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Comunidades del centro de Valencia aprovechan el agua potable gratuita del pozo de la Fundación Refugios Pana. (Foto: Kevin Arteaga González)

Leomara Cárdenas

María Isabel Leal tiene bien definido el uso que le da al agua que Hidrocentro le envía por tuberías tres veces por semana: fregar los platos, lavar solo la ropa de color y, en general, hacer las labores de limpieza de su apartamento en Mañongo, Naguanagua. Nunca la utiliza para bañarse, cepillarse los dientes y mucho menos para cocinar o beber.

El líquido que sale al abrir su grifo está lejos de ser incoloro e inodoro. Por el contrario, al principio desprende un fuerte olor a cloro que logra esconder por unos segundos la fetidez predominante. En cuanto a su color, va desde los tonos amarillentos hasta el marrón en los peores días. Por miedo a enfermarse, María Isabel dejó de usar esa agua para su aseo y consumo personal.

Cuatro botellones de 20 litros y seis de cinco litros, que debe llenar al menos dos veces a la semana en establecimientos de venta de agua potable, son sus aliados. Esto representa un duro golpe para su bolsillo, ya que la recarga de un botellón de 20 litros cuesta entre 10 mil y 100 mil bolívares. Pero prefiere hacer ese sacrificio, mientras puede, antes de arriesgarse a comprometer su salud.

Para quienes no tienen la capacidad de pagar por la recarga de sus botellones, los pozos son una opción. Entendiendo esa necesidad, la Fundación Refugios Pana, en el centro de Valencia, ofrece el servicio gratuito de recarga de agua potable a los vecinos de las comunidades aledañas de lunes a viernes, desde las 8:00 a.m. hasta las 2:00 p.m. En un día pueden llegar a atender hasta 400 personas.

Anthony Perdomo es uno de los adolescentes que pertenecen a la casa hogar. Junto al resto de sus compañeros se turnan para brindar el servicio a las comunidades. “Es una bendición de Dios tener ese pozo. Como estamos en una situación crítica en la que la sociedad no tiene agua, nosotros les prestamos el apoyo”. La experiencia le ha permitido hacer sus propios cálculos, por lo que sabe que un botellón de 20 litros se llena en un minuto con 20 segundos, y que en una hora logran recargar al menos 50 botellones.

Entre los beneficiados por la iniciativa de la fundación están Amelia Querales y su familia, quienes acuden a llenar sus botellones religiosamente dos veces a la semana, como mínimo, desde hace un año. Asegura que el agua que entra a su edificio a través de las tuberías “es horrible” y “llega muy sucia”, por lo que buscan agua potable en el pozo para bañarse, fregar los platos, cocinar y beber. “A veces no podemos pagarla y venimos para acá, que es gratuita. Cuando el agua está muy sucia, vengo más seguido”.

Este no es un problema nuevo para María Isabel, Amelia ni para el resto de los habitantes de la Gran Valencia, conformada por los municipios Naguanagua, Valencia, San Diego, Libertador y Los Guayos. Desde 2010 el ingeniero civil sanitarista Manuel Pérez Rodríguez, último presidente Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS) y primer presidente de Hidrocentro, ha advertido a la población y entes gubernamentales sobre la mala calidad del agua que se distribuye, poniendo en riesgo la salud de quienes la consumen.

El progreso chocó con la revolución

Durante la denominada Cuarta República en Carabobo se realizaron importantes inversiones en materia hidráulica, las cuales se vieron reflejadas en la calidad del servicio que recibían los ciudadanos. Entre un gobierno y otro se respetó la continuidad administrativa, pero no fue así cuando Hugo Chávez asumió la presidencia por primera vez. Eso lo asegura el ingeniero Luis Fernando Arocha, quien para la época también llegó a presidir el INOS en la región.

Al término del primer período presidencial de Rafael Caldera, en 1973, Carabobo contaba con un sólido sistema hídrico cuya capacidad inicial fue de tres mil litros de agua por segundo tras la inauguración del nuevo acueducto de Valencia. Posteriormente esa capacidad fue ampliada a ocho mil litros por segundo cuando en 1978, durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, entró en funcionamiento el Sistema Regional del Centro I, el cual abastecía a toda la Gran Valencia, teniendo al embalse Pao-Cachinche como fuente principal.

La infraestructura hidráulica de Carabobo se terminó de consolidar cuando se puso en servicio el Sistema Regional del Centro II, en 1996, con cinco mil litros por segundo que eran bombeados desde Pao-La Balsa, en Cojedes. Según Arocha, al sumarle los ocho mil litros del Sistema Regional del Centro I, el total da 13 mil litros por segundo, suficientes para cubrir las necesidades de una población superior a cuatro millones de habitantes.

“Ahí se evidencia el respeto a la continuidad administrativa de las grandes obras en el país. Caldera dejó el acueducto de Valencia totalmente construido, CAP lo agarró y amplió a ocho mil litros de agua por segundo”, resalta el experto. A su juicio, “lamentablemente” todas las obras ejecutadas en la Cuarta República han sido destruidas por el chavismo. “Así como han destruido gran parte de los servicios públicos, la educación, la salud, la vialidad. Por donde quiera que usted vea, lo que se nota es un desgobierno”.

Para 1998 los planes de expansión del Sistema Regional del Centro I y II, así como también los de saneamiento y control del Lago de Valencia, iban viento en popa. Las obras se estaban ejecutando con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) bajo una fórmula nada despreciable: Venezuela financiaba 40% y el BID 60%. Pero con la llegada del chavismo ese tren del progreso se paralizó. “Ahora tenemos como consecuencia los embalses contaminados y un nivel del lago incontrolable”, explica Pérez Rodríguez.

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Pao Cachinche concentra las fuentes que abastecen a la Gran Valencia y, al mismo tiempo, es cuerpo receptor de aguas residuales. (Foto: Archivo El Carabobeño)

Un embalse enfermo

Aunque desde hace mucho tiempo Hidrocentro dejó de publicar los valores de los perfiles físicos, químicos y bacteriológicos del agua que se envía al área metropolitana de Carabobo, los hallazgos de hace una década ya eran alarmantes. Hoy el origen del problema de la calidad del agua continúa apuntando hacia el embalse Pao-Cachinche, que además de ser la principal fuente de abastecimiento de agua de la Gran Valencia, es cuerpo receptor de aguas residuales.

Pao-Cachinche recibe agua de muy mala calidad procedente de dos de sus principales ríos tributarios, Chirgua y Paíto, los cuales arrastran desechos de viviendas, industrias, granjas y cochineras. Además, desde 2007 por decreto presidencial es receptor de unos tres mil 200 litros de agua por segundo procedentes del Lago de Valencia, al que también llegan aguas servidas de Carabobo y Aragua. El objetivo de este trasvase era evitar el crecimiento del lago, que actualmente está a menos de dos metros de alcanzar su cota máxima.

Antes de distribuirse a los habitantes de la Gran Valencia, el agua cruda pasa por la Planta de Potabilización Alejo Zuloaga, con capacidad instalada de ocho mil litros por segundo. En este punto también hay dificultad, ya que la instalación no está capacitada para procesar agua de tan mala calidad como la que es bombeada desde Pao-Cachinche. Esto obligó a Hidrocentro a bajar la producción a entre mil 500 y dos mil litros de agua por segundo y a aumentar el nivel de las sustancias utilizadas en el proceso de potabilización, como cloro, sulfato de aluminio y polímeros.

Del embalse limpio en el que incluso se podía pescar solo queda el recuerdo. Pérez Rodríguez, miembro de la Fundación Movimiento por la Calidad del Agua, es tajante al afirmar que en Pao-Cachinche se perdió el equilibrio ecológico. La única forma de vida predominante allí es un microorganismo llamado cianobacterias, debido a la floración de algas, que a su vez ocasionan la disolución en el agua de cianotoxinas.

El embalse tiene 160 millones de metros cúbicos y abarca 450 hectáreas. Recorrerlo toma 15 minutos en lancha, a una velocidad de 60 kilómetros por hora. (Foto: Archivo El Carabobeño)

Las cianotoxinas se clasifican en neurotoxinas, que afectan el sistema nervioso causando desde calambres hasta la muerte por fallo cardiorrespiratorio; hepatoxinas, que producen daños severos al hígado; citotoxinas, capaces de afectar órganos como el corazón, estómago y riñones; y dermotoxinas, causantes de patologías asociadas a la piel.

Además, el reservorio de agua reúne altas cantidades de nitrógeno y fósforo, caldo de cultivo del metano. Esta carga de materia orgánica, al entrar en contacto con el cloro empleado en la desinfección, genera valores superiores a la norma de trihalometanos. Cuando hay altas concentraciones en el agua de este subproducto de la cloración, existe el riesgo de desarrollar cáncer en vejiga, colon y recto.

Aunque el efecto cancerígeno de los trihalometanos podría disminuirse si se hierve el agua, Pérez Rodríguez insiste en que es muy poco lo que los ciudadanos pueden hacer desde sus casas para mejorar la calidad del líquido que les envía Hidrocentro.

Debido a la falta de mantenimiento y al abandono, en las mismas condiciones se encuentra el embalse Pao-La Balsa, que es dos veces más grande que Pao-Cachinche. Las  cianotoxinas habrían llegado, incluso, a la planta Alejo Zuloaga, donde desde 2006 se vienen empleando estrategias con oxígeno puro para intentar mejorar las condiciones de temperatura, pH y conductividad del agua cruda.

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Tanques de la planta potabilizadora Alejo Zuloaga en 2016. Para ese entonces tenían al menos cinco años sin mantenimiento. (Foto: Archivo El Carabobeño)

El lago sin control

El ingeniero Arocha, quien preside la Comisión de Agua del Colegio de Ingenieros de Carabobo, critica que a pesar de que el chavismo heredó de la Cuarta República al menos seis propuestas para el control del nivel del Lago de Valencia, no puso en marcha ninguna y  tampoco ideó alternativas mejores a las presentadas por las administraciones anteriores. “Al no construirse ninguna de las obras planteadas por el gobierno de CAP, las aguas excedentarias del lago están a nada de desbordarse”.

Las soluciones planteadas fueron:

  1. Desviar las aguas del lago hacia el río Tuy, y hacerles un tratamiento a nivel terciario.
  2. Desviarlas hacia el  río Tamanaco, en el estado Cojedes. Esto permitiría el riego de cerca de siete mil hectáreas de caña de azúcar en el municipio Tinaco.
  3. Bombear las aguas hacia el río Ocumare, en Aragua.
  4. Desviarlas hacia el río Las Trincheras, en Carabobo.
  5. Recircular el Sistema Regional del Centro I sacando ocho mil litros de agua por segundo del lago mediante tratamiento terciario y trasvasarla al embalse Pao-Cachinche, de ahí pasaba a la planta Alejo Zuloaga.
  6. Sacar tres mil litros de agua por segundo del lago y enviarla al río Tucutunemo.

Pero las obras previstas no se construyeron y el lago subió su cota hasta llegar hoy a los 413,63 metros sobre el nivel del mar. Faltan solo 1,37 msnm para que alcance la cota máxima del muro de contención que construyeron al sureste de Maracay, que es la cota 415. Al alcanzar ese nivel estarían en riesgo de inundación entre siete mil y ocho mil viviendas, que albergan a unos 40 mil habitantes en esa zona de la capital de Aragua.

En 2011 ya se sabía que el agua del Lago de Valencia, que es trasvasada al Pao-Cachinche, era de mala calidad. El informe que elaboró la Contraloría General de la República establece en su página 43 que, de acuerdo con la revisión y análisis desarrollados por los laboratorios “Estadal Carabobo” y “De Proceso de la Planta de Tratamiento Aguas Residuales La Mariposa”, en las plantas de tratamiento de Los Guayos, Taiguaiguay y La Mariposa se evidenciaron valores reales por encima de los parámetros máximos exigidos en las normas de calidad de las descargas de efluente.

En el texto claramente se lee que: La realidad originada por la falta de supervisión y control del mantenimiento de los distintos equipos electromecánicos y sistemas de tratamiento que conforman las plantas de tratamiento de Los Guayos, La Mariposa y Taiguaiguay, ha limitado el procesamiento de las concentraciones de detergentes sintéticos y otros contaminantes, y su efectiva descomposición. Esto produce una acelerada disminución del oxígeno en las aguas del Lago de Valencia y la degradación progresiva de la materia orgánica existente, en detrimento de la calidad del agua y su uso para el consumo humano, el riego e incluso para el uso de carácter recreacional.

La crisis de agua más grande

“Estamos viviendo la crisis de agua más grande en la historia de este país”, señala Arocha con preocupación. “Se ha cometido el crimen ecológico más grande del mundo, donde el embalse de Cachinche, la principal fuente de abastecimiento de agua potable para las comunidades del Sistema Regional del Centro I, es también el receptor del 80% de las aguas que consumen los habitantes de la Gran Valencia”.

Debido a las condiciones del embalse Pao-Cachinche, que empeoraron con el trasvase del Lago de Valencia, la planta Alejo Zuloaga ahora opera a 18% de su capacidad instalada. Esto se traduce en que de los ocho mil litros de agua por segundo que puede procesar, suficientes para una población de dos millones 700 mil habitantes, ahora solo produce alrededor del mil 500 litros por segundo.

“Con el volumen de agua que está  procesando, no es capaz de cubrir la necesidad de los habitantes de los municipios de la Gran Valencia. No está en condiciones de garantizar el agua ni en calidad ni en cantidad. Hidrocentro cuando le manda el agua a Naguanagua, por ejemplo, se la tiene que quitar al resto de la ciudad”, expuso el ingeniero con 42 años de experiencia en la administración pública.

La potabilizadora Lucio Baldó Soulés, que sirve al Sistema Regional del Centro II abasteciendo a parte del estado Aragua y el Eje Oriental de Carabobo (Guacara, San Joaquín y Diego Ibarra), se encuentra prácticamente inoperativa por falta de mantenimiento preventivo y correctivo.

En cuanto a las aguas servidas de La Gran Valencia, sostiene, deberías estar siendo procesadas por las plantas de tratamiento de aguas residuales de Los Guayos y La Mariposa. Pero, la primera está completamente desmantelada y a la segunda apenas la comenzaron a reconstruir. “Lo cierto es que ninguna de las dos es capaz de procesar ni siquiera un litro de aguas negras por segundo”.

Planta Potabilizadora Lucio Baldó Soulés del Sistema Regional del Centro II. (Foto cortesía)

Fallas de calidad, cantidad y continuidad

Además de la mala calidad, en Carabobo también hay problemas de cantidad y continuidad del servicio de agua. Gran parte de las interrupciones registradas recientemente están asociadas a fallas del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Al verse comprometidas las subestaciones eléctricas en Carabobo y Aragua, que suministran la energía necesaria para el funcionamiento de las estaciones de bombeo en Pao-Cachinche y Pao-La Balsa, la distribución del líquido se hace imposible.

La paralización de las estaciones de bombeo de los acueductos del Sistema Regional del Centro I y II, que trabajan con energía eléctrica, afecta directamente a toda la Gran Valencia y el Eje Oriental de Carabobo, así como también a prácticamente 50% de los habitantes de Aragua. “Toda esa población, que supera los cuatro millones de habitantes, es la que se ve principalmente afectada por la carencia de agua”, dice Arocha.

Las soluciones planteadas por el gobierno regional no resuelven de fondo los problemas asociados al servicio del agua. En mayo el gobernador de la entidad carabobeña, Rafael Lacava, anunció la incorporación de 25 nuevos camiones cisterna para paliar las fallas del suministro de agua.

En junio Lacava apuntó que “más del 70% de los carabobeños” recibe en sus hogares agua de calidad cuestionable, que además es distribuida de forma irregular, debido a los trabajos inconclusos en la potabilizadora Alejo Zuloaga. Su propuesta fue invertir los recursos de la Corporación Andina de Fomento (CAF), que se encuentran bloqueados en un banco portugués, para incorporar nueva tecnología a la planta y así aumentar su capacidad.

Pero organizaciones como la que dirige el ingeniero Pérez Rodríguez rechazaron su planteamiento, por considerar que no servirá de nada invertir tiempo y recursos en la ampliación de la planta Alejo Zuloaga mientras no sean saneados los cursos de agua que van a parar al embalse Pao-Cachinche.

https://twitter.com/rafaellacava10/status/1260656675704299520?s=20

Repunte de enfermedades

La mala calidad del agua impacta gravemente en la salud de los carabobeños y vulnera sus derechos humanos. El acceso al líquido es un derecho fundamental para el pleno disfrute de la vida, considera Yuneci González, médico internista y docente de la Universidad de Carabobo.

González sostiene que una de las enfermedades que ha tenido mayor repunte a causa del agua que reciben por tuberías los carabobeños es la diarrea. Le sigue la escabiosis, que afecta la piel. Los sectores más golpeados son los de zonas vulnerables, donde además de un líquido en malas condiciones, hay hacinamiento y cúmulos de basura.

“El agua que nos llega es turbia, no es transparente, también tiene mal olor, no es apta para el consumo humano ni para el aseo personal, tampoco para los oficios del hogar”, refiere la también ex presidenta de la Sociedad Venezolana de Medicina Interna, capítulo Carabobo, quien asegura que en el estado se han disparados los casos de Amibiasis, Hepatitis A y Rotavirus, las dos últimas con escasez de vacunas en el país.

La presencia de metales pesados, radiaciones químicas, exposición de plaguicida, según la especialista, ha incidido en la proliferación del cáncer y fallas renales. Otro factor que pone en riesgo la salud es que, a consecuencia de la falta de agua, la ciudadanía opta por almacenar agua en baldes, donde tienden a proliferar hongos y bacterias.

A González también le preocupa que en medio de la crisis hospitalaria, se ha tomado el almacenamiento de agua como una práctica constante.

Las alarmas se encienden porque cuando el país atraviesa una crisis humanitaria compleja, sumado a la cuarentena por COVID-19, el agua que recibe la población y que es vital para prevenir el virus, no está apta para el consumo humano.

La escasez del líquido también hace que la pandemia sea enfrentada con pocos recursos. Ella imposibilita un lavado de mano eficiente, que elimine por completo las bacterias. “El COVID-19 en el país es aún más amenazante por nuestro sistema de salud precario. En los hospitales no llega agua. Puedes donar jabón pero no tienen agua”, dice González.

¿Hay solución?

La Fundación Movimiento por la Calidad del Agua plantea una solución al problema, dividida en tres etapas. La primera se basa en el saneamiento ambiental de cauces y canales pluviales que aportan sus aguas al río Paíto, que lleva sus aguas al embalse Pao-Cachinche. Para Pérez Rodríguez esto representa una prioridad. “Todas las aguas servidas de Naguanagua, Valencia y Libertador van a parar por gravedad al embalse. Además, debido a que la planta La Mariposa está  inoperativa, entonces no hay donde depurar las aguas”.

La segunda tiene como objetivo rehacer el humedal natural que formaban el río Cabriales y el caño La Yuca, el cual era conocido como “desparramadero El Paíto”. Allí se cumplía un proceso de mejoramiento de la calidad de las aguas transportadas por estos cursos de agua antes de seguir aguas abajo vía río Paíto hacia el Pao-Cachinche.

La tercera y última etapa consiste en interceptar todos los ríos carabobeños que drenan sus aguas directamente al Lago de Valencia mediante la construcción de una laguna de amortiguación de caudales pluviales por cada río, con su correspondiente descarga a canal perimetral norte y un canal perimetral sur, los cuales van a converger en Los Guayos.

Según Pérez Rodríguez, en el país existen los recursos humanos y tecnológicos para materializar esa propuesta. “Habiendo voluntad política y recursos financieros, nosotros estaríamos en capacidad de hacer esta primera etapa entre seis y ocho meses”, agrega. En principio, esto mejoraría sustancialmente la calidad del agua que entra a las potabilizadoras, reflejándose en lo que finalmente recibirían los ciudadanos en sus hogares.

Otra visión, un mismo esfuerzo

El Sistema Regional del Centro es un circuito cerrado de agua que evidencia mala calidad, pues presenta mal olor, color amarillento y hasta residuos. Nizar Richani, miembro del Colegio de Ingenieros del estado Carabobo, detalla que desde el embalse Pao-Cachinche, que es el reservorio de la potabilización del agua cruda, luego es enviada a la planta potabilizadora Alejo Zuloaga, para la revisión de las variables físico-químicas y que pueda ser considerada agua potable. Una vez bombeada a través del Sistema Regional I y II y el líquido es usado se convierte en aguas servidas, cuya disposición final llega a la cuenca del Lago de Valencia.

Richani es del criterio que una vez que se usa y se convierte en agua servida, debería iniciar el proceso de tratamiento en las plantas Los Guayos y La Mariposa. La idea es que tenga las condiciones mínimas antes de ser enviada a otros medios acuíferos como el Lago de Valencia.

El ingeniero reconoce, sin embargo, que esas plantas están completamente desmanteladas, lo que genera que el agua está llegando sin ningún tipo de saneamiento al Lago de Valencia. Esta agua afectada por el uso de los seres humanos, industrias y comercios, incide en la calidad del líquido que luego es trasvasado nuevamente al embalse de Pao-Cachinche para su reúso.

El ingeniero civil Gian Franco Morassutti, miembro de la Comisión de Agua del Colegio de Ingenieros del estado Carabobo, sostiene que el proyecto integral de soluciones definitivas del Lago de Valencia y obras complementarias, establece la construcción de túneles de reutilización de las aguas excedentes del Lago de Valencia hacia dos opciones: una en Trincheras, que abastecería al eje Trincheras-El Palito y el eje Puerto Cabello–Morón. También podría abastecer a la Refinería El Palito y Planta Centro.

La opción de Chirgua, en el Eje Occidental de Carabobo, sería utilizada para fines de riego de 60 mil hectáreas de tierras fértiles.

El proyecto también contempla la rehabilitación de las plantas de agua servidas La Mariposa, Los Guayos y Taguaguay (Aragua) y de potabilización como la Planta Alejo Zuloaga y Lucio Baldó Soulé.

Para el suministro de agua potable ambos ingenieros proponen un sistema interconectado con las plantas potabilizadoras de Aragua y Carabobo, con miras a solucionar la escasez de líquido. Estas obras son de bajo impacto ambiental, social y constructivo, pues no se requiere ejecutar expropiaciones, afectaciones de zonas urbanas y se evitan obstrucciones al tránsito vehicular y a los habitantes de zonas aledañas.

Entre las recomendaciones plantean que se decrete la emergencia sanitaria nacional de la cuenca del Lago de Valencia. Eso facilitará el control del nivel del lago, trasvasar sus aguas excedentes, así como tratar de manera óptima las aguas para su reúso.

El concepto de Cultura Hidráulica es otro planteamiento. La idea es crear conciencia y que los ciudadanos tengan conocimientos sencillos sobre usar, cuidar, modificar y transformar para beneficio de todos el agua en cualquiera de sus estados.

Mientras tanto, María Isabel y Amelia continúan recibiendo con resignación en sus hogares agua que está muy lejos de ser potable. Ninguna tiene esperanza de que la situación mejore. Una seguirá dejando un porcentaje importante de su sueldo en recargas de botellones, y la otra deberá mantenerse apegada a su rutina de ir por lo menos dos veces a la semana al pozo de la fundación para evitar poner en riesgo su salud.




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