Para ir poco a poco entrelazando con el titular del artículo de hoy, eché mano a un símil con la mudanza de una casa y el orden que debe existir entre los partidos democráticos venezolanos. Es de tanta importancia su proyección que, según un estudio de la Universidad DePaul de Chicago, un hogar organizado está íntimamente relacionado con el grado de satisfacción que tenemos en nuestras vidas. Esta es la promesa que sostiene el boom de la conocida gurú del orden, autora del libro La magia del orden y protagonista del reality de Netflix. Ella recomienda pegarse jornadas maratonianas para dejar la casa impecable, lo cual puede ser una auténtica odisea si no tienes apenas tiempo (ni ganas) para hacerlo. Por eso, el primer paso para recuperar el control de nuestra vida mediante el orden pasa por una buena organización, cuestión que hasta la fecha a los efectos de la oposición es un caos: rumas de ollas apiladas en la cocina, almohadas regadas por todas partes, tan solo se limpia lo que queda a la vista, la basura se disimula debajo de los muebles; en pocas palabras, un perfecto y organizado caos. Una casa de locos belicosos donde todos están peleados con todos. La sociedad civil que debería actuar como un juez equilibrado, sensato, comprensible y sobre todo justo, se ha transformado en un remedo de Robespierre, decapitando sin miramientos a cuantas probables María Antonieta asomen la cabeza por la ventana.

Pero por encima de cualquier diatriba, la sociedad civil debe ser la primera invitada; la invitada de honor ante el acuerdo negociado que por fuerza natural tiene que darse de manera imperativa entre los componentes de oposición al régimen. La unidad política no es un amor a lo Romeo y Julieta, no es un amor idílico, de embeleso. No, es más bien un amor tormentoso, de infidelidades, de promiscuidades, de amor al estilo de Frida Kahlo y Diego Rivera, a veces infecto, un accidente de la vida, digámoslo así. La unidad debe ser un acuerdo de conveniencias, pero de conveniencias para rescatar la libertad, la democracia, para el bienestar de la sociedad. Por encima de cualquier virtud divina debe privar el ansia y la necesidad de triunfar, de obtener la victoria, batallando en una lucha dispar, seguramente en el terreno del enemigo. Esto es lo primario, de ser a la inversa seguiremos siendo baratos perdedores. Esa es la esencia pragmática de la unidad; lo demás son melindres, amores cursis: “seré tu cielo si quieres volar”, cosas así. En conclusión, no se trata de querer a nadie en particular, se trata de algo más elevado, más sublime aún, se trata solo de querer salir de esta sinvergüenzura y rescatar a nuestros compatriotas sumidos en la pudrición, de la hambruna que se ha engullido cientos, a lo mejor miles de coterráneos…

Lo decía la semana pasada y hoy lo repito: Estoy convencido de que es fundamental escoger cuanto antes el candidato presidencial para las elecciones previstas para el año 2024 en elecciones primarias abiertas[. Abiertas quiere decir que puedan participar todos los venezolanos sin militancia partidista que así lo deseen. Del mismo modo que pueda aspirar cualquier compatriota que cumpla los requisitos que se establecerán en su momento.

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