"El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan".
Arnold Toynbee.
A pesar de la profunda carga negativa que la mayoría de los venezolanos asocian hoy a la política, el desarrollo del pensamiento occidental —desde los griegos en adelante— nos demuestra que esta es, en esencia, una de las actividades más nobles y elevadas del ser humano. La historia está llena de estadistas que, en su momento, lograron el equilibrio fundamental entre la guerra y la paz.
Hoy sabemos, ya sea por instinto o por deducción, que la política es un factor decisivo en nuestras vidas; una realidad que penetra, se filtra y se cuela por cada rendija de nuestra cotidianidad.
Así las cosas, haber dejado la política exclusivamente en manos de los políticos profesionales ha sido el error más costoso de nuestra historia contemporánea. Nos replegamos a nuestros asuntos privados —nos convertimos, en el sentido griego, en aquellos idiōtēs que ignoraban lo colectivo— y el vacío fue llenado por la politiquería más rapaz. El resultado de ese abandono es la terrible travesía que hoy padecemos todos los venezolanos.
La reconstrucción de Venezuela y el rescate de su dignidad no pueden depender de una franquicia partidista ni de un mesías de turno. Dependen de ti.
Participar en la política no exige militancia, no requiere que te inscribas en un partido, ni que cargues banderas ideológicas que no te representan. Significa, fundamentalmente:
Vencer la indiferencia: Dejar de ser espectadores pasivos de destrucción económica y social.
Asumir la contraloría social: Exigir cuentas, auditar desde nuestras comunidades, colegios profesionales, universidades y sindicatos.
Reclamar el espacio público: Discutir el país que queremos en cada esquina, mesa y asamblea local, arrebatándole el monopolio de la palabra a los sospechosos de siempre.
Ejercer el poder de la organización: Apoyar y articular iniciativas civiles, vecinales y humanitarias que demuestren que el ciudadano puede resolver lo que el Estado ha abandonado.
El compromiso de rescatar a Venezuela de este fango es ineludible e impostergable. Si seguimos delegando el destino de la nación por desprecio a la "clase política", la politiquería seguirá gobernando nuestras vidas.
Llegó la hora de dar el paso definitivo. Dejemos atrás la condición de "idiotas" aislados en la que pretendieron confinarnos y asumamos, con orgullo y valentía, el rol que la historia nos demanda: el de ciudadanos activos. La verdadera política empieza cuando decides involucrarte.




