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Las madres de las víctimas aún no encuentran justicia por sus hijos. (Foto Andrews Abreu)

Ana Rodríguez Brazón || arodriguez@el-carabobeno.com

Hace diez meses miles de venezolanos salieron a las calles a expresar su descontento por las políticas del Gobierno de Nicolás Maduro. En Carabobo la gente no se quedó atrás y el 12 de febrero se volcaron a exigir seguridad, abastecimiento y mejores condiciones de vida. Los días corrieron y aumentó la violencia, que terminó con ocho muertos en el estado, que se sumaron a los 35 que hubo en todo el país. Las manifestaciones finalizaron pero hasta ahora las familias de las víctimas esperan por la justicia, pues aún no hay sentencias por los asesinatos.

Génesis Carmona, Geraldin Moreno, Giovanni Pantoja, Ramsor Bracho, Jesús Acosta, Guillermo Sánchez, Argenis Hernández y Mariana Ceballos, murieron en los enfrentamientos entre civiles y cuerpos de seguridad o por agresiones de presuntos colectivos. La violencia no distinguió entre manifestantes, espectadores o uniformados. A todos, menos a Ceballos, quien fue arrollada, las balas les quitaron la vida.

Días antes de comenzar las manifestaciones, las personas protestaron en apoyo a la prensa escrita para exigir papel periódico. Desde la sede de El Carabobeño caminaron por la avenida Universidad para exigir libertad de expresión y el insumo para El Diario del Centro.

Las jornadas poco a poco fueron sumando a más carabobeños, pero con el paso de los días los ánimos fueron alterándose. El mismo 12 la marcha convocada por sectores opositores terminó en la avenida Rojas Queipo y el profesor de la Universidad de Carabobo, Pablo Aure, insistió en que el recorrido había concluido e instó a los participantes a regresar a sus hogares. “No me hago responsable de las decisiones tomadas por los jóvenes. La convocatoria fue sólo hasta la Rojas Queipo”. Sin embargo líderes estudiantiles insistieron en una nueva ruta para trancar el Distribuidor de Las Chimeneas.

Según información reseñada por El Carabobeño, a las 5 pm fueron asaltadas dos maquinarias asfaltadoras y un camión cargado de asfalto líquido fue incendiado. Hasta las 7 pm la Guardia Nacional no había acudido, sólo hubo patrullaje de la Policía de Carabobo y de Valencia en los puntos de acceso. La concentración permaneció pasadas las 9 pm. Ese 12 de febrero, Día de La Juventud, en Caracas hubo tres muertos .

Al día siguiente la ciudad amaneció militarizada y con el paso de las horas, los cuerpos de seguridad pusieron en práctica el uso progresivo de la fuerza en contra de los manifestantes.

Comenzaron a surgir las denuncias de tortura a los detenidos. Madres llorando por sus hijos presos y golpeados y familias desesperadas por las barricadas que impidieron ir al médico, trabajo o escuela. El odio se apoderó de muchas urbanizaciones, donde un enfermo parecía no era más importante que una pila de escombros.

EL CONTRAATAQUE FULMINANTE

En Carabobo no había víctimas fatales, solo heridos y agredidos. El 17 de febrero el gobernador Francisco Ameliach publicó un tuit llamando a sus seguidores a un “contraataque fulminante”. Por casualidad o no, al día siguiente hubo nueve heridos en la avenida Cedeño, entre ellos Génesis Carmona.

Ameliach pidió unas horas más tarde, también por Twitter, una investigación del Ministerio Público por los hechos de violencia ocurridos, refiriéndose a los ataques que sufrió la casa del partido oficialista.

Ese 18 en Caracas, Leopoldo López, coordinador de Voluntad Popular, acompañado por miles de venezolanos en la Plaza José Martí de Chacaíto, fue privado de libertad tras ser acusado por los delitos de daños e incendio a edificación pública en grado de determinador, asociación para delinquir e instigación pública.

Las horas corrieron en medio de la angustia. El 19 Carmona murió. El 20 hirieron cuando estaba en Tazajal, a Geraldín Moreno, el 22 falleció.

Hasta el 20 de febrero se contabilizaron 20 periodistas agredidos y 11 detenidos en todo el país. Hasta el 23 iban 539 personas detenidas a nivel nacional.

Marvinia Jiménez y Juan Manuel Carrasco fueron agredidos. La primera en público en la avenida principal de La Isabelica, cuando una efectivo de la Guardia Nacional la golpeó hasta la saciedad. El segundo en privado, con un fusil.

El 12 de marzo murió Jesús Acosta y Guillermo Sánchez en La Isabelica. Grupos armados identificados como colectivos arremetieron contra ambos , a pesar que no estaban manifestando. También murió Ramsor Bracho (GNB) pero en Mañongo.

Diez días después, falleció Argenis Hernández en San Diego. Luego de una larga agonía, el 10 de abril murió Mariana Ceballos, arrollada en Prebo.

Con un país sumido en manifestaciones, bombas lacrimógenas, perdigones, torturas, privaciones de libertad y muertos, el 24 de abril el Tribunal Supremo de Justicia restringe el derecho a la protesta.

IMPUNIDAD COMO NORTE

Los fallecidos se fueron luchando por un mejor país. Sus familias no han encontrado la justicia y aún lloran, desde el silencio o a través de apariciones en los medios, esperan por que acabe la impunidad.

Del caso Génesis Carmona no se conocieron nunca implicados, a pesar de los videos que recorren las redes sociales donde se observan hombres vestidos de rojo disparando. El 6 de mayo fueron privados de libertad dos GNB por la muerte de Moreno. Sin esposas y con privilegios llegaron al Palacio de Justicia.

Para el vicepresidente del Colegio de Abogados, Alfonso Granadillo, “la impunidad sigue siendo el norte en la justicia venezolana”. Recordó que a diez meses de las manifestaciones no hay sentencias para los culpables de las muertes y el dolor de los familiares.

Granadillo lamentó que los cuerpos de seguridad se hayan excedido con las armas de la República y pidió al Gobierno una muestra de humanidad en esta época donde el país quiere paz, donde las madres esperan por la liberación de sus hijos. “No hay sentencias por los responsables de los excesos ocurridos”.




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