Lenin Moreno, nuevo presidente del Ecuador. (Foto EFE)
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La aparente crisis en la Refinería Esmeraldas, la más importante de Ecuador, así como otras dificultades en el sector petrolero, generaron otro episodio en la pugna que mantienen el presidente del país, Lenín Moreno, con su correligionario y antecesor Rafael Correa.

Para Moreno, la situación heredada en esa refinería es, al menos, una gran “irresponsabilidad”, pues además de varios problemas técnicos detectados, se ha puesto en riesgo la integridad de los trabajadores de la planta.

“Qué lástima que el mal proceder de unos cuantos haya afectado a un sector que es un puntal para el desarrollo de la economía ecuatoriana”, declaró Moreno el martes en un acto público en la misma refinería donde reclamó, sin decir nombres, a “los sinvergüenzas que se han llevado la patria”.

Correa, que reside en Bruselas desde que entregó el poder a Moreno en mayo pasado, reaccionó de inmediato y en su cuenta de Twitter -el medio por el que sigue presente en la arena política nacional- recordó a su sucesor que él fue su vicepresidente en los primeros años de la década que estuvo en el poder (2007-2017).

“De ser cierto todo lo que dice, el incompetente y corrupto sería el propio presidente: SEIS años como vicepresidente y cuatro en Ginebra como delegado (de la ONU para discapacidades), y nunca se dio cuenta de tanto ‘desastre'”, escribió Correa.

El enfrentamiento verbal, uno más de la larga serie de choques que han tenido en los últimos dos meses, ha dejado perplejos a los militantes del movimiento oficialista Alianza País (AP) que, a modo simple, miran la pugna como el divorcio de una pareja que se creía fiel y unida.

Justamente, el bloque de AP en la Asamblea Nacional (Parlamento), analizó esta semana la crisis interna y decidió que una comisión integrada por el consejero presidencial Ricardo Patiño y la legisladora Gabriela Pazmiño viajaran a la capital belga para conversar con Correa.

El objetivo es tratar de zanjar la pugna interna, un cometido que Patiño admitió será “difícil” dado el nivel de confrontación entre los dos máximos líderes oficialistas.

Y es que tras conocerse de la misión, la Presidencia aclaró mediante un comunicado que la gestión no ha sido promovida por el presidente Moreno.

“El Presidente descarta que haya solicitado mediación o intervención alguna con una finalidad política partidista y ratifica que continúa ejecutando los ejes de su programa gubernamental”, puntualizó la Secretaría de Comunicación.

El desplazamiento de Patiño y Rivadeneira, “para mantener diálogos con un dirigente de la organización política corresponde a una iniciativa netamente particular y no a una acción o encargo del Gobierno”, precisó.

De su lado, Rivadeneira, secretaria ejecutiva de Alianza País, aclaró que su desplazamiento a Bruselas no tiene un carácter oficial ni busca mediar en la pugna, por lo que el Gobierno no tendría porqué desautorizarlo o avalarlo.

“Viajo a Bélgica, junto a compañeros, a reunirme con Rafael Correa. No es una ‘mediación’, es un encuentro con el máximo líder de la Revolución Ciudadana. No es un viaje oficial, por lo que al Gobierno no le corresponde ni avalarlo, ni desautorizarlo”.

Así escribió Rivadeneira en redes sociales, una de las principales ventanas en las que se ha ventilado la pugna entre Moreno y Correa, disputa que también se ha posicionado entre la militancia oficialista.

La también legisladora de AP Marcela Aguiñaga incluso ha llamado al Parlamento al ministro de Hidrocarburos, Carlos Pérez, para que explique su versión sobre la aparente “situación crítica” de la Refinería Esmeraldas, la más importante del país y que fue sometida a una repotenciación durante la administración de Correa.

Aunque Aguiñaga, afín a Correa, dijo no dudar de la versión de Pérez y Moreno, recordó que como legisladora tiene también el rol de fiscalizar a las autoridades, más aún cuando se ha anunciado que la planta de refinado podría parar su producción para entrar en reparación, lo que supondría un alto precio económico y político.

El oficialismo espera en ese sentido que salga humo blanco de las gestiones que varios de sus dirigentes adelantan para superar las diferencias internas y evitar una eventual ruptura en el movimiento político que ha gobernado Ecuador por más de una década y que tiene, con Moreno, otros cuatro años por delante.




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