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Con regocijo informamos que, el centro de Valencia, está siendo acondicionado de manera satisfactoria como corresponde a una ciudad con abolengo histórico. No son grandes obras pero se está  poniendo atención a detalles que, por el abandono, nos presentaban como la tierra de nadie,donde cada quien hacía lo que le venía en ganas. Apreciar que se está poniendo orden y que la gente está obedeciendo es altamente satisfactorio. La Plaza Bolívar ha sido rescatada y sus centenarios árboles, que estaban dando señales de que se iban a secar, fueron podados y ahora sus copas están frondosas de donde descienden simpáticas ardillas a recibir las cotufas y caramelos que les llevan los niños. Las que están desaparecidas son las iguanas que, por estar en su medio ambiente, paseaban sobre el  granito sin temor a los visitantes. Las jardineras están cuidadas con matas de capacho amarillos y rojos que están florecidas. El lugar es de placidez es agradable por lo cual provoca sentarse, en los bancos de hierro forjado, para contemplar el espléndido monolito sobre el cual está la estatua de pie del Libertador Simón Bolívar, en mármol blanco de Carrara señalando hacia el Campo de Carabobo donde se logró la Independencia de Venezuela, el 24 de Junio  de 1821

Las edificaciones aledañas han sido pintadas con colores adecuados y se han hecho mejoras en el conjunto arquitectónico creando armonía urbana a lo que ha contribuído mucho el desalojo de los buhoneros que se habían cogido, para ellos, las calles completas por lo cual no debe cederse, ante ninguna presión, para que regresen a fin de año los vendedores ambulantes. Para ellos está reservada la avenida Lara,

Sin planificarlo y sin que nadie nos haya invitado, dimos un paseo que nos llenó de satisfacción. Nos encontramos conque la Catedral no cierra los mediodías, lo cual permite a los feligreses tener un encuentro con Dios antes  o después del almuerzo. El día que fuimos, era la fiesta de San Antonio de Padua, cuya imagen estaba decorada de manera atractiva, con flores tropicales, lo mismo que el Corazón de Jesús cuya fiesta se aproxima. Se puede afirmar que, este templo, es uno de los más bellos y elegantes del país, que debe ser protegido, como una joya, porque, para que se le vuelva a hacer una restauración, como la que se le hizo, han de pasar muchos años. El frente de la curia, al lado del templo, fue pintado de rojo ladrillo o bermellón y la antigua sede del club Centro de Amigos, donde funciona el centro cultural Alexis Mujica, tiene colores grises y blancos, muy sobrios. El antiguo Cine Imperio  fue dedicado para cursos y espectáculos de nuevas expresiones artísticas y deportivas de los jóvenes. Hacia el sur, luce recién pintada, la farmacia La Torre que siempre estaba surtida, por lo cual se afirmaba que, si allí no había, no siguiera buscando en otra parte, pero ahora la clientela se va descontenta porque como la respuesta constante es que no hay. Nos hizo recordar un refrán valenciano, que se escuchaba hasta la década de los 70, cuando una persona tenía mala conducta, sin ánimo de rectificar: está como la farmacia de Los Guayos, porque esta tenía sus estantes vacíos y no tenía remedios. Claro La Torre no está así, pero casi nunca se consigue lo que se anda buscando, con excepción de  remedios caseros preparados con fórmulas propias muy antiguas.

La panadería La Torre, otro otro emblema del centro, estaba cerrada, por falta de harina de trigo. Por allí cerca se mantiene, desde las dos de la tarde, Paco Aparicio ofreciendo sus deliciosas cotufas y unas hermosas morenas que venden dulces típicos de la costa colombiana: turrones, besitos de coco y cortados a 1.500 bolívares la ración. Las tiendas están poco surtidas y los compradores están escasos. La prostitución femenina masculina mantiene su cuartel general en la avenida Boyacá en los cruces de las calles Libertad e Independencia. Por allí hay que ser expertos -si no hablan- para distinguir quienes son hombres o mujeres.

SORPRESA EN LA CASA PÁEZ

Caminando por las tranquilas calles del centro de la ciudad, mientras en el norte no cesaban las protestas en contra del gobierno de Nicolás Maduro, llegamos a la esquina de la calle Páez con Boyacá donde se encuentra la histórica casa que fue residencia y despacho del general José Antonio Páez, entre 1830 y 1831, cuando era presidente de la República, después de la separación de Venezuela de la Gran Colombia.

En los primeros meses de la gestión del gobernador Francisco Ameliach, el inmueble fue desmantelado con el pretexto de que iba a ser restaurado, lo cual no ocurrió y fue motivo de nuestras protestas, porque, antes de la intervención, la casona estaba mantenida y considerada el único museo que había en Valencia. No volvimos a pasar por allí hasta que, un día, regresamos y nos encontramos con la amabilidad de Alonso Naveda, quien, en su cargo de coordinador, había iniciado, con esmero, un proceso de rescate del inmueble que no tenía el esplendor que le había dado el fallecido Luis Ovalles, como curador de la Casa.

En esta última visita, nos sorprendimos al encontrar que se han hecho trabajos de mantenimiento considerables para devolverle su condición de museo. Los históricos murales, pintados por Pedro Castillo, abuelo de Arturo Michelena, de acuerdo con las indicaciones del general Páez, sobre las batallas en las que participó durante la guerra de Independencia no han sido restaurados, porque para ello se necesita la participación del Instituto de Conservación del Patrimonio Histórico de la Nación y muchos recursos financieros. Pero se les hizo una limpieza y se puso protección, en las paredes de la parte norte, para que la humedad no continúe deteriorando los murales de ese sector manchados por el agua. La decoración de las salas, que tienen murales con episodios de la historia universal antigua, pintados también por Pedro Castillo, y los muebles están conservados. Se ha recuperado la luminosidad de esta bella casa, en cuyo jardín central han resurgido, como  ave fénix, el centenario árbol de tamarindo, un chaguaramo y el de malagueta que, en las noches, perfuma el ambiente con olores de “bay rum”.

La joven Angelina Morales, coordinadora del Museo Casa Páez, nos atendió con amabilidad y compartió con nosotros los proyectos existentes para continuar las reparaciones. Ella nos presentó a Víctor Rodríguez, quien tiene a su cargo la biblioteca Francisco González Guinán, especializada en Literatura e Historia de Venezuela, que está a disposición del público con un valioso patrimonio que estuvo a punto de desaparecer. Gracias a este equipo, a nombre de Valencia, por el trabajo realizado que nos alienta a pensar en que, a pesar del caos en que estamos viviendo, no todo está perdido.




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