Salud mental en el entorno laboral

Para entender el desgaste psíquico del trabajador venezolano no hace falta mirar sus indicadores clave de desempeño

"No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma".

Jiddu Krishnamurti

En el ecosistema corporativo moderno, se ha puesto de moda hablar de "bienestar", "pausas activas" y "clima organizacional".Sin embargo, cuando se aterriza estos conceptos en la asfáltica y ruda realidad venezolana, el discurso parece desvanecerse entre las grietas de una cotidianidad que desafía cualquier manual de psicología aplicada.

Desde aquí es en donde nace la salud vinculada con el entorno (no solamente con el laboral).Ahora bien, la salud mental en el trabajo no es sólo la ausencia de extenuación (de moda: burnout) física, emocional y mental crónico provocada por el estrés laboral severo y sostenido. Ésta es la capacidad de mantener la coherencia en un entorno que, desde sus cimientos macroeconómicos, ha decidido divorciarse de la lógica saludable.

El delirio de la conversion: una patología económica que se nota hasta en lo oficial.

Para entender el desgaste psíquico del trabajador venezolano no hace falta mirar sus indicadores clave de desempeño o rendimiento (de moda: KPIs, esas métricas cuantificables utilizadas por las empresas para evaluar el éxito, la eficiencia, el volumen de entregas y el progreso hacia objetivos estratégicos específicos en un tiempo determinado). Basta con observar su rostro frente a un punto de venta, pues -sin exageración- vivimos en un experimento social donde el surrealismo de Dalí se queda corto.La dinámica es casi esquizofrénica: los precios de los bienes y servicios -de toda índole-se exhiben numéricamente, a título de “referencia” (para no exhibir el símbolo monetario del dólar estadounidense:

$), otorgando una falsa sensación de estabilidad numérica. No obstante, al llegar a la caja, ese monto se transmuta.El cobro se realiza en bolívares, pero la tasa de conversión no sigue el ritmo natural del mercado de la moneda estadounidense en el contexto financiero mundial, sino que se ancla ¿caprichosamente? a la equivalencia cambiaria con el euro.

Esta triangulación financiera no es solamente una maniobra administrativa; es un síntoma inequívoco de la insalubridad mental de quienes rigen el accionar económico del país.Obligar a un ciudadano a realizar malabares matemáticos para entender cuánto cuesta su esfuerzo diario es someterlo a una tortura cognitiva constante, además de mostrar la esencia “chanchullera” (término del argot venezolano para referirse al modo de actuar en el manejo irracional, tramposo, turbio, descarado y por demás ¡ilícito! utilizado para conseguir un fin que entraña un beneficio particular mediante un enredo, maquinación, ¡fraude! Asociado a un negociado irregular (para no expresar: deshonesto, insalubre, de baja calaña) de quienes establecen la “normative” a aplicar (lo cual se observa en escenarios oficiales y particulares: ¡se ha viralizado, extendido y no hay quien imponga el orden lícito! Nótese la patología que nace desde lo mental insalubre.

La cita del filósofo indio Jiddu Krishnamurti asentada al inicio de este espacio resuena con una fuerza demoledora en nuestras oficinas y fábricas. En Venezuela, se le pide al empleado que sea "resiliente", que "se ponga la camiseta" y que mantenga una actitud positiva, mientras el sistema que lo rodea opera bajo una arquitectura del absurdo.¿Cómo se puede gestionar el estrés laboral cuando la unidad de medida del valor cambia según el humor de un ente centralizado o la paridad de una moneda extranjera que ni siquiera es la de referencia comercial primaria y habitual?

El entorno laboral como zona de resistencia.

El lugar de trabajo ha dejado de ser un espacio de autorrealización para convertirse en una zona de resistencia. El empleador, atrapado en la misma vorágine de costos impredecibles y normativas asfixiantes, a menudo traslada esa ansiedad (una condición patológica de la mente) al eslabón más débil: el trabajador. La salud mental se erosiona cuando el salario -ese reconocimiento material y simbólico del esfuerzo- se disuelve en el trayecto desde el ámbito laboral a la casa debido a una inflación que no entiende de horarios de trabajo.

El liderazgo en Venezuela enfrenta un reto que no enseñan en la Maestría en Administración de Empresas (de moda MBA: Master of Business Administration): gestionar la angustia existencial. Un gerente hoy no sólo debe saber de logística o ventas, sino que debe actuar como un dique de contención emocional para un equipo que vive en un estado de alerta permanente (el modo "supervivencia", casi en “modo avión”: volando en lo etéreo para no sucumbir).

La urgencia de una higiene mental colectiva.La salud mental en el entorno laboral venezolano no se solucionará con un viernes de pizza o una charla de motivación de una hora. Requiere, primero, el reconocimiento de que se está operando en un contexto patológico. Mientras no se admita la realidad existente, no se saldrá de ella. La arbitrariedad de cobrar en bolívares a tasa euro algo marcado en dólares es la representación gráfica de una desconexión con la realidad, una suerte de brote psicótico institucionalizado que drena la energía mental de la población activa. Esto es apenas un síntoma de un síndrome complejo: es solamente uno de todo un conjunto de síntomas de una enfermedad determinada.

Es imperativo que las organizaciones comiencen a validar la frustración de sus colaboradores en lugar de patologizarla. El agotamiento (o: extenuación con burnout) que vemos hoy en las empresas venezolanas no es pereza ni falta de compromiso; es el resultado de intentar mantener la cordura en un tablero de juego donde las reglas cambian a mitad de la partida y los dados están cargados de incertidumbre.

Para sanar el entorno laboral, se necesita más que mejores sueldos (aunque son indispensables); se necesita recuperar la previsibilidad. Mientras las decisiones de quienes mandan sigan alejadas de la salud racional, el mayor acto de profesionalismo que podrá ejercer un venezolano será, simplemente, salvar su propia mente del caos circundante.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Chichí Páez
Chichí Páez
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