Nancy Rodríguez vive en la urbanización Araguaney de Flor Amarillo, pasa la mayor parte de la semana anhelando que llegue el agua por tubería, pero cuando esto ocurre, su ilusión se desvanece porque el líquido que sale del grifo es marrón y con olor fétido.

En el sector, el suministro de agua por tubería se realiza dos veces por semana. Cada vez que esto ocurre, Rodríguez corre a almacenar el agua aunque sabe que no la podrá utilizar para cocinar ni consumir, debido a las características que presenta el líquido.

La vecina invierte 50 mil bolívares interdiarios en un botellón de agua potable para completar sus quehaceres, pero hay días en los que no tiene dinero para comprarlo. “Es fuerte. Le tengo que pedir ayuda a mi hija para que me traiga un poquito de agua de otro lado para yo poder cocinar”.

En ocasiones, los vecinos del sector B de la urbanización ubicada en la parroquia Rafael Urdaneta de Valencia, se ponen de acuerdo y entre todos reúnen 25 dólares para comprar los servicios de un camión cisterna. “El agua que llega tiene hedores fuertes, casi igual al de la cloacas. Llega sucia, negra y dura muy pocos minutos”, destacó Orelbis Montilla, habitante de la urbanización.

Orelbis Montilla, habitante de la urbanización Araguaney (Foto Rosimar Sánchez)

Montilla indicó que los vecinos no solo enfrentan las fallas en el suministro de agua en medio de la pandemia por COVID-19, cuando el lavado frecuente de manos es recomendable para evitar la propagación del virus, sino que también tienen que lidiar con la contaminación y olores nauseabundos que produce un bote de aguas negras en la manzana entre el sector B9 y B10.

(Foto Rosimar Sánchez)

Hace cuatro años colapsó la red de aguas cloacales en la urbanización, desde entonces esperan que las autoridades municipales atiendan la denuncia de los vecinos.

(Foto Rosimar Sánchez)

Convivir entre aguas negras les ha provocado afecciones respiratorias y de la piel, además de problemas gastrointestinales. “Hay niños a los que les han salido ronchas en la cabeza y hay personas con problemas graves del estómago. Esto es un problema de salud muy grave”.

(Foto Rosimar Sánchez)

La vecina Yaranís Díaz recordó que durante cuatro años han consignado denuncias ante la Alcaldía de Valencia e Hidrocentro, pero no les han dado respuesta efectiva. “Lo que nos dicen es que no tienen el vacuum para destapar esto”.

Yaranís Díaz, vecina (Foto Rosimar Sánchez)

El bote de aguas negras ha provocado la proliferación de moscas y mosquitos. “Si no nos contagiamos de COVID-19, nos vamos a contagiar de cualquier otro tipo de enfermedad”.

(Foto Rosimar Sánchez)

Vialidad deteriorada y falta de alumbrado público

Desde la urbanización Araguaney hasta el centro comercial Arboral son aproximadamente tres kilómetros y medio, distancia que a diario caminan los vecinos por la falta de transporte público.

Solo una línea cubre esa ruta, pero debido al deterioro de la capa asfáltica los choferes se niegan a pasar por la vía.

Díaz señaló que la Alcaldía de Valencia inició los trabajos de asfaltado, sin embargo, cuando decretaron el estado de alarma por COVID-19 hace cuatro meses, las labores se paralizaron.

En las largas caminatas que emprenden los vecinos son víctimas de la delincuencia porque no hay patrullaje policial. Cuando está por caer la noche el temor se incrementa porque no hay alumbrado público en la zona.

Los habitantes compraron los bombillos para los postes, pero se han ido quemando y no tienen cómo reponerlos. Denunciaron que en la oscuridad los delincuentes aprovechan para hacer atracos dentro de las casas.

Caño La Negra

Yaranís Díaz rechazó que en lo que va de año no se le ha hecho mantenimiento al caño La Negra que está detrás de la urbanización.

Con la llegada de las lluvias temen que el monte y otros desechos impidan el paso de las aguas pluviales y se produzcan inundaciones en el sector.

Retraso en distribución de gas doméstico

Nancy Rodríguez tiene más de tres meses cocinando con leña tras la falta de gas doméstico. En las últimas semanas compró un espiral eléctrico para preparar los alimentos, porque el humo de la leña le estaba afectando sus pulmones.

Pensó que con el espiral eléctrico solucionaría, pero cuando se va la electricidad no tiene cómo cocinar.

Los cortes eléctricos son frecuentes y no programados. El domingo pasado la falta de energía eléctrica se produjo desde las 9:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde. Durante ese tiempo, Rodríguez comió pan solo “porque es duro estar pasando hambre”.

Las constantes fallas en los servicios básicos hace que los habitantes de la urbanización Araguaney de Flor Amarillo se sientan abandonados por las autoridades. “Araguaney tiene más de cuatro años en completo abandono por los entes gubernamentales”.




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