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(Foto Archivo)

AFP

La ciudad china de Guiyu, que recibe basura electrónica de todo el mundo para reprocesarla, da trabajo a decenas de miles de personas, con un costo medioambiental sumamente alto.

La contaminación con metales pesados ha vuelto tóxicos el aire y el agua y los niños tienen altos niveles de plomo en la sangre, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Médica de Shantou.

“Antes, la basura se nos enviaba de otras partes del mundo hacia China. Esa era la principal fuente (de residuos) y el principal problema”, dijo Ma Jun, director de una de las principales ONG ecologistas, el Instituto de Asuntos Públicos y Ambientales.

“Pero ahora, China se ha convertido en una potencia consumidora por sí sola”, agregó.

“Pienso que tenemos 1.100 millones de teléfonos celulares usados y la vida de estos aparatos es cada vez más corta”, afirmó. “Esto va a plantear un gran problema”, añadió.

China genera unos seis millones de toneladas de desechos electrónicos al año, Estados Unidos 7,2 millones y el mundo entero 48,8 millones, según datos de la ONU.

En Guiyu, la capital del reciclaje tecnológica de China, esta industria da trabajo al menos a 80.000 residentes de esta ciudad de 130.000 habitantes.

En un depósito mal iluminado, montones de controles remotos cubren el suelo. Mujeres sentadas en taburetes de plástico abren los aparatos electrónicos como si fueran ostras buscando el sistema de circuitos.

En una callejuela, unos cientos de metros más lejos, un padre y su hijo, originarios de una lejana provincia, lavan microchips en recipientes de plástico, mientras hombres descargan con una pala teléfonos viejos y teclados de computadoras de un camión.

Cada año la ciudad procesa más de 1,6 millones de toneladas de basura tecnológica, generando ingresos por valor de 600 millones de dólares anuales, lo que atrae migrantes de todas partes de China.

Pero esta actividad es muy irregular y tiene un alto costo medioambiental. Los residuos resultantes se arrojan en un río cercano y el aire está saturado con el humo de la combustión de plásticos, químicos y circuitos.

“La gente considera que no hay que permitir que esto siga”, estimó Leo Chen, un empleado del sector de las finanzas de 28 años que creció en Guiyu.

“Según recuerdo, delante de mi casa había un río. Era verde y el agua era bonita y clara”, agregó. “Ahora es negra”, lamentó.

Lai Yun, un investigador de Greenpeace que ha visitado Guiyu en varias oportunidades, afirma que el gobierno chino ha reforzado la legislación para proteger el medio ambiente, pero que luego las normas vigentes no se aplican con rigor.

El gobierno de Pekín considera que en ningún caso se puede obstaculizar el desarrollo.

“Desde el punto de vista del gobierno, recoger los residuos electrónicos y procesarlos es importante para la economía local”, declaró Lai.

“Según estudios, 80% de los hogares participan en esta actividad. Por ende, si no desarrolla esta industria, estos habitantes necesitarán otro tipo de trabajo”, agregó.




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