El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, sigue reflexionando sobre la propuesta de democratización que le hizo llegar la pasada semana el clero. Pero el silencio del mandatario contrasta con el goteo diario de muertos, ya en torno a 140, y las crecientes amenazas a sacerdotes católicos, los más significados en sus denuncias por la represión.

El hecho de que la mayor parte de las víctimas fallecieran como consecuencia de precisos balazos en la cabeza o en el cuello, ha acentuado las críticas religiosas, singularmente del obispo de Managua, Silvio José Báez, quien aprovechó su homilía dominical para reclamar una Nicaragua libre, “sin tiranos ni víctimas”.

No fue el único prelado: el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, Abelardo Mata, advirtió la pasada semana de que si Ortega “no toma conciencia de que ya no podrá gobernar en paz a la nueva Nicaragua que ha surgido desde el 18 de abril nos espera más sangre y dolor, de forma inmediata”.

Los hechos le han dado la razón: el conteo de muertes se prolonga cada día con brutales intervenciones de la Policía Nacional y de las fuerzas parapoliciales afines al régimen, que utilizan armas de guerra -los célebres AK-47, de origen ruso- para atacar las barricadas que se extienden por todo el país.

La situación es de tal tensión que la catedral de Managua decidió ayer, domingo, cancelar los servicios vespertinos, precisamente para evitar el riesgo de agresiones de los “parapolicías” que circulan en camionetas por las principales ciudades del país disparando a los contrarios al régimen con ese mismo tipo de armas.

El obispo Mata denunció que no hay voluntad de superar la crisis por parte de Ortega, porque se niega a asumir la responsabilidad de que los grupos parapoliciales están bajo el paraguas del Gobierno y protegidos por la Policía”.

Las acusaciones contrastan con el mensaje de la vicepresidenta Rosario Murillo. La esposa de Ortega mostró su esperanza de que “nuestra patria recupere los rumbos de cariño, perdón, reconciliación y sobre todo bien común”.

Y pidió oraciones a los nicaragüenses por la paz, el diálogo y la reconciliación”, horas antes de que uno de esos grupos encañonara con sus AK-47 al sacerdote Vicente Martínez, de la Diócesis de Matagalpa, entre amenazas de “te vamos a matar, porque tus homilías son un veneno”.

La pareja presidencial encontró un aliado en un líder evangelista, el portorriqueño Jorge Raschke, presidente de la “Iglesia Ministerio Clamor de Dios Internacional”, que criticó a los obispos católicos tras mantener un encuentro privado con los mandatarios: “no les oigo llamar a la paz”.

“Vi numerosos sacerdotes con túnicas blancas dirigiendo a los manifestantes”, agregó.

Aunque fue desautorizado por la Conferencia Evangélica, Raschke insistió en su defensa del régimen al agradecer las libertades que aún conserva Nicaragua y precisar que la OEA y la ONU “no son jueces. Sólo Dios lo es”




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