En el Estado Sucre nuestros paisanos orientales dicen que “en el juego de truco como en la costa de Paria, nunca se sabe quién va alante”. Podríamos tomar prestado su coloquial refrán y aplicarlo también a la política.

Pareciera que los próximos 15 meses nos van a ofrecer un escenario ideal para probar esa tesis del saber popular. Hoy no está nada claro quién es el puntero en la carrera presidencial.

En un artículo publicado en este mismo diario el pasado 20 de mayo, decíamos que “No cabe duda de que bajo el escenario actual y si no hay pronto cambios profundos, usando el latinazgo preferido de los economistas ceteris paribus, la conducción del país seguirá en las mismas manos”. Sin jerónimo de duda, hacía falta con urgencia un punto de inflexión en el modelo.

Pues resulta que ahora el partido de gobierno nos sorprende con una medida extemporánea y a todas luces innecesaria que podría significar precisamente un cambio profundo.

Y es que esta medida apunta a lograr quizás, ojalá, lo que no se ha podido lograr por ningún otro medio en los últimos 25 años, como lo es la unión de la oposición detrás de un solo candidato. Condición imperiosamente necesaria para poder participar con algún chance en la contienda electoral.

No cabe dudas que la candidatura de MCM estaba movilizando las masas como hacía tiempo no se veía. Y además, en lugares impensables tan solo unos meses atrás, como lo demostró por ejemplo la población de Libertad de Barinas.

Los orígenes y posturas de la candidata han pasado a un segundo plano ante las angustias de un pueblo ávido de que alguien le llegue con un mensaje firme y a la vez lleno de esperanzas y oportunidades. Ella lo está logrando, está convenciendo.

Para el gobierno el camino estaba más o menos claro para mantenerse en el poder. Podían fácilmente haber relajado algunas de las medidas que han perjudicado la recuperación de la economía, como el encaje legal, el IGTF, la feroz alza de las patentes municipales y volver a las negociaciones en México, y con eso tenía prácticamente asegurado el resultado.

Bien decía el profesor José Antonio Gil Yepes en Valencia esta semana, la intención de voto a favor del oficialismo está perfectamente correlacionada con el desempeño económico. Mejora la economía y mejoran sus chances electorales, casi uno a uno. Eso y una oposición dividida aseguraban la prórroga de su mandato.

Siguiendo con las enseñanzas del oriental juego de truco, “nunca hacemos al enemigo limpio”. No debemos pensar que ellos no saben, que están mal asesorados, que están en desacuerdo internamente y tantas otras posibles explicaciones del porqué de esta repentina medida. Ciertamente ya esto estaba planteado, la gente de Vente Venezuela y la misma candidata lo habían anticipado. Pero, con su comprobada sagacidad, de ahí a caer en la celada hay un largo trecho.

Y es precisamente por eso que hemos de preguntarnos, ¿se habrá equivocado el gobierno? Será esto acaso un craso error de cálculo político al lograr unir a la oposición y al mayoritario movimiento popular que está buscando respuestas, o hacemos uso de la historia y buscamos otra explicación.

Ya con tantos años en el poder hay una cosa que está muy clara, y es que ellos no dan puntada sin dedal. Por donde viene su próxima jugada, qué se puede prever. Nos estarán puyando los ojos y no lo sabemos. De esto se trata el ajedrez político, de anticipar al enemigo y jugar acorde.

Si la oposición logra capitalizar este empujoncito del contrario, este sería el muy requerido punto de inflexión y los chances podrían mejorar significativamente. En los meses venideros veremos quién es el verdadero maestro en el tablero nacional.

 

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