Los de la generación de la post guerra, aquéllos que superaron vivos la segunda guerra mundial, son quienes más años le han ganado a la vida, a lo largo de la existencia de la humanidad. ¿Es esto un privilegio; será un beneficio? Todo dependerá de los significados que adoptemos para comprender esa compleja dimensión psíquica, física, social, económica y funcional, que hemos inventado y denominado: tiempo.

Para los nacidos casi a inicios del siglo XX (año 2016), según informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la esperanza de vida promedio para la región del mediterránea europea, era de 69,8 en niños, y 74,2 en niñas. En América, en particular Estados Unidos, la esperanza de vida pasó de 73,6 años en el 2000, con un ligero amento a 76,8 años, recientemente, en el año 2016.

Muchas personas, de esas generaciones de la generación de post guerra, han opinado que ya cumplidos los 40 años se sentían viejos, cansados, sin rumbo claro. La esperanza de vida media en Italia, España, Japón y muchos otros países avanzados, ahora, se ha situado alrededor de los 80 y 82 años (datos OMS del 2019): !Una ganancia de esperanza de vida de unos 15 a 20 años extra, para el siglo XX, recién finalizado. ¿Y, qué hacer con esa ganancia de años? ¡Se nos abren fuertes incógnitas! ¿Estamos aprovechando al máximo esos 15 a 20 años extras; estamos sentados, resignados, acallados, viendo de lejos pasar la historia y el qué hacer de los demás; en la espera para “lapidarnos” sin resistencia?

¿Qué haremos con ese “regalo” vital (y anímico)? ¿Aprovecharemos esos 15 o 20 años “extra” poniéndonos al “tono” máximo, llenos de vigor; o resignados a esperar  infortunios? Ante tantas preguntas, recordemos una enseñanza: “No es suficiente querer y desear algo, porque siempre llegará el momento para preguntarnos qué vamos a hacer (y por qué) para conseguirlo”. “No es un asunto sólo de tiempo, sino de qué y cómo, manejaremos ese tiempo”. Y, además, es asunto de fe, de vigor, de emociones y entusiasmo: ¡La peor batalla, para cualquier persona, es la que se pierde, mentalmente, antes de comenzarla!

La Neurolingüística nos enseña que los programas mentales activos son órdenes, y están en nuestro cerebro: ¡Positivos o negativos, esos programas lo deciden todo! Pero la neurociencia nos enseña, también, que tales programas los hemos creado ¡nosotros mismos! Somos en cualquier instante la suma total, y cambiante, de nuestros pensamientos. ¡Esto, también, nos permite ser seres dinámicos en permanente evolución física, mental y social! Cuando repetidamente, con resignación y amargura, mencionamos las palabras “retiro” o “jubilación” (programas de vida), también activamos en el cerebro órdenes con sentido determinista de la vida. De sentir, por ejemplo, que nos llega el fin de la vida laboral, y de la vida social, y afectiva, o de otro orden: !Momentos o etapas cuando algunos no se sienten útiles ni valorados; casi unos bagazos o residuos! Pero, aun el comienzo de una etapa difícil puede ser un respiro para otros: Beneficiosa y de realización (positiva). ¡Es asunto de escoger con sentido y significación positiva! Es asunto de proactividad…

Casi todos nuestros abuelos y tíos superaron la esperanza de una vida media, y entraron en los años 90’s del siglo XX. Con estos datos como referencia, imaginamos cuántos años nos faltarían ahora por vivir: ¿En cuales actividades, significados, valores y hechos, hemos dedicado ese tiempo “obsequiado”?

¡Estos retos son una terapia existencial y confiable, para activar objetivos positivos de vida! La edad nos va dando calidad emocional y mayor riqueza cognitiva; ya pasamos los tiempos difíciles del trabajo apremiante, para formarnos en nuestros ideales y vocaciones; para formarnos bien como familias, para completar la crianza de los hijos, auxiliar a los nietos, y alinearlos en su adecuada formación. ¡Ahora nuestro tiempo es más nuestro, y podemos dedicarnos más a nosotros!

Lógicamente, vamos a seguir buscando nuestra autosuficiencia, nuestra independencia. Persistir en los sueños, en la realización personal y profesional. Y ahora pensaremos, también, en el tiempo que dejemos a las siguientes generaciones: ¡Un legado de fuertes principios; de saldar deudas con la naturaleza que tanto maltratamos, esa dimensión física donde ocurre nuestra vida! !Y es hora, también, de ennoblecer el significado grandioso del trabajo humano! Todo esto significa pensar en las huellas que dejaremos y en la trascendencia que quedará siempre activa como mensaje noble.

¡Contribuiremos a dejar un mejor mundo, antes de irnos, serenamente, con el recuerdo de los seres queridos, de los amigos y allegados, porque: “las huellas de quienes caminan juntos nunca se borran” (Proverbio Africano)!




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