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Con funcionarios desplegados y equipos anti motines listos, no hubo tiempo para negociación. (Foto César Pérez)

Luis Alejandro Borrero || lborrero@el-carabobeno.com

Llegaron temprano al centro de Maracay para preparar sus tarantines. Parecía un día normal. Los buhoneros dedicados a la venta de frutas, hortalizas y legumbres se consiguieron con una sorpresa: decenas de policías. “Nos están desalojando a la fuerza”, denunció el vocero Reinaldo Solís.

Establecidos desde hace más de 20 años, hay unos 260 comerciantes censados. En las calles Santos Michelena y Vargas se ganan la vida. “Somos conscientes que teníamos que ser reubicados, la gente necesita sus espacios”, agregó.

Siete años atrás comenzaron negociaciones para sacar a los vendedores de las calles. Con la llegada del alcalde de Girardot, Pedro Bastidas, se prometió una transición digna y beneficiosa para ciudadanos y buhoneros. “Estamos siendo atropellados”, reclamó el dirigente este miércoles.

Funcionarios de la policía municipal tomaron el centro de la ciudad. Acordonaron las calles. Hubo presencia de escuadrones anti motín. Se les ordenó a los comerciantes recoger sus cestas y productos, pues serían reubicados: no se cumplieron los acuerdos, condenó Solís.

Un mercado construido por el ayuntamiento en el bulevar Pérez Almarza sería el destino. No nos podemos mudar aún, denunció el declarante. La razón: no están las condiciones mínimas de habitabilidad. Queremos la presencia del alcalde para que nos explique qué pasó con lo acordado, refutó.

En el mercado caben apenas 68 puestos. Significa que el 73% de los comerciantes quedaría por fuera: en la vía pública. No están de acuerdo, pues el consenso primario era la reubicación cuando al menos dos mercados estuvieran listos, no uno solo. “No podemos quedar unos en la calle y otros en el mercado”.

Ante la autoridad no hubo cómo mediar. Fueron forzados a desalojar las calles, lo que generó desasosiego, decepción y zozobra en los afectados. Con lágrimas, las mujeres y voceras pedían explicación. Otros se organizaban en pequeños grupos para decidir próximas acciones.

La medida es el resultado de la improvisación, opinó Solís. El ayuntamiento fue incapaz de cumplir sus partes del acuerdo de reubicación. Las fechas de entrega se agotan: la promesa de una ciudad libre de buhoneros sigue pendiente. “Las cosas tienen que ser bien hechas”.

Exigieron negociación. Los afectados pidieron reunirse con el burgomaestre Bastidas. Su objetivo es salir de la incomodidad de ser vendedores ambulantes, pero en condiciones dignas. “No somos animales ¡Somos humanos!”.




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