Según un comunicado de la Guardia de Fronteras, un soldado polaco resultó herido el 12 de diciembre cuando 55 personas intentaron cruzar la frontera de Bielorrusia a Polonia cerca del pueblo de Czeremcha. Foto EFE

Un contingente de 155 soldados británicos llegó este lunes a Polonia para desempeñar una misión de vigilancia en la frontera bielorrusa hasta marzo de 2022.

El grupo de militares británicos, pertenecientes al cuerpo de ingenieros, llevará a cabo labores de “vigilancia y reconocimiento” relacionadas con la construcción de un muro fronterizo entre Polonia y Bielorrusia, en virtud de un acuerdo bilateral firmado en noviembre.

El ministro polaco de Defensa, Mariusz Błaszczak, publicó este lunes en sus redes sociales un mensaje en el que confirmó que los ingenieros militares británicos “ayudarán, entre otras cosas, a reparar y construir una valla temporal en la frontera (entre Polonia y Bielorrusia). Una respuesta conjunta a las amenazas híbridas es una expresión de nuestra solidaridad aliada”.

El secretario de Defensa británico, Ben Wallace, aseguró hace poco que “la mejor manera de responder (a la crisis fronteriza) es trabajar juntos de la mano, no solo dentro de la OTAN, sino simplemente como buenos amigos y socios”.

Se espera la llegada de otros 150 soldados estonios para desempeñar una misión similar y bajo un acuerdo también bilateral entre Varsovia y Tallin.

Desde el final del verano, Polonia y Lituania se enfrentan a una oleada migratoria de ciudadanos provenientes de países de Oriente Medio y Asia Central, que han llevado a cabo más de 30.000 intentos de entrar ilegalmente en la Unión Europea.

Varsovia y la UE acusan al régimen bielorruso de Aleksandr Lukashenko de permitir y alentar la llegada de miles de migrantes a la frontera polaca, donde cientos de ellos permanecieron acampados durante meses y al menos 14 de ellos fallecieron por hipotermia o debido a las precarias condiciones en que vivían.

Polonia se ha negado a aceptar la ayuda de la Agencia Europea Frontex y prefirió lidiar con la crisis por sus propios medios, con la declaración del estado de emergencia y el despliegue de unos 15 mil efectivos, entre militares y policías, para vigilar la frontera.

El Gobierno polaco, que considera la crisis fronteriza como una “guerra híbrida” iniciada por Minsk para “desestabilizar a la UE”, aprobó la construcción de un muro fronterizo con un coste de más de 300 millones de euros.




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