras, después de haber abrazado a Fidel castro, hecho suficiente para dudar de su franqueza, de su honestidad y lealtad. El resultado de ese “teatro” lo estamos viendo hoy con un país arruinado y con casi cien muertos de jóvenes que han ofrendado su vida en aras de alcanzar la libertad que los comunistas nos han ido arrancando a través de 18 años de malversación de lo que no es de los civiles y militares que para enriquecerse han vendido la Patria al “castrismo”.

En este mismo artículo lo decíamos, la sangre de los héroes de la independencia continuará viva y ella nos servirá de abono para que Venezuela no termine de caer en el fango de la humillación de quienes no han hecho otra cosa que “entregar su alma al Diablo” como dice el viejo refrán.




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