Autor del peor atentado antisemita de posguerra en Alemania enfrenta la justicia
/ Foto: AFP

El juicio al autor del más grave intento de atentado antisemita ocurrido en Alemania tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el ataque a una sinagoga en pleno Yom Kipur, se inició el martes en un contexto de resurgimiento de la amenaza de la extrema derecha.

Tras retirarsele las esposas de las manos y los pies, el acusado Stephan Balliet, un extremista de derecha alemán de 28 años, con el pelo corto y vestido con vaquero y zapatillas negras, indicó tras quitarse la mascarilla que hablaría más tarde.

El 8 de octubre pasado, día de la fiesta religiosa judía, el alemán, armado hasta los dientes, intentó penetrar en la sinagoga local de Halle (Sajonia-Anhalt), en la que se encontraban 52 fieles. Pero, al no poder acceder al templo, disparó contra dos peatones.

Incurso en diversos delitos

El agresor está acusado de doble asesinato, intento de asesinato contra otras 9 personas e incitación al odio racial.

De hecho, podría ser castigado a cadena perpetua con una pena mínima de 15 años.

El tribunal de Magdeburgo, en Sajonia-Anhalt, previó 18 días de audiencia para el juicio, que durará previsiblemente hasta mediados de octubre.

«Mirarlo a los ojos»

«Mis clientes quieren saber cómo y por qué pasó esto. Mirarán al acusado a los ojos para expresarle que no comparten su visión del mundo» explicó a la AFP antes del inicio del juicio el abogado de las partes civiles, Mark Lupschitz.

El abogado de Balliet, Hans-Dieter Weber, indicó simplemente que su cliente era «educado y amistoso».

Stephan Balliet está acusado de haber cometido «un atentado contra ciudadanos y ciudadanas de confesión judía con una motivación antisemita, racista y xenófoba», según el acta de acusación.

Autor del peor atentado antisemita de posguerra en Alemania enfrenta la justicia
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Trató de irrumpir en un templo

El joven, vestido con atuendo militar, intentó entrar por la fuerza en el templo con cargas explosivas y armas de fuego, incluyendo un fusil fabricado con una impresora 3D.

Al no lograr abrir la puerta, mató a una mujer que paseaba por allí y a un hombre que se encontraba en un restaurante de kebab. Tras una carrera persecutoria, la policía logró detenerlo.

Los servicios de inteligencia interior alemanes establecieron un paralelismo con los atentados cometidos en Christchurch (Nueva Zelanda) unos meses antes contra dos mezquitas, que causaron 51 muertos.

El acusado grabó y difundió en directo su asalto, negando la existencia del Holocausto e insultando a los judíos.

Pretendía una masacre

Según la justicia alemana, el agresor pretendía «cometer una masacre». Solo se lo impidió la solidez de la puerta de la sinagoga, cerrada con llave.

El hombre estaba aislado socialmente y había abandonado sus estudios. Adepto a las teorías conspiracionistas neonazis, vivía con su madre en un pueblo remoto de Sajonia-Anhalt y pasaba la mayor parte de su tiempo navegando en internet.

Tras haber examinado al presunto asesino, el psiquiatra Norbert Leygraf lo describió en un documento consultado por la revista Der Spiegel como alguien con un trastorno complejo de personalidad con características del autismo. Sin embargo, era consciente de la injusticia de sus actos.

Intentó escapar

Balliet, en detención preventiva y muy vigilado, intentó escaparse de la cárcel a finales de mayo, provocando la indignación de la comunidad judía.

El acusado logró eludir la vigilancia de los guardias escalando un muro de 3,40 metros de alto y penetrando luego en un edificio penitenciario adyacente sin ser visto. Al no encontrar ninguna salida, dejó que lo detuvieran sin oponer resistencia.

El ataque de Halle se produjo en un momento de resurgimiento del terrorismo de extrema derecha en el país.

Además, hace un mes empezó el juicio contra un simpatizante neonazi, sospechoso de haber matado a un político conservador que se había mostrado a favor de la acogida de migrantes en Alemania.

El pasado febrero, un hombre partidario de las teorías racistas y antisemitas mató a nueve personas de origen extranjero en Hanau, al este de Fráncfort.

Una tendencia que también salpicó al ejército y a la policía alemana, sacudidos por los escándalos de que algunos de sus miembros guardarían vínculos con la ultraderecha.

© Agence France-Presse




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