Federico Chang, monseñor Del Prette y Salvador Castillo

La Academia de la Historia decidió por unanimidad otorgar a Salvador Castillo el "Premio Venezolano de Conservación del Patrimonio Histórico y Cultural".

Federico Chang es un empresario chino-venezolano, hijo de Ramón Chang y de Helena Chao, a quien, por cierto, quiero enormemente desde hace muchísimos años. La señora Helena era quien me atendía con tanta amabilidad en su juguetería, en El Viñedo, al lado del restaurante de su esposo, y que tanto amaban mis hijos. Creo que todas las semanas pasábamos por ahí, porque no solo tenían juguetes de todos los tamaños, para todos los gustos y a buen precio, sino que también vendían productos para el hogar. Como decimos en criollo, “no salíamos de allí”.

Los Chang cumplieron en 2025 cien años en el país, y el Lay Yin China Bistró, sesenta y ocho. Quizás por esta razón, Federico es más valenciano que El Morro y, como buen valenciano, ama su gente y su historia. Recuerda siempre con cariño sus reuniones con el arzobispo Reinaldo Del Prette, quien grabó en su memoria la frase: “No dejemos a nuestra Valencia huérfana de su historia”. Fue Federico quien, gracias a su editorial “Panda”, rescató “In-Fórmate”, revista valenciana fundada por Don Pedro Rojas en 1973, convirtiéndola en Patrimonio Cultural de Valencia; y nadie mejor que su amigo, el periodista Salvador Castillo, para dirigir las ediciones.

Hace unos meses, formó una comisión con el fin de realizar actos que ayudaran a ciertas labores o instituciones invisibles (dándoles el nombre con el que las bautizó Simón García) y comenzamos con “los almuerzos solidarios”, propulsados por el cardenal Diego Padrón. Fue todo maravilloso. Un acto que quedará en la memoria y el corazón de muchos porque, además de apoyar la obra del cardenal Padrón, asistimos sin saberlo al último concierto de Jorge Chapellín.

Pero Federico no se queda quieto nunca. En una oportunidad le mostré el borrador de mi libro de cuentos carabobeños de historias extrañas y, de inmediato, dijo que había que consultarlo con su director-editor. Así fue como el periodista Castillo se nos acercó. No puedo negar que sentí un “sustico” en el estómago. Salvador estudió mi libro, que titulé “Entre Sombras y Leyendas” y, luego de leer varias páginas, me hizo unas cuantas preguntas y autorizó su publicación. Mi alegría, nada disimulada, me hizo entender los comentarios sanos de algunos periodistas que lo conocían desde hacía muchos años, sobre su carácter y su afán de perfección.

Salvador Castillo significa mucho para Valencia, y no me extraña que cada periodista o articulista tenga alguna anécdota con él, sobre todo quien tuvo relación con El Carabobeño, nuestro icónico diario. Mi hermano Juan Pablo, que comenzó a publicar sus artículos a los dieciséis años gracias a nuestro amado vecino, el Dr. Rafael Betancourt Moreno (quien, como ya comenté una vez, lo invitó a escribir en su columna "Sotavento"), lo hizo tan bien que le permitieron escribir su propia columna, “Músicus”, la cual tiene ya más de un año de regreso en este nuevo sistema digital.

Pues bien, Juan Pablo cuenta que, a mediados de los años ochenta, veía a Salvador Castillo como a un dios romano. Si este alzaba el dedo pulgar, el trabajo estaba aprobado; si no, había que repetirlo. En pocas palabras, tenía el “Dedo Neroniano”. Rafael Betancourt lo llamaba “Don Salva”, y una noche invitó a Juan Pablo -de tan solo dieciséis años- a una pequeña recepción con él. Fue la única vez que mi hermano compartió con Castillo, y para su sorpresa, conoció a un hombre muy distinto al que imaginaba: humano y encantador. Aquel gesto definitivo del pulgar, símbolo de una autoridad casi mitológica, se transformaba, en la cercanía, en la calidez de una persona real.

Ahora, cuando digo que Federico no se queda quieto, me refiero a que luego se le ocurrió no solo enaltecer a Monseñor Del Prette, proponiendo una orden que lleve su nombre, sino homenajear a Salvador Castillo: “Hay que rendir homenaje a las personas mientras estén vivas, que entiendan lo agradecidos que estamos”.

Nos reunimos en el salón Shangai del Lay Yin China Bistró representantes del clero: el Cardenal Diego Padrón y Monseñor José Jiménez; instituciones culturales y gremiales como La Academia de la Historia, el Colegio Nacional de Periodistas seccional Carabobo, la Sociedad Amigos de Valencia, el Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela; representantes de la Universidad José Antonio Páez y de la Universidad de Carabobo; delegados del Colegio de Médicos y de la Asociación de Ejecutivos del estado Carabobo. Y, por supuesto, sus amigos personales y sus hijos.

Esta convergencia multisectorial demostró que el reconocimiento a Salvador Castillo trascendía el ámbito puramente periodístico para convertirse en un homenaje de toda la sociedad carabobeña a un hombre cuya labor ha impactado múltiples dimensiones de la vida regional.

Lo mejor fue que Salvador Castillo asistió. Se le había convocado a una reunión donde se plantearía la idea de fundar la “Orden Monseñor Reinaldo Del Prette”. Si se le hubiera mencionado que él también sería homenajeado, no hubiera ido, así de sencillo es él.

El momento más emocionante de la noche llegó cuando José Alfredo Sabatino Pizzolante, presidente de la Academia de la Historia en Carabobo, tomó la palabra. Tras aplaudir la iniciativa de Federico Chang, anunció una decisión que emocionó a todos los presentes: la Academia, desde octubre del año pasado, había decidido, por unanimidad, otorgar a Salvador Castillo el "Premio Venezolano de Conservación del Patrimonio Histórico y Cultural".

Este reconocimiento no es un simple galardón. Representa la consagración institucional a una carrera dedicada no solo a informar, sino a preservar la memoria colectiva de Carabobo. Como bien señaló Sabatino Pizzolante, "los homenajes deben hacerse en vida", principio que guio esta decisión.

La ovación que siguió al anuncio fue cerrada y de pie, reflejando el afecto y respeto que este icónico periodista ha ganado a lo largo de décadas de ejercicio profesional. Entre los aplausos se mezclaban, como era de esperarse, familiares, amigos, periodistas, historiadores, empresarios, académicos y representantes de diversas instituciones que habían acudido al llamado. Nos dieron la oportunidad de hablar por micrófono a casi todos. Los periodistas que habían trabajado con él lo hicieron con el corazón, le agradecieron sus enseñanzas y sus consejos, y compartieron sus famosas frases, como: “No tengo tiempo de perder tiempo” o “el periodismo tiene una bandera: la imparcialidad”. Andrés Eloy Blanco, presidente del Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela, aprovechó la ocasión para otorgarle a Salvador el Botón de Honor de su institución. Y todo esto bajo la animación de Otto Alejandro Moreno.

No me queda más que agradecer a Federico Chang por esta hermosa celebración; a Reinaldo Del Prette, por su amor a Valencia, que todavía, aún en su ausencia, se siente; a todos los asistentes al acto y, por supuesto, al protagonista, Salvador Castillo. Seguiremos celebrando, sin olvidar la propuesta de Federico Chang de crear también la Orden Salvador Castillo.

Anamaría Correaanamariacorrea@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Anamaría Correa
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