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Dayrí Blanco|@DayriBlanco07

Se ve negra, pero es roja. La tinta ha cambiado en forma y fondo. Julián Arismendi lo sabe. Su decisión de eliminar la rutina dominical de lectura de cuatro periódicos es clara. La tomó al encontrarse con titulares en primera página que reflejaban la llegada de alimentos a muelles venezolanos como una gran noticia. Una realidad contraria a la que él, su familia y todo su entorno vive. Se dio cuenta de lo que estaba pasando en medio de una hegemonía comunicacional que intenta adueñarse de cada espacio.

Su camino de regreso a casa estuvo lleno de reflexión. Nunca había sido radical políticamente, pero esta vez no podía pagar por leer solo una versión de la historia, la que la gente con poder quiere difundir en su afán por esconder la verdad que le resulta incómoda. “Yo decido cómo informarme, no pueden obligarme”, se dijo mientras caminaba y se prometió no volver al quiosco hasta que tuviera nuevamente la oportunidad de elegir. Ha contado cuatro meses y no ha regresado.

Sofía Barboza mantiene su rutina. Es como un ritual ir leyendo periódico en el siempre incómodo asiento del autobús hasta el trabajo. “Lo hago porque me gusta mantenerme informada”, dijo al señalar la última página donde los sucesos son producto de un esfuerzo de maquillaje en el que se obvian hasta los tradicionales conteos de homicidios de cada mes. Es un registro que ya no lee. Es una noticia extinguida. Se percató del asunto y solo pudo decir “entonces estoy leyendo puras mentiras”.

Ya no hay colores que pinten matices distintos en las líneas editoriales. Sucede en los principales estados del país como Carabobo y Falcón. En el segundo, desde hace 123 días los lectores del Diario La Mañana ya no van al quiosco. No fue su decisión. Fue del Gobierno al vender papel prensa de manera discrecional a través del Complejo Editorial Alfredo Maneiro (CEAM). “Aquí, como en Carabobo, ya no hay periódicos independientes,  la diferencia es que aquí los que circulan son medios inventados por el oficialismo y allá compraron uno y dejaron sin papel al único que se mantenía firme”, relató Atilio Yánez Plaza, el director de La Mañana, que sobrevive en su versión digital.

UNA DÉCADA LETAL

En la redacción del que fue el rotativo líder en Coro y Punto Fijo por 64 años siguen trabajando. La única diferencia es que las informaciones que se producen no se leen en papel. El personal ya está acostumbrado al acoso. “Ha sido programado por años. La última década ha sido letal”.

El primer mecanismo de presión aplicado fue el “cerco económico”. En Falcón no hay parque industrial que mueva el mercado publicitario. 70% de los anuncios en prensa depende de instituciones gubernamentales que, por política, no compran espacios en medios críticos a su gestión.

Lo siguiente fueron las demandas judiciales. “Una vez nos mandaron a juicio por publicar fotos en las páginas de sucesos. Apelamos. Y lo único que pasó fue que nos impusieron una cuantiosa multa”. Eso también fue superado. Después se prohibió el acceso de periodistas del medio a actos oficiales del Gobierno “solo por temor a preguntas incómodas”. Y por último se les ha negado desde marzo la compra de papel.

UN NEGOCIO INSOSTENIBLE

Wismar Marval recuerda muy bien cuándo empezó todo. “Hace más de un año”, dijo con el lamento matizando cada una de sus palabras. Él está preocupado. Es obvio que nada anda bien en el Diario La Costa de Puerto Cabello. Como director ha vivido de cerca la crisis que se ha traducido en recortes de paginación, circulación y personal. No hay dudas que el negocio se ha vuelto insostenible.

El mecanismo de trabajo cambió. Manuela Acevedo no es experta en medios. De hecho, no sabe nada al respecto. Ella solo es una “fiel lectora”, como se autodescribe, y pudo deducir fácilmente que había problemas en la empresa editora. Lo supo un fin de semana. Fue el sábado al quiosco y le dijeron que no había llegado el periódico. Al día siguiente tuvo la misma respuesta.

Para ahorrar papel y reducir costos en el pago de bonos a la nómina, la gerencia decidió circular solo de lunes a viernes. A ese recorte se sumó el de la paginación al imprimir solo 24 páginas de martes a jueves y 32 los lunes y viernes. La circulación también ha pasado por la cirugía obligada de la crisis en el Diario La Costa al colocar en el mercado solo 10 mil ejemplares de los 20 mil que vendían al día. La cantidad de personal se ha reducido en un 50%.

Es una batalla por la sobrevivencia, sentenció Marval y se quedó sin palabras por unos segundos. No ha sido fácil. La situación promete ponerse peor. “No sabemos cómo asumiremos el nuevo incremento salarial. Es muy fuerte para nosotros”.

PAPEL PARA ALGUNOS

Desde la entrada del Diario La Mañana es muy fácil observar la verdad pintada de rojo. Llega puntual una vez al mes. Es una gandola cargada de bobinas enviada directamente desde los almacenes del CEAM a dos medios de divulgación partidista del Gobierno, cuyas instalaciones quedan a dos cuadras del asfixiado impreso dirigido por Yánez, quien aún espera por el despacho prometido para abril.

El 17 de marzo la libertad de expresión era un sorbo inhalado en el diario La Mañana con las bobinas que llegaron finalmente. En la rotativa de El Carabobeño era un último aliento. Ese día se imprimió la edición 29 mil 362, que después de 82 años de historia, marcó la paralización por escasez de papel. En Punto Fijo la historia no tardó en repetirse. “Hugo Cabezas es un farsante. Él me dijo frente a un centenar de directores de periódicos del país, a finales de febrero, que no permitiría que ningún medio saliera de circulación. Y ya tenemos cuatro meses con los inventarios de papel en cero”.

En el Diario La Costa de Puerto Cabello no se ha dejado de recibir materia prima. Pero esto no significa una buena noticia. En 75% cayó el suministro en esa empresa al pasar de 160 a 40 bobinas al mes.

LA NEGOCIACIÓN IMPOSIBLE

La política de hegemonía comunicacional instaurada por el Ejecutivo no tiene límites. En el sur del país también se ha puesto de manifiesto. Ahí hay un bastión del periodismo que se negó a negociar y ha pagado un precio alto que se mide en el tamaño de la publicación y su periodicidad.

Pese a todas las trabas judiciales y del monopolio estatal en la venta de papel, Correo de Caroní sigue circulando. Pero ya no es un diario, sino un semanario que se lee en tabloide y no en estándar de cuatro cuerpos. Han sido varios los cambios que ha tenido que asumir la gerencia para adaptarse a la circunstancia impuesta por la negativa de ser parte de la cartera de clientes de CEAM.

Nunca hicieron ni un primer acercamiento con esa corporación. “Entendimos que eso contrariaba los principios del libre mercado y validaba la censura previa, lo hemos visto con medios a los que les despachan si se portan bien, y a los que publican informaciones adversas al Gobierno los dejan morir”, relató Oscar Murillo, jefe de redacción de Correo de Caroní.

En Nueva Prensa de Guayana la historia ha sido otra. “Aquí no hay otro ente al que se le pueda comprar los insumos. Estamos atados al CEAM”, cuestionó Bladimir Martínez, editor del diario, para quien es evidente que la línea editorial parcializada es lo que ha favorecido a los otros seis rotativos que reciben papel sin problemas en Bolívar.

El 21 de julio se publicó la última edición de ese medio antes de la segunda paralización que enfrenta en 2016. Un mes atrás habían estado 28 días sin circular. Les enviaron 30 bobinas que se agotaron. Aún no hay respuesta oficial, igual que en la mayoría de los casos. Lectores de Cojedes, Anzoátegui, Nueva Esparta, Caracas, Portuguesa, Sucre, Monagas, Barinas, Delta Amacuro, Zulia, Bolívar y Carabobo han dejado de ir a los quioscos. Tomaron la decisión de Julián Arismendi al resistirse a párrafos impuestos por una realidad ajena a la que viven, esa que solo privilegia a quienes desde el poder manejan una hegemonía comunicacional que pinta de rojo la tinta de los periódicos del país.

TEMOR AL PODER MORAL

David Natera no tiene miedo. Él cumple sentencia de cuatro años de arresto en su residencia solo por ser el editor y presidente del diario que develó un hecho de corrupción que involucra a aliados del Ejecutivo. “Los que están en el Gobierno sí tienen miedo. Le temen al poder moral que ejercen los medios, los pocos que aún quedan”.

Para él, lo que sucede con los periódicos en el país no es más que la consecuencia de la aplicación del proyecto cubano. “Ningún régimen comunista permanece cuando el pueblo tiene acceso libre a la información. Por eso los que aún circulan sin ningún tipo de problema son los que se han entregado al régimen, han vendido su conciencia, son una vergüenza”, expresó quien aún se presenta como editor de Correo del Caroní y presidente del Bloque de Prensa.

HEGEMONÍA EN DATOS

Trece medios impresos han dejado de circular desde 2013. Seis apagaron sus rotativas en 2016. Salieron de circulación en 2013, Diario La Opinión de Cojedes; 2014, Primera Hora de Caracas y Revista EME de El Nacional. En 2015 cerraron sus puertas: Diario Antorcha de Anzoátegui, El Propio (Caracas) y Diario Caribe de Nueva Esparta y en 2016: Diario La Costa de Falcón, La Mañana de Falcón, Periódico de Occidente de Portuguesa, Diario de Sucre, El Carabobeño, el suplemento La Prensa de Monagas y Nueva Prensa de Guayana. Once periódicos salieron de circulación momentáneamente. En 34 meses, unos 48 impresos de 16 estados denunciaron dificultades para adquirir el papel y otros insumos. Dieciocho medios de ocho estados no circularon en Semana Santa para ahorrar papel.

LA NEGOCIACIÓN IMPOSIBLE

El Correo del Caroní es un bastión del periodismo que se negó a negociar y ha pagado un precio alto que se mide en el tamaño de la publicación y su periodicidad.

Pese a todas las trabas judiciales y del monopolio estatal en la venta de papel, Correo del Caroní sigue circulando. Pero ya no es un diario, sino un semanario que se lee en tabloide y no en estándar de cuatro cuerpos. Nunca hicieron ni un primer acercamiento con esa corporación. “Entendimos que eso contrariaba los principios del libre mercado y validaba la censura previa, lo hemos visto con medios a los que les despachan si se portan bien, y a los que publican informaciones adversas al Gobierno los dejan morir”, relató Oscar Murillo, jefe de redacción de Correo del Caroní.

En Nueva Prensa de Guayana la historia ha sido otra. “Aquí no hay otro ente al que se le pueda comprar los insumos. Estamos atados al CEAM”, cuestionó Bladimir Martínez, editor del diario, para quien es evidente que la línea editorial parcializada es lo que ha favorecido a los otros seis rotativos que reciben papel sin problemas en Bolívar.

El 21 de julio se publicó la última edición de ese medio antes de la segunda paralización que enfrenta en 2016. Un mes atrás habían estado 28 días sin circular. Les enviaron 30 bobinas que se agotaron. Aún no hay respuesta oficial, igual que en la mayoría de los casos. Lectores de Cojedes, Anzoátegui, Nueva Esparta, Caracas, Portuguesa, Sucre, Monagas, Barinas, Delta Amacuro, Zulia, Bolívar y Carabobo han dejado de ir a los quioscos. Tomaron la decisión de Julián Arismendi al resistirse a párrafos impuestos por una realidad ajena a la que viven, esa que solo privilegia a quienes desde el poder manejan una hegemonía comunicacional que pinta de rojo la tinta de los periódicos del país.

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