Sin mala intención ni curiosidad de nuestra parte, a veces por simple casualidad, hemos escuchado lo que comenta la gente sobre su vida laboral y sus empleos, sobre el lugar físico de su trabajo, sobre cómo es su dedicación y qué le exigen. ¡Sobre sus perjuicios o beneficios!

Con facilidad muchos opinan y critican sobre la condición de sus empleos. No es extraño que algunos se refieran a empleos desagradables, humillantes, opresores. En ocasiones hemos escuchado opinar que trabajan en organizaciones enfermas ¡como lo oyen!). Otros agregan, “textualmente”, que han trabajado en empresas sin alma, ni corazón, explotadoras intencionadas. ¡Nada de esto es correcto!

¡Muy duras palabras esas! A primera vista resulta curioso y confuso (¡aun absurdo!) escuchar hablar con palabras muy cargadas sobre los sitios del trabajo (organizaciones), y además hasta atribuirles, sentimientos, sufrimientos, perjuicios humanos y quizás decir que están enfermas.

Para aclarar varias de estas erradas y deformadas afirmaciones, digamos que, en realidad, ‘toda organización es un ente jurídico configurado por personas’, y son estas personas las que, con sus decisiones, sus acciones, sus errores, y sus aciertos, se entienden entre sí mediante los dirigentes, administradores, especialistas, empleados o colaboradores.

Destacamos, que son las funciones y ejecuciones de la conjunción de los seres humanos de toda empresa, las que determinan cuál es su “cultura” de trabajo en general o particular, sus tipos de interacción social, sus estilos de rendimiento, y sus particulares habilidades personales.

Y la suma de estilos de actividades, ese “algo” subjetivo pero tan humano a la vez, lo que se ha llamado “clima organizacional” (referido al ambiente), que podría causar el error de hablar de empresas enfermas, o sanas. ¡No confundamos el huevo con la gallina!

El problema de señalar a una organización como “enferma”, “sana”, “feliz”, u otra “cosa”, es que esto dará lugar a que las propias personas, tanto las que lo hagan cómo las que no, muestren así fuertes prejuicios y distorsiones que pudiesen afectar la visión de qué es una empresa.

¿Cuáles son algunos elementos o criterios de presencia variable para identificar a una organización (entidad), que influyen a que se le perciba en su estado físico cambiante, y se sienta como si sufriese una condición inestable? ¡Veamos esos elementos!

¡En primer lugar, observamos que destaca el Miedo! Llama la atención el miedo y sensación de miedo, que invade diversos niveles de la productividad entre la gente de la organización: La gente se hace más irritable, evasora, cuidadosa, detallista de la conducta de los demás.

¡Hablar de buenas o malas noticias es disparador de miedo en las personas!  

Otro elemento es la Desmotivación. Los analistas de empresa gustan observar cómo trabaja y cómo interactúa el personal, cómo y con quién se relacionan, y con qué motivación. Cómo se hablan o escuchan cada persona, en privado o como dirigente. Escuchar a las personas y ver cómo van más allá de lo puro laboral, cómo se saludan, ríen o callan.

Síntomas anímicos de buena o mala salud personal dejan ver el estado de motivacional que sea dominante en la organización, y puede incitarse (por error) a considerar que se está trabajando en una organización débil o enfermiza.

Otro factor negativo es la falta de Compromiso que se señale con respecto a las empresas. Pero insistamos en repetir que, al hablar de compromisos nos referimos al compromiso que desarrolle la persona (consigo mismo) en el quehacer de su trabajo o tipo de dedicación.

Algo que sucede y se siente ante los compromisos es que la gente acumula en negativo el tiempo con trabajo desmotivado, cargado de angustias, que contaminan como si fuesen adicciones o virus, que se viven cuando las bajas en los compromisos se evidencian.

El quiebre o caída del compromiso es un duro sentir: personas que hacen lo justo, necesario, y nada más, para seguir en su puesto de trabajo, pero sin aportación especial de valor propio. Es como si la persona decidiese guardarse lo mejor de sí mismo a espera para otro momento.

La falta de compromiso es una notable falla, notable en personas que hacen lo mínimo justo y necesario para seguir afianzado (aferrado) en su puesto de trabajo, pero sin una aportación especial de valor a su trabajo.

La Mediocridad es uno de los males mayores en las organizaciones. Resulta triste ver cómo en algunas empresas se asume la mediocridad como algo normal, y no como excepción. Algunos responsables, directivos o mandos intermedios prefieren mediocres, antes que verse desplazados por más capaces, ante la competencia.

¡No es la organización la que enferma; somos nosotros los afectados!

Hernani Zambrano Giménez, PhD,

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