Soy gaitera. Una valenciana nacida en Caracas que ama la gaita con pasión. Siempre lo repito con orgullo, porque ser gaitera en el centro del país es casi un acto de rebeldía, y cargar ese sentimiento es mi mayor tesoro.
Hace cincuenta y cuatro años conocí a Jesús “El Chúo” Rodríguez. Yo era la única mujer en “Los Vocalistas de la Gaita”, grupo dirigido por Luis Escalante donde compartía con compañeros de lujo como Álvaro Granadillo, Felipe Gómez, Moncho y Bernardo Vásquez, Frank Zapata y un muchachito que se convertiría en mi hermano de vida, el genio musical Mijandro Pérez.
Un día me llevaron a conocer a un grupo maracucho residenciado en Valencia llamado “Ondas del Lago” y quedé fascinada. El tamborero era Pablito Grey —quien luego haría historia con Rincón Morales y el tema "Orinoco"—, pero el charrasquero era Jesús Rodríguez. "Chúo" para los íntimos, era la mejor charrasca que había visto en mi vida. Mijandro y yo lo bombardeamos a preguntas esa noche; queríamos absorber cada secreto de su estilo.
Aquel Chúo, nacido en La Cañada del Carmelo —tierra de Rafael Urdaneta—, más maracucho imposible, también se hizo valenciano tras adoptar esta tierra por décadas. Siempre afirma que la gaita lo escogió a él. Su talento lo llevó a tocar con Lila Morillo y su familia allá en Maracaibo. Con ellos viajó a Caracas y fue el furrero Baldomero Nava, “El Banano”, quien lo conectó con Betulio Medina. Terminaron siendo quince maracuchos quienes conformaban el grupo. De esa unión nació Maracaibo 15, bautizado así por Betulio. Al principio se opuso el mismo Chúo, pero Renny Ottolina presentó en su show al maravilloso grupo argentino “Buenos Aires 8” y Betulio dijo: “¿Y por qué nosotros no podemos ser Maracaibo 15?”. Así nació uno de los grupos más emblemáticos de nuestra historia.
Cuando llegaron las elecciones del 73, mis padres, que ya no eran copeyanos y querían apoyar a Carlos Andrés Pérez —porque era el tío de mi tío político Jaime Daza Pérez— me pidieron que votara por él. Recuerdo las reuniones en casa de los Giménez Bolaños con un mujerero simpatiquísimo, cuando decidieron hacer un grupo gaitero de mujeres que se llamaría “Las MINCAP” (Movimiento Independiente Carlos Andrés Pérez). Ahí la cosa empezó a gustarme más. La directora era Surama Nazar, una de las mejores voces de Valencia, y entre las organizadoras estaba Conchita Gallo, por lo que su hija Rebeca, con un talento musical enorme, estaría en el grupo. También estaban Adriana Salzano, Meche Malpica, María Adela Raidi, Raquel Rodríguez y muchas otras que ahora no recuerdo, pero que llevo en el corazón.
Los años pasaron y Chúo jamás salió de mi vida. En un viaje a Caracas con amigos de la Coral Filarmónica —entre ellos María Elena Font y su hermano Enrique, Zaida Ramírez, Luis Guaguancó González y Alicita Caffroni— fuimos al local de Maracaibo 15 que creo que quedaba en La Floresta. Allí estaba él, pero con un nuevo apodo: “Saltaperico”. Un gaitero famoso, al ver su actitud incansable y servicial, le había dicho: “Vos sois un saltaperico”. Con ese nombre se quedó para siempre.
Su lealtad era tal que, en 1983, cuando mis amigas me organizaron mi despedida de soltera, el único hombre que asistió fue él. Todavía no sé cómo se enteró, pero ahí estaba.
Pocos saben que Chúo no solo tocaba, sino que compone y arregla. Ricardo Portillo, en agradecimiento por haberle insistido a Betulio que montaran el tema “Amparito” y por su brillante arreglo musical, le otorgó una buena parte de los derechos de autor, considerándolo como tal.
Hoy, sin embargo, nuestro querido "Saltaperico" nos necesita. Recientemente, en el marco de la Macrogaita celebrada en la Asociación de Ganaderos, mi hermano Luis "Guaguancó" González y yo fuimos testigos de un hermoso y apretado abrazo de reencuentro entre Gustavo Aguado y Chúo. Lamentablemente, al terminar el show, un perro de gran fuerza lo tumbó para demostrarle cariño, causándole una fuerte lesión en la cadera.
Le han indicado reposo absoluto. Chúo vive solo y no tiene quién lo cuide. Además, desde que dejó “Maracaibo 15” se ha dedicado a la docencia, un oficio que sabemos que en nuestro país está muy mal remunerado, a pesar de que en ese colegio lo quieren muchísimo y está bien tratado. Debo aclarar que su casa no se cayó con los recientes terremotos, es decir, no es una víctima de los movimientos telúricos sufridos, pero Chúo no puede cubrir sus gastos médicos ni de cuidado.
La gaita siempre le dio abrazos a Chúo. Ahora él necesita que se los devolvamos. Si quieren ayudarlo, escríbanle a chuosaltapericorodriguez@gmail.com y coordinen con él la manera de hacerlo. Un mensaje, una visita, un aporte: todo suma. No dejemos que 'Saltaperico' salte solo.
Anamaría Correa




