Hoy es un día apropiado para hablar (¡o conocer!) sobre unas caricias muy especiales: ¡Nos referimos a las denominadas Caricias de Tactos Suaves! ¡Comencemos!

Las caricias suaves, en general, nos moldean como seres humanos sensibles y sociales, desde los primerísimos y primitivos instantes de nuestro nacimiento. Aun podemos afirmar que esa situación ya ocurría en los instantes rudimentarios prenatales. Lo que analizaremos es algo impresionante.

Aproximase y hacer “rodeos” tactilares, como si fuesen “abrazos” y “toques”, pueden ya ocurrir y observarse en los gemelos aun en el vientre materno, desde antes del nacimiento. Es sabido que en el recién nacido humano, no hay respuestas sensoriales. ¡Es como si los sentidos no existiesen! Pasarán 20 o más días, para notarse muy tenues y graduales reacciones táctiles del neonato ante sonidos cercanos, colindantes.

¡Serán reacciones que nos marcarán de por vida, para bien o para mal!

En todo recién nacido (neonato) sano sólo vemos una única y sutil respuesta sensorial, que gradualmente con los meses y años, entrará en un complejo e influyente juego de reacciones, en nuestra percepción del placer, el agrado, la calma, el estrés y el dolor, que durante nuestro desarrollo nos permiten conocer en quién confiar y a quién temer.

Se habla de solo respuestas de “compañía” (innata), entre cada recién nacido humano y su entorno de nacimiento. Los expertos lo denominan -muy claro- caricias de tactos suaves. Poco nombradas, incluso hasta fines del siglo pasado, pero vitales y trascendentes en el desarrollo humano, las caricias de tactos suaves son el primer contacto entre cada `mundo` y los recién nacidos, a través de sensaciones que involucran elementos de seguridad y pertenencia.

Las caricias de tactos suaves influyen en el sistema inmunológico y sentimientos hacia el prójimo. Las caricias de tacto suave le llegarán más y más a las personas, y así continuarán, aun cuando casi no esté conectada con su mundo físico. Sobre todo, en los sentimientos fuertes como el amor o la compasión, por ejemplo, que se transmiten mucho mejor con caricias visuales o táctiles, que con los que se transmiten con palabras o con expresiones faciales o gestos, en recién nacidos y en bebés en su primer mes.

¿Cómo funciona y qué pasa si se omiten las caricias de tactos suaves?

Además del sentido del tacto, el ser humano posee un sistema especializado exclusivamente para percibir caricias de tactos suaves. ¿Por qué uno se siente tan diferente cuando alguien nos toca (suavemente), sea por una persona allegada o un desconocido? ¿O sea que estemos discutiendo, o en armonía con alguien?

¿Qué ocurre en el cerebro y qué papel desempeña en él?

¡Al cerebro sano le gustan las caricias de tactos suaves! Pero en épocas de distancia social, el tacto es más relevante. ¿Cómo afecta mantener una distancia? Los expertos buscan qué papel desempeñan las caricias (aun no suaves) para el bienestar físico y emocional, y qué efectos negativos de la ausencia.

El tacto es crucial en nuestras vidas, y el tipo correcto de tocar puede reducir el dolor, aliviar nuestro estrés y transmitir las emociones más rápido que las palabras. Un sentido manejado en conjunto por el cerebro y el corazón, al acelerar bombear sangre a centros emocionales respectivos. Un proceso que no se puede (¡no se debe!) “apagar”, y no debe menospreciarse en el desarrollo y salud integral de la vida. La caricia de tacto suave es un “alimento” vital de la salud mental.

El tacto es el primer sentido que desarrollamos.

El tacto es el sentido conservado que más dura de envejecer.

El órgano sensorial más grande del cuerpo es la piel, con superficie de unos 2 metros cuadrados. Como fetos durante el embarazo, antes de oír, de oler o saborear, sentimos el contorno, los toques (mejor si suaves), y los contactos. Y algunos gemelos, incluso durante la gestación, y luego de nacidos, se buscan y acercan para tocarse.

¿Pero, qué pasa al tocar suave a otras personas?

¿Por qué es tan especial su textura y contenidos?

Al tocar (¡si suave, mejor!) a otra persona, el cerebro lo procesa positivamente.

«Fue en la década de 1990 cuando se descubrió que los humanos tienen un conjunto especializado de células en la piel, conectadas a vías especializadas particulares del cerebro: El sistema denominado C-Táctil (censores táctiles). Los sensores en la piel nos permiten experimentar presión (tactos fuertes o suaves), vibración, dolor, así como temperatura, pesos, roces, sobar y, en consecuencia, variado placer físico.

Esos sensores se adaptan rápido al tacto ligero, por eso después de vestirnos, en poco tiempo olvidamos que el vestido está tocando nuestra piel; a menos que por alguna razón nos esté incomodando, y lo evitaremos ¡por supuesto!

En la situación de no poder tocar a personas que normalmente tocamos en nuestra vida cotidiana, no es que se vaya a derrumbar la buena relación. Pero, nuestros sentimientos de conexión, empatía, armonía, compasión, amor, agrado, confianza y otros, se irán degradando lentamente, si no se refuerzan con deseadas caricias de tacto suave.

¡Nada como los tactos suaves, sin carreras, sin sentidos negativos!

El tacto suave convence, educa, y relaja las amistades.

Hernani Zambrano Giménez, PhD

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